NovelToon NovelToon
La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal.

Status: En proceso
Genre:Romance / Reencarnación / Villana
Popularitas:5.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lewis Alexandro Delgado

La Esposa Villana Del CEO Es Fatal

Tras morir en un accidente, una arquitecta ambiciosa y sin piedad despierta en el cuerpo de Morana Miller: la mujer gorda, despreciada y odiada de una novela que termina abandonada, despojada de sus hijos y de todo. Pero no llega antes de los errores. Llega cuando ya no hay vuelta atrás, cuando la villana que todos desprecian ya es ella.

Con disciplina férrea, inteligencia afilada y un orgullo inquebrantable, se transforma, estudia y regresa años después: hermosa, poderosa, fría y dueña de su destino. No viene a suplicar. Viene a reclamar lo que es suyo, a vengarse de quienes la destruyeron y a proteger a sus hijos —aunque para ello deba convertirse en la villana.



NovelToon tiene autorización de Lewis Alexandro Delgado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: El infierno a la vuelta de la esquina

Palabras de la autora:

este capítulo es un poco fuerte. Dalila ya cruzó una línea sin retorno, y está totalmente trastornada.

Esa mañana salimos de casa temprano. Llevé a los niños de la mano hasta la entrada de la escuela, les ajusté bien los abrigos y les di un beso en la frente.

—Pórtense bien —les dije, con esa sonrisa que solo ellos lograban despertarme—. Los recojo a la salida.

—Adiós, mamá —dijeron al unísono, corriendo hacia sus compañeros.

Me quedé mirándolos un instante más, grabando sus caras en mi memoria, antes de subir al auto donde Ian me esperaba. Condujimos en silencio hasta la compañía. Teníamos una mañana importante: revisar cada detalle de nuestra propuesta de reconstrucción y presentarnos ante la junta directiva. Al llegar a la sala de reuniones, expusimos juntos con claridad y firmeza. Al final, Ian se puso de pie y anunció:

—Tenemos el agrado de informar que la próxima semana viajaremos a Metrólis. Allí nos reuniremos con la empresa Vida Esperanza y con sus directores, el señor Mateo Castellano y su esposa, la distinguida empresaria Valentina Valtorie. Estamos seguros de que será una alianza que beneficiará a muchos.

La sala aplaudió. Todo parecía ir perfectamente. Pero nadie sabía que en ese mismo instante, la sombra más oscura ya había descendido sobre la escuela.

En el hospital, Dalila caminaba de un lado a otro de la habitación, mirando el reloj cada pocos segundos. No había duda en sus ojos, solo una espera tensa, ansiosa, que le crispaba los dedos. Se mordía las uñas con fuerza, pero no por miedo a ser descubierta. Esperaba. Esperaba el mensaje que confirmara que su objetivo se había cumplido.

—Pronto —murmuró, con una media sonrisa que no llegó a sus ojos—. Pronto sentirás lo que yo siento cada día, Morana. Te arrebataré lo que más amas, y entonces… entonces Ian volverá a mí. Solo a mí.

Se sentó al borde de la cama, pero su mente no descansaba. Y entonces empezó a escucharla: una voz suave, susurrante, que parecía nacer dentro de su propia cabeza.

Lo hiciste muy bien, Dalila…

Se llevó las manos a las sienes, cerrando los ojos.

—Sí… lo hice por mí. Por nosotras —respondió en un susurro.

Debes acabar con ellos. No dejes que sobreviva ninguno. Solo así aprenderá que no puede tenerlo todo.

—Lo sé. No te preocupes. No pararé hasta que ella esté destrozada.

En ese momento, el noticiero en la televisión interrumpió su programación habitual.

—Noticia de última hora. Se ha reportado una emergencia grave en la escuela primaria San Gabriel…

Dalila se quedó inmóvil, con la respiración contenida, acercándose más a la pantalla. Sus labios se separaron lentamente al escuchar las siguientes palabras:

—…Un hombre armado ingresó al plantel con intenciones claras de causar daño. Sin embargo, gracias a la valentía de seis maestros que interpusieron sus cuerpos para proteger a los alumnos, ningún niño resultó herido. El atacante fue neutralizado por las autoridades. Lamentablemente… los seis docentes perdieron la vida. Se encuentran identificando a las víctimas…

Dalila dio un paso atrás, como si el televisor le hubiera lanzado un golpe. Su rostro se descompuso en una mezcla de rabia y confusión.

—¿Cómo que no? —exclamó, golpeando el borde de la mesita—. ¡No podían fallarme! ¡Se suponía que debían lastimarlos! ¡Se suponía que debían hacerle daño a esos niños para que ella sintiera lo que es perderlo todo!

Se llevó las manos a la cabeza, apretando con fuerza, porque la voz regresó, más fuerte, más clara, resonando dentro de su cráneo como si alguien estuviera de pie justo detrás de ella.

Fallaron, sí… pero no importa. Lo intentaste. Y eso es solo el comienzo. Debes acabar con ellos, Dalila. La próxima vez no habrá maestros que se interpongan. La próxima vez… desaparecerán.

