Elías era un estudiante de arquitectura solitario, tímido y sensible. Vivía para dibujar, cantar en silencio y refugiarse en novelas románticas donde el amor era intenso y absoluto. Tras la muerte de su abuela —la única persona que lo comprendía—, su mundo quedó vacío… hasta que una historia BL cambió su destino.
En aquella novela, el villano llamó su atención más que nadie:
un alfa poderoso, frío y temido, el gran duque del norte.
Un hombre incomprendido, marcado por una infancia cruel y condenado a morir solo entre el hielo.
Elías lo entendió.
Y lo amó… aun sin existir.
Pero el destino le dio una segunda oportunidad.
Tras perder la vida en un accidente, Elías despierta reencarnado en un mundo de fantasía, convertido en un omega masculino, de belleza delicada y mirada tierna. El mundo de la novela es ahora real… y el duque del norte también.
Esta vez, Elías no piensa ser un espectador.
Esta vez, no permitirá que el villano muera solo.
Entre jerarquías alfa–omega, heridas del pasado y
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Capítulo 19 – Fuego y cercanía
La noche cayó silenciosa sobre el Ducado de Arandel. Las estrellas brillaban tenuemente, reflejadas en los lagos y canales que Lioren había ayudado a diseñar, y la brisa cargada de los aromas de los jardines se mezclaba con la fragancia del propio Lioren.
Kael permanecía a su lado, vigilante y tranquilo, cuando sintió que el cuerpo de Lioren reaccionaba con intensidad, una señal inequívoca de su celo. Esta vez no era solo sensibilidad o deseo tímido: era un llamado intenso de cercanía, posesión y pasión, que se manifestaba en su respiración, su calor y el aroma inconfundible que llenaba el aire.
—Lioren… —susurró Kael, tomando su rostro entre sus manos—. Esta vez… lo siento más fuerte. ¿Estás listo?
Lioren cerró los ojos, respirando hondo, dejándose llevar por la mezcla de miedo y deseo.
—Sí… contigo… solo contigo —murmuró—. Quiero que sea contigo.
El duque rodeó a su omega con los brazos, atrayéndolo contra su pecho. Cada toque, cada roce, enviaba ondas de calor y necesidad a ambos. Los besos que siguieron fueron largos, intensos y posesivos, llenos de deseo y ternura. Lioren se aferraba a Kael, perdido entre la pasión y la seguridad de estar protegido.
—Eres mío —murmuró Kael con voz grave, dejando que su aroma frío pero intenso envolviera a Lioren—. Solo mío.
El omega gimió suavemente, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba al calor y cercanía del alfa. Sus manos recorrían la espalda de Kael, explorando con delicadeza, mientras sus corazones latían al unísono, mezcla de deseo, amor y confianza total.
—Kael… yo… —susurró, interrumpido por otro beso profundo—. Nunca me sentí así con nadie.
—Lo sé —respondió el duque, inclinándose sobre él—. Y yo tampoco… nunca sentí algo así antes.
Los besos furtivos anteriores se habían convertido ahora en caricias intensas, posesión y pasión contenida. Cada toque de Kael provocaba suspiros y gemidos suaves de Lioren, y cada reacción del omega reforzaba la intensidad de su conexión.
Lioren se permitió apoyarse completamente en Kael, dejando que su cuerpo expresara lo que su corazón ya había decidido: amor absoluto, deseo y entrega total. La cercanía física y la pasión emocional se mezclaban; cada roce de los labios, cada abrazo, era un acto de posesión amorosa y pasión controlada.
—Quiero sentirte… —susurró Lioren, con un tono más seguro que en ocasiones anteriores—. Quiero que me elijas… y que yo te elija.
Kael lo miró con intensidad, recorriendo su rostro con la mano, asegurándose de que cada gesto fuera deseado y consensuado.
—Siempre te elegiré —dijo con firmeza, antes de besarlo nuevamente, esta vez con un compás más lento y sensual, explorando cada reacción del omega, sintiendo el calor de su piel y su respiración entrecortada.
Lioren respondió con gemidos suaves, dejando que su deseo se mezclara con el amor profundo que sentía por Kael. Cada toque, cada abrazo, cada mirada hablaba de un amor que ya no era tímido ni inseguro: era maduro, posesivo y lleno de pasión contenida, donde la confianza y la entrega mutua eran el núcleo de todo.
Horas después, mientras el fuego de la chimenea suavizaba la habitación, Lioren descansaba sobre el pecho de Kael, todavía sonrojado y tembloroso por la intensidad del encuentro.
—Nunca imaginé que el amor pudiera sentirse así —murmuró, apoyando la cabeza en el hombro del duque.
—Ni yo —respondió Kael, acariciando suavemente su cabello—. Pero juntos podemos sentirlo todo: pasión, ternura, deseo… y calma.
El omega cerró los ojos, abrazándolo, sintiendo la posesión y la protección como un bálsamo contra todo miedo o trauma pasado. Este celo, esta entrega total, era diferente: ya no había timidez, ni miedo, ni duda. Solo amor profundo, deseo y confianza absoluta.
—Eres todo para mí —susurró Kael—. Y cada día me haces más fuerte.
—Y tú a mí —replicó Lioren, con voz temblorosa pero segura—. Siempre juntos… siempre.
Mientras la noche avanzaba, el dúo descansaba entrelazado, sabiendo que, aunque el mundo siguiera girando y los desafíos continuaran, su amor y su vínculo eran ahora indestructibles.