Morí atragantándome con unos tacos al pastor mientras leía una novela de reencarnación.
Renací como la villana.
Y ahora… voy a conquistar a mi prometido, a mi papucho villano.
—ACTUALIZACIÓN DIARIA—
NovelToon tiene autorización de Ruczca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 19
Me quité la ropa lentamente.
Primero la bata.
Luego…
la ropa interior.
Esa.
La que no era mía.
La que él me había puesto.
La dejé a un lado, junto con el resto.
Y quedé frente al espejo.
En silencio.
Mi reflejo me devolvió la mirada.
Y entonces lo vi.
Marcas.
Varias.
Distribuidas por mi piel.
Rojas.
Evidentes.
Imposibles de ignorar.
Mi respiración se detuvo por un segundo.
—…no puede ser —murmuré, completamente roja.
¡ME MARCÓ EN TODAS PARTES!
Levanté una mano… dudando.
Sin atreverme del todo.
Pero cuando mis dedos rozaron una de ellas—
un escalofrío me recorrió completa.
Mi cuerpo reaccionó de inmediato.
Traicionero.
Recordando.
El calor.
La cercanía.
Su voz.
Su forma de tocarme—
—¡NO! —me cubrí el rostro de golpe—. ¡No pienses en él!
¡Si sigo pensando en él me teletransportare!
Respiré hondo.
Una vez.
Dos.
Forzándome a calmarme.
—Concéntrate… —murmuré—. Concéntrate.
Esto no podía seguir así.
No.
Definitivamente no.
Tenía que hacer algo.
Pensar en otra cosa.
Moverme.
Decidí lo más lógico.
El baño.
Sí.
Baño.
Agua fría.
Vida normal.
Nada de generales peligrosos.
Nada de pensamientos indebidos.
Nada de—
Cerré los ojos.
Me concentré.
Y me teletransporté.
El aire cambió.
El sonido.
El espacio.
Y desaparecí.
......................
Un segundo después—
la habitación volvió a sentirse… ocupada.
Ramsés apareció.
Silencioso.
Imponente.
Su mirada recorrió el lugar de inmediato.
La cama.
Vacía.
Las sábanas apenas alteradas.
El sillón.
La ropa.
Doblada.
Ordenada.
Abandonada.
Silencio.
Algo en su expresión… cambió.
Lo que antes había sido calma…
incluso algo cercano a la satisfacción…
se desvaneció.
Reemplazado por algo más.
Frío.
Oscuro.
Peligroso.
Su mandíbula se tensó.
Sus ojos se endurecieron.
—…te fuiste —murmuró, bajo.
No era sorpresa.
Era afirmación.
Avanzó un paso.
Lento.
Controlado.
Pero cada movimiento suyo cargaba algo pesado.
Algo contenido.
Miró la ropa.
La reconoció.
Por supuesto que la reconoció.
Un destello peligroso cruzó su mirada.
—Ya eres mía… —su voz bajó, más grave.
Más oscura.
Más… amenazante.
El aire a su alrededor pareció tensarse.
—…y aun así…
Silencio.
Un segundo.
Dos.
—¿vas a buscar a otro hombre?
Su tono no subió.
No gritó.
No lo necesitaba.
Eso lo hacía peor.
Mucho peor.
Su mano se cerró con fuerza.
Y en ese instante—
una esfera de cristal apareció en su palma.
Dentro…
una rosa.
Perfecta.
Intacta.
Brillando suavemente.
La observó.
En silencio.
Su mirada… ilegible.
Y entonces—
CRACK
El cristal se rompió en su mano.
Sin esfuerzo.
Sin vacilar.
Los fragmentos no cayeron.
No quedaron.
Simplemente…
se desvanecieron.
Como si nunca hubieran existido.
El brillo desapareció.
La rosa…
también.
Y el silencio que quedó…
fue peor que cualquier grito.
......................
Mientras tanto… Anastasia.
Al teletransportarme—
aparecí dentro de la tina.
—¿¡EH?!
El agua caliente me envolvió de golpe.
El vapor ya llenaba el baño.
La tina estaba completamente preparada.
Lista.
Eso solo significaba una cosa.
—…no estoy sola —murmuré, congelándome.
Mi cerebro tardó un segundo en procesarlo.
Grave error.
Porque cuando reaccioné… ya era tarde.
Intenté girarme.
Rápido.
Pero mi equilibrio falló.
—¡AH!
Resbalé.
Y caí hacia adelante—
directo contra alguien.
Mis manos se apoyaron por instinto.
Firme.
Demasiado firme.
Mi cerebro hizo click.
Eso no es la tina.
Parpadeé.
