Sinopsis: Enamorado de la mejor amiga de mi mamá
Kaleth Giraldo nunca imaginó que terminaría enamorándose de Estefanía Holguín, la mejor amiga de su mamá. Desde que era pequeño, la conocía como tía Estefanía, una mujer especial que siempre había estado presente en su vida. Sin embargo, los años pasaron y sus sentimientos comenzaron a cambiar, convirtiéndose en un amor que jamás pensó experimentar. Ahora, Kaleth tendrá que encontrar el valor para confesarle lo que siente, arriesgándose a cambiar la relación entre sus familias. Estefanía nunca imaginó que aquel niño que la llamaba tía crecería y la miraría con otros ojos. ¿Podrá el amor superar los prejuicios, las dudas y los secretos que amenazan con separarlos para siempre?
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Capítulo 22: La chica japonesa
### Capítulo 22: La chica japonesa 🇯🇵
POV: Kaleth Giraldo
Hacía unos días que había llegado a Tokio y todavía me estaba acostumbrando a vivir solo en aquel lugar. No era fácil estar tan lejos de Cali, parce. Extrañaba mi tierra, la comida, mis amigos y, aunque me doliera reconocerlo, también extrañaba a Estefanía.
Pero bueno, no podía quedarme lamentándome todo el día. Tenía que seguir con mi vida y acostumbrarme a mi nueva rutina.
Aquella mañana me levanté temprano, me bañé y me puse el uniforme del colegio. Llevaba un pantalón negro de tela, una camisa blanca de manga larga y una corbata azul oscuro. Encima me puse un blazer negro con botones dorados y el escudo del colegio bordado en el bolsillo izquierdo. Completé el uniforme con medias negras y zapatos negros bien lustrados. Como hacía frío, también me puse una chaqueta azul marino.
Me miré al espejo y acomodé la corbata.
—¡Uy, ve! Quedé elegante, ¿o qué? —dije, riéndome—. Parezco protagonista de una novela japonesa, juepucha.
Desayuné, guardé mis cuadernos en la mochila y salí rumbo al colegio. Caminé observando los edificios, las tiendas y los estudiantes que pasaban hablando japonés. Aunque ya llevaba varios días allí, todavía me parecía increíble estar tan lejos de mi casa.
Cuando llegué al colegio, atravesé el patio principal y me dirigí hacia los salones. De repente, escuché unas voces cerca de las escaleras.
—やめてください!それは私のノートです!
(¡Por favor, paren! ¡Ese es mi cuaderno!)
Me giré y vi a tres muchachos rodeando a una chica japonesa. Uno de ellos tenía un cuaderno en la mano y lo levantaba para que ella no pudiera alcanzarlo. Los otros dos se reían mientras la muchacha intentaba recuperarlo.
—スペイン語を話すなんて変だよ!
(¡Qué raro que hables español!)
—私のことを笑わないで!
(¡No se burlen de mí!)
La chica parecía desesperada. Uno de los muchachos volvió a levantar el cuaderno y los otros soltaron una carcajada.
—¡Oe, muchachos! ¿Qué les pasa, pues? —intervine, acercándome—. ¿No tienen nada mejor que hacer que estar molestando a una pelada?
Los tres se voltearon a mirarme.
—お前には関係ないだろ!
(¡No es asunto tuyo!)
El muchacho me respondió con una expresión desafiante. Yo no entendía todo lo que decía en japonés, pero por su tono sabía que no estaba muy contento con mi intervención.
—¿Cómo que no es asunto mío, parce? ¡Estoy viendo que son tres contra una! Dejen la bobada y devuélvanle sus cosas.
—こいつ、何を言っているんだ?
(¿Qué está diciendo este tipo?) —murmuró otro.
—No sé qué estarán diciendo, pero sí sé que la están molestando. ¡Ya estuvo bueno, ve!
El muchacho que tenía el cuaderno finalmente se lo entregó a la chica. Después, los tres se marcharon por el pasillo, todavía hablando entre ellos.
—もう行こうぜ!
(¡Vámonos ya!)
Negué con la cabeza.
—Qué manes tan cansones, juepucha. ¿Todo eso por hablar otro idioma?
Entonces me volví hacia la muchacha.
Ella abrazaba su cuaderno contra el pecho y me miraba con timidez. Era linda y tenía una expresión dulce, aunque todavía parecía nerviosa por lo que acababa de suceder.
—¿Estás bien? —le pregunté.
Ella asintió.
—はい、大丈夫です。ありがとう。
(Sí, estoy bien. Gracias.)
Después intentó hablarme en español.
—Yo estar bien. Muchas gracias por ayudarme. Tú ser muy amable.
Sonreí.
—Tranqui, no fue nada. ¿Cómo te llamás?
—私の名前はヒナ・フジモトです。
(Me llamo Hina Fujimoto.)
—¿Hina Fujimoto? Qué nombre tan bonito. Yo soy Kaleth Giraldo, de Cali, Colombia. Mucho gusto.
Ella sonrió un poquito.
—コロンビア?行ってみたいです!
(¿Colombia? ¡Me gustaría ir algún día!)
—¡Claro, ve! Cuando vayás, te llevo a conocer Cali. Eso sí, tenés que probar el cholado y aprender a entender nuestro acento, porque hablamos rapidito, ¿oís?
Hina soltó una risita.
—私はスペイン語を勉強しています。でも、まだ上手に話せません。
(Estoy estudiando español, pero todavía no lo hablo bien.)
—Pues vas muy bien. No les pongás cuidado a esos muchachos. Aprender otro idioma es una chimba, y nadie tiene derecho a burlarse de vos por eso.
Ella inclinó la cabeza, confundida.
—¿Una chimba? ¿Qué significa?
Me reí.
—Es una expresión de Colombia. Quiere decir que algo es bacano, muy bueno.
—¡Ah! Entonces, aprender español colombiano ser una chimba —respondió, pronunciando las palabras con mucho cuidado.
—¡Esa es la actitud, Hina! —exclamé—. Ya estás aprendiendo las palabras de Cali.
En ese momento sonó la campana.
—¿Sabés dónde queda el salón de mi curso? —le pregunté.
—はい!私が案内します。
(¡Sí! Yo te acompaño.)
—¡Hágale, pues!
Caminamos juntos hacia el salón y descubrimos que estábamos en la misma clase. Hina me mostró dónde podía sentarme y me explicó algunas cosas sobre el colegio.
Mientras entrábamos, pensé que aquel día había comenzado de una manera bastante inesperada.
Yo había llegado a Japón sin conocer prácticamente a nadie, pero ahora tenía una nueva conocida que quería aprender español y a quien yo podía ayudar.
Todavía extrañaba muchísimo a Cali y tenía asuntos pendientes que me dolían en el corazón. Sin embargo, por primera vez desde que había llegado, sentí que quizá podría acostumbrarme a aquella nueva vida.
Y todo había comenzado por defender a una chica que ni siquiera conocía.
—Kaleth, ありがとう! (¡Gracias, Kaleth!) —me dijo Hina antes de sentarse.
—De nada, Hina. Para eso estamos, ¿oís?
Y así, sin imaginarlo, comenzó mi amistad con la chica japonesa que había conocido en aquel pasillo.