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PRISIONERA DE LA LUNA ETERNA

PRISIONERA DE LA LUNA ETERNA

Status: Terminada
Genre:Mundo mágico / Mundo de fantasía / Amor eterno / Completas
Popularitas:634
Nilai: 5
nombre de autor: Betsy Gómez

Náyrel siempre creyó que la soledad era el precio de su existencia. Oculta entre los árboles de un bosque encantado, guardaba un secreto que podía cambiar el destino de todos los reinos sobrenaturales: era la última hija de la Luna Blanca. Pero su mundo cambia el día que Darian Varek, el temido señor del Reino de las Sombras, descubre su existencia. Frío, dominante y acostumbrado a que todos obedezcan sus órdenes, Darian decide llevarla a su castillo, convencido de que ninguna fuerza podrá arrebatársela. Sin embargo, Náyrel no nació para vivir entre muros ni para inclinar la cabeza ante ningún hombre. Se resistirá a sus órdenes, desafiará su autoridad y escapará tantas veces como sea necesario. Pero Darian siempre la encontrará. Entre persecuciones, secretos ancestrales y una atracción que ninguno logra comprender, Náyrel descubrirá que detrás de la frialdad de aquel inmortal existe una oscuridad mucho más profunda de lo que imaginaba. Y Darian aprenderá que la única criatura capaz de desafiar su poder también podría convertirse en su mayor debilidad. Ella desea escapar de él. Él está dispuesto a desafiar a la eternidad para conservarla a su lado. Pero cuando la verdad sobre el origen de Náyrel salga a