NovelToon NovelToon
Dolores Del Pasado

Dolores Del Pasado

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Casos sin resolver / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

Es verdad lo que dicen.No sabes lo que tienes asta que lo pierdes y así empieza esta historia

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Lo que pasaba cuando nadie miraba

La casa de Livia no era grande, pero tenía esa sensación de haber sido vivida durante demasiado tiempo. Las paredes guardaban marcas que nadie se había molestado en tapar, los muebles parecían haber sido movidos mil veces hasta encontrar un lugar que nunca terminaba de ser definitivo, y el aire tenía ese olor a comida, remedios y humedad que se quedaba impregnado en la ropa.

Leonardo no lo notaba. O mejor dicho, lo notaba sin pensar en ello. Era parte del fondo, como un ruido constante que uno deja de escuchar.

Lo que sí notaba —aunque tampoco lo analizara demasiado— eran los cambios.

Pequeños detalles que, si alguien los hubiera señalado, habrían sido imposibles de ignorar.

Pero nadie los señalaba.

Y él tampoco.

—¿Otra vez acá? —dijo la voz de su tío desde la cocina.

Leonardo se detuvo en el marco de la puerta, incómodo. No le gustaba cuando estaba él. Había algo en su forma de hablar que hacía que todo se sintiera más tenso, como si cualquier cosa pudiera convertirse en un problema.

—Mamá me dejó —respondió, encogiéndose de hombros.

El hombre soltó una risa corta, sin humor.

—Claro… siempre lo dejan acá.

Livia, que estaba junto a la mesada, no dijo nada. Solo siguió cortando unas verduras con movimientos lentos y precisos, como si esa conversación no fuera con ella.

—No molesta —agregó después de unos segundos, sin levantar la mirada.

El tío la miró de reojo.

—No dije que molestara.

Pero la forma en que lo dijo hizo que sonara exactamente a eso.

Leonardo bajó la vista. No sabía qué hacer en esos momentos. Sentía que había algo raro, algo que no encajaba del todo, pero no tenía las palabras para explicarlo.

Ni el valor para meterse.

Las discusiones no eran constantes, pero tampoco eran raras. Aparecían en momentos específicos, casi siempre relacionados con cosas simples: la comida, el dinero, la casa.

—Esto está frío —decía el tío, empujando apenas el plato.

—Lo hice recién —respondía Livia, en voz baja.

—No parece.

No gritaban. No hacía falta.

Había algo peor en eso: una tensión contenida, una incomodidad que se quedaba flotando incluso después de que las palabras terminaban.

Leonardo escuchaba desde otra habitación, o desde el patio, o desde donde estuviera. A veces subía un poco el volumen del celular. A veces simplemente se concentraba en otra cosa.

Nunca entraba.

Nunca decía nada.

Se convencía de que no era asunto suyo.

Una tarde, mientras buscaba un vaso de agua, vio algo que lo hizo detenerse.

Livia estaba apoyada contra la mesa, con una mano en el borde, como si necesitara sostenerse. Su respiración era más pesada de lo normal, y por un momento pareció no darse cuenta de que él estaba ahí.

—¿Abuela? —preguntó.

Ella reaccionó enseguida, como si la hubieran despertado.

—Estoy bien —dijo rápidamente, enderezándose.

Demasiado rápido.

Leonardo la miró unos segundos.

Podría haber preguntado más.

Podría haber insistido.

—Bueno —respondió al final, tomando el vaso y llenándolo.

Ese fue todo el intercambio.

Ni una palabra más.

Ni una pregunta más.

Nada.

Con el tiempo, las señales empezaron a acumularse.

Un moretón pequeño en el brazo que Livia cubría con la manga.

Un plato que se rompía en la cocina y el silencio que venía después.

La forma en que ella evitaba ciertos temas.

La manera en que su tío hablaba, siempre al borde de algo que nunca terminaba de decir del todo.

Leonardo veía todo eso.

Pero lo veía como se ve una película sin prestar demasiada atención.

Fragmentos sueltos.

Escenas que no terminaban de formar una historia completa.

Y cuando algo no tiene forma clara… es fácil ignorarlo.

—No tenés que venir si no querés —le dijo Livia una tarde.

Estaban en el patio, como antes, aunque ya no era exactamente igual. Leonardo estaba con el celular, desplazando la pantalla sin mucho interés, mientras ella acomodaba unas plantas que parecían necesitar más cuidado del que recibían.

—No me molesta —respondió él.

Era verdad, en cierto sentido.

Pero tampoco era toda la verdad.

Livia asintió despacio.

—Tenés otras cosas ahora.

No sonaba reproche.

Eso lo hacía peor.

—Sí… —dijo Leonardo, sin mirarla—. Los chicos, viste.

—Claro.

El silencio volvió a instalarse entre ellos, pero ya no era el mismo de antes. Este era más pesado. Más… distante.

Como si algo se hubiera movido de lugar sin que ninguno de los dos supiera cómo acomodarlo de nuevo.

Esa misma tarde, cuando Leonardo se estaba yendo, escuchó otra vez esa voz desde adentro.

—Siempre igual con vos…

No llegó a entender toda la frase.

Se quedó quieto en la puerta.

Podría haber vuelto.

Podría haber entrado.

Podría haber hecho algo.

En cambio, ajustó la mochila en su hombro y salió.

Cerró la puerta detrás de él con cuidado, como si eso pudiera evitar hacer ruido… o evitar pensar.

Mientras caminaba por la calle, trató de convencerse de que no era tan grave.

Las familias eran así a veces.

Discusiones, tensiones… nada fuera de lo normal.

Además, si realmente pasara algo serio, alguien haría algo, ¿no?

Un adulto.

Otro familiar.

Alguien.

No él.

No tenía por qué ser él.

Esa idea le resultaba cómoda.

Fácil.

Y la sostuvo sin cuestionarla demasiado.

Esa noche, Livia cenó sola.

No era la primera vez.

Pero sí fue una de esas noches en las que el silencio pesaba más de lo habitual.

Se sentó despacio, con cuidado, como si cada movimiento necesitara ser medido. El plato estaba casi intacto cuando decidió dejar de comer.

No tenía hambre.

O tal vez sí, pero no de comida.

Miró hacia la puerta, como si esperara algo.

Alguien.

Pero nadie llegó.

Mucho tiempo después, Leonardo recordaría esas escenas con una claridad incómoda.

No porque fueran especialmente dramáticas.

Sino porque eran… normales.

Demasiado normales.

Y ahí estaba el problema.

No había un momento claro al que culpar.

No había un grito definitivo.

No había una señal imposible de ignorar.

Había pequeñas cosas.

Detalles.

Instantes.

Todos esos momentos en los que pudo haber hecho algo… y no lo hizo.

Y lo peor no era no haber entendido.

Lo peor era que, en el fondo, tal vez sí lo había hecho.

Solo que eligió mirar hacia otro lado.

1
Martin
Hola,no abandonaré la otra ya hay capítulos programados asta el 15 del otro mes y se subirán cada 5 días ahora el 20 estrena uno y así
Marialeonor Roqueocampo
aquí estoy esperando otra historia fascinante, espero no abandones la otra 🫶🤭
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play