En la prestigiosa Academia de Artes Arcanas, el poder es la única moneda de cambio y el linaje lo es todo. Selene, una joven con un pasado fragmentado y un poder latente que no logra comprender, intenta pasar desapercibida entre lobos sedientos de sangre y vampiros de hielo. Sin embargo, su destino cambia para siempre cuando el Vínculo de Plata, una marca ancestral y prohibida, comienza a arder en su piel.
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Sangre Mercurio
La lluvia caía sobre la ciudad como un manto de plomo, pero para Alex, cada gota se sentía como una aguja de hielo contra su piel abrasada. Llevaba a Selene en brazos, saltando entre los tejados de los viejos edificios industriales que rodeaban la academia. El cuerpo de la joven ya no era ligero; emitía una vibración constante, una frecuencia que entumecía los músculos del vampiro. A pesar de su fuerza sobrehumana, Alex sentía que sus brazos perdían sensibilidad. Donde la piel de Selene tocaba la suya, se formaban ampollas de un color blanquecino, una reacción alérgica violenta al rastro de plata alquímica que ella ahora exudaba.
-Resiste, Selene...- gruñó Alex, su voz rota por el esfuerzo.
Abajo, en las calles, las sirenas de los cazadores aullaban. Karl no se daría por vencido. El incendio de la biblioteca era una señal que todo el consejo de Venatores vería desde kilómetros. No era un fuego común; las llamas plateadas seguían ardiendo contra el viento y la lluvia, alimentándose de la magia y la historia contenida en aquellos muros.
Alex aterrizó con un estruendo sobre una plataforma de metal oxidado en un almacén abandonado a las afueras de la zona norte. Sus piernas temblaron. Entró por una claraboya rota y descendió hasta el suelo de cemento. Con una delicadeza que contrastaba con su apariencia de guerrero exhausto, depositó a Selene sobre una mesa de trabajo cubierta de lona.
Sus manos estaban negras. El contacto con ella lo estaba matando lentamente, pero no podía soltarla. Selene seguía inconsciente, pero su respiración era rítmica y profunda. Lo que más asustaba a Alex era que la piel de ella, antes cálida y humana, ahora se sentía como mármol pulido bajo el sol de mediodía.
-¿Por qué ella?- susurró Alex, mirando sus propias heridas -¿Por qué los Argentum han vuelto ahora?-
Un sonido de pasos pesados y un jadeo gutural lo hicieron girarse, mostrando los colmillos. Por la puerta trasera del almacén, una figura masiva entró tambaleándose. Era el chico con Leo sujetado
Su transformación no se había revertido por completo; retazos de pelaje gris cubrían su torso y sus ojos aún conservaban el brillo ámbar del lobo, pero lo que más destacaba era el rastro de luz plateada que aún recorría sus venas, como una armadura traslúcida que se negaba a desaparecer.
-¿Ella está bien?- preguntó Leo, colapsando contra una columna.
-Está viva. Pero no sé qué es ahora- respondió Alex, bajando la guardia al ver las heridas de Leo -Tus heridas... no se están cerrando-
Leo miró su pecho. Karl le había infligido cortes profundos, pero la "chispa" que Selene le había entregado a ambos actuaba como un sellador.
Mientras tanto, el chico no sangraba, pero la plata de Selene estaba fundiéndose con su esencia licántropa. Un híbrido de naturaleza y alquimia.
-Esa chica...- el chico tosió, escupiendo un poco de líquido plateado -Me salvó. Karl tenía el relicario abierto. Yo debería ser cenizas ahora. Pero su plata... no me quemó. Me hizo sentir... completo-
Mientras tanto, en la Academia Nocturna, el caos era absoluto. Karl observaba desde el patio cómo el edificio más antiguo del campus se consumía. El fuego plateado no era caliente en el sentido físico; era una combustión de energía espiritual. Los bomberos de la ciudad, humanos bajo el control de los cazadores, intentaban inútilmente apagar las llamas con agua química, pero el fuego solo parecía brillar más.
-Señor- un joven cazador se acercó a Karl, con las manos vendadas por las quemaduras -Hemos perdido el rastro de los vampiros y del lobo. Se movieron demasiado rápido hacia el sector industrial-
Karl no respondió de inmediato. Limpiaba la sangre de su rostro con un pañuelo de seda. Sus ojos estaban fijos en un fragmento de cadena que había quedado en el suelo. Ya no era plata pura; era un cristal negro, quebradizo.
-No la hemos perdido- dijo Karl con una frialdad que heló la sangre de su subordinado -La hemos despertado. El Consejo de Ancianos me advirtió que la "Llave" reaccionaría ante la presencia de los dos extremos. El amor de un vampiro y la lealtad de un lobo. La alquimia de los Argentum se alimenta de los vínculos-
Karl apretó el puño.
-Llamen a los Eliminadores Ya no se trata de capturarla. Si no podemos controlar la fuente de la plata, debemos asegurarnos de que nadie más la tenga. Borren el sector industrial. No quiero que quede un solo centímetro de sombra donde puedan esconderse.
En el almacén, un hombre apareció de entre las sombras de las vigas superiores, bajando con una agilidad sobrehumana. No traía armas, solo un maletín de cuero viejo que olía a hierbas secas y metal viejo.
-Están perdiendo el tiempo- dijo, acercándose a Selene -Si no estabilizamos su flujo, la explosión que vieron en la biblioteca se repetirá aquí, y esta vez no dejará nada en pie en tres manzanas a la redonda.
-¿Profesor, Víctor?- preguntó Alex, bloqueándole el paso -Cómo... ¡Habla de una vez!-
-Su cuerpo es un crisol- Víctor abrió su maletín, revelando viales de plomo líquido y sal negra -Durante siglos, los Argentum refinaron la plata para que fuera el puente entre la vida y la muerte. Selene es la última descendiente directa. Al verse rodeada de muerte- miró a Alex y Leo -y de instinto salvaje- miró al chico -su sangre recordó su propósito: equilibrar la balanza. Pero ella no sabe cómo cerrarla. Está absorbiendo la energía del ambiente. Si Karl usa sus armas de frecuencia ahora, la convertirá en una bomba-
Víctor comenzó a trazar un círculo de sal negra alrededor de la mesa donde yacía Selene.
-Necesito que ambos me den algo. No será fácil. Leo, necesito tu hambre. Eitan, necesito tu dolor. Solo las emociones más primordiales de sus razas pueden actuar como anclas para que ella regrese de ese trance mercurial-