Bajé la mirada apenas—
y vi.
Músculos.
Pectorales.
Definidos.
Calientes.
Reales.
Demasiado reales.
—…
—…¿…?
Levanté la vista lentamente, completamente roja.
Muy lentamente.
Y entonces—
lo vi.
Un hombre.
Enmascarado.
Imponente.
Demasiado cerca.
Demasiado… él.
Mi cerebro dejó de funcionar.
—…
—…NO PUEDE SER.
¡ES MI VILLANO, MI PAPUCHO!—Pense.
Mis ojos se abrieron como platos.
—¡¡AHHH!!
Me alejé de golpe, chapoteando el agua por todos lados.
—¡¡¿QUÉ HACES AQUÍ?!!
—¡¡¿POR QUÉ ESTÁS AQUÍ?!!
Mi cara estaba completamente roja.
Mi dignidad… inexistente.
—¡¡ESTO ES LO MÁS VERGONZOSO QUE ME HA PASADO EN MI VIDA!!
Lo señalé temblando.
—¡¿DESDE CUÁNDO EXISTEN ESTAS SITUACIONES?! —grité— ¡¡ESTO NO ESTABA EN EL MANUAL!!
Mi villano no respondió de inmediato.
Se había quedado completamente quieto.
Observandome.
Y luego—
giró ligeramente el rostro.
Cubriéndose la boca con la mano.
Sus orejas…
rojas.
Su rostro…
también.
Silencio.
—…
—…
—…¿tú también estás avergonzado? —murmuré, confundida.
Eso…
no me lo esperaba.
Mucho menos de él.
—No mires —dijo finalmente, con voz baja, desviando la mirada.
—¡¿NO MIRE?! —exploté— ¡¡EL QUE ESTÁ MIRANDO ERES TÚ!!
Aunque no me molesta si eres tú…
—No estoy mirando —respondió seco.
—¡¡MENTIRA!!
—No directamente.
—¡¡ESO NO AYUDA!!
Me hundí más en el agua de golpe.
—¡¡NO TE ACERQUES!!
—No me estoy moviendo.
—¡¡NO RESPIRES!!
—Eso no es posible.
—¡¡PUES INTÉNTALO!!
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y entonces—
—…¿por qué estás aquí? —preguntó él finalmente.
Mi cerebro hizo cortocircuito.
—¡YO...! —respondí avergonzada— ¡¡SOLO QUERÍA BAÑARME!!
Lo señalé acusadora.
—¡¡TÚ ERES EL PROBLEMA!!
—Este es mi baño.
—…
—…
—…ah.
Silencio incómodo.
Muy incómodo.
—…entonces el problema soy yo —murmuré.
Me tapé la cara con ambas manos.
Perfecto.
Genial.
Magnífico.
¡AHHH!
¡ES EL BAÑO DE MI VILLANO!
Hice una pausa.
Y luego lo miré entre los dedos.
—…no le digas a nadie —dije rápidamente.
Él no respondió.
Pero su mirada…
había cambiado.
Menos fría.
Más… interesada.
Eso fue suficiente para que mi cerebro tomara la peor… o mejor dicho, la mejor decisión posible.
—…ya qué —murmuré.
Y entonces—
me lancé sobre él.
—¡¿QUÉ—?!
Lo besé.
Torpe.
Rápido.
Sin pensar.
Como si así pudiera borrar la vergüenza… o empeorarla.
Definitivamente lo segundo.
Él se tensó de inmediato.
Intentó detenerme.
—¡Espera—!
Pero yo ya había perdido toda la cordura.
Me aferré a él, bajando apenas hacia su cuello—
y lo besé.
Un segundo.
Solo uno.
Pero suficiente.
Porque lo sentí estremecerse.
Leve.
Pero real.
Eso me congeló.
—…
Grave.
Gravísimo error.
Porque en ese instante—
él reaccionó.
Tomó mis brazos con firmeza y me separó de golpe.
No brusco.
Pero sí definitivo.
—¿Qué haces? —dijo, serio.
Muy serio.
Su mirada había cambiado.
Ya no había vergüenza.
Había… control.
Y algo más.
Algo contenido.
—Eres una señorita.
Sus palabras me golpearon más de lo esperado.
Mi cara volvió a arder.
Abrí la boca para responder—
Pero entonces lo dijo.
Más bajo.
Casi para sí mismo.
—Y ya no… estamos comprometidos.
Silencio.
El mundo se detuvo.
—…¿Y qué? —susurré mirándolo directamente.
Ahí ya no había vergüenza.
Solo mi intención de hacerlo mío.
y el general está lindo y la busca hayyyy 😭