—Sí… la próxima vez —repitió, con la mirada perdida, fija en la pantalla donde ahora se veían ambulancias y patrullas—. No importa cuántos se interpongan. Llegaré a ellos. Te lo prometo. Acabaré con ellos.

Se dejó caer en la silla, abrazándose a sí misma, y la voz se quedó ahí, susurrándole al oído, como una compañera que nunca se va.

En la sala de juntas, el teléfono de Ian comenzó a sonar insistentemente. Luego el mío. Y de repente, varios teléfonos de los presentes sonaron al mismo tiempo. Ian lo miró, palideció y lo atendió de inmediato. Su rostro se transformó en segundos. Lo vi ponerse de pie de un salto.

—¡Morana! —gritó, con voz quebrada—. ¡Es la escuela! ¡Algo pasó!

Corrimos hacia el auto. No recuerdo haber corrido tanto en toda mi vida. En el camino, las noticias se repetían una y otra vez, como un latigazo en el pecho. Cuando llegamos cerca de la escuela, el caos nos golpeó de golpe: luces de ambulancias y patrullas que teñían todo de rojo y azul, gente corriendo, gritos, madres abrazando a sus hijos con desesperación.

Me abrí paso entre la multitud, empujada por el pánico que me atenazaba el pecho. Mis ojos buscaban desesperados, entre cientos de rostros pequeños, los que más amaba. —¿Los han visto? ¿Mis hijos? —preguntaba, con la voz que apenas salía, temblando—. Por favor… díganme que están bien…

Y entonces los vi. Salían de la mano de una maestra, con los ojos muy abiertos, asustados, pero enteros.

Corrí hacia ellos y los abracé con tanta fuerza que temí lastimarlos. Lloré. Lloré como nunca en mi vida lo había hecho. Las lágrimas caían solas, incontrolables, mientras mi corazón latía con tanta violencia que dolía.

¿Qué me está pasando?, pensé, apretándolos contra mí. En mi vida anterior nunca sentí nada. Nunca lloré por nadie. La frialdad era mi escudo. Pero pensar que algo les pudo pasar a ellos… me duele en el alma. Me duele como si me arrancaran el corazón.

Ian llegó a nuestro lado y nos abrazó a los tres. Sus brazos nos rodearon con desesperación, y por primera vez, no lo aparté. No lo hice a propósito: simplemente no pensé en ello. Mi corazón reaccionó antes que mi mente. Solo cuando el abrazo se aflojó un poco, me di cuenta de que lo había aceptado. Y no me importó. No en ese momento.

Mientras los sostenía, mis ojos se posaron en otro grupo de personas a lo lejos: familias que no celebraban. Familias que esperaban una noticia que ya sabían. Seis héroes anónimos que dieron lo más preciado que tenían para que nuestros hijos pudieran seguir abrazándonos. Me quedé un instante en silencio, mirando hacia la entrada de la escuela, con la mano aún en el hombro de mi hijo.

—Gracias —susurré, para que solo el viento lo escuchara—. Nunca los olvidaré.

Nos alejamos despacio. En el auto de regreso, los niños dormían en el asiento trasero, agotados por el susto. Ian conducía en silencio, con las manos aún temblorosas sobre el volante. Y yo miraba por la ventana, donde el día seguía igual que siempre, aunque para mí todo había cambiado. Algo no encajaba. Algo en mi interior me decía que esto no había sido un ataque al azar. Que alguien había apuntado directamente a mis hijos.

Alguien quería lastimarlos, pensé, y una frialdad distinta a la mía habitual me recorrió la espalda. Y no descansaré hasta saber quién fue. Y por qué.

1
inuyasha/ Tomoe🦊
necesito un maratón yaa
Aleida Delgado Santana: Si les gusta.
total 1 replies
Mayka Puche Velasquez
saludos más capítulos por favor
Aleida Delgado Santana: Ya subí.
total 1 replies
Sandra Maritza Mesa
es un tonto va a pagar una deuda toda su vida no va a tener vida propia está amarrado a esa víbora hasta que se muera
inuyasha/ Tomoe🦊
morana se merece algo mejor
Minnie Jhonson
porque morana no lo manda a la goma el nos sirve es un tremendo estupidoooooooooo
Aleida Delgado Santana: Todo puede pasar.
total 1 replies
Cristina Sanchez
subeeee otrooo🙏🙏🙏🙏🙏 Ian es un calzonazos...
Magda
vamos? ya lo odio 😡
Dany 😎🇨🇱
Muy bonita
Denia
Me encanta más capítulos por favor 👏👏🥰
Cardona salazar yolanda
me gusta 🥰felicidades y gracias autora por compartir pero por favor más capitulos
Mayka Puche Velasquez
Excelente Felicitaciones
Aleida Delgado Santana: Gracias.
total 1 replies
Pris
Excelente inicio. Muy interesante
Alicia Quintana
esa es una villana bien por ella a cortar cabezas
Alicia Quintana
empezó bien distinto a todas las reencarnadas
Aleida Delgado Santana: Si, Morana es muy diferente. Es muy humana, no es la protagonista perfecta. Ella tiene tintes de villana pero también tiene su corazón. Es una mujer con errores y virtudes.
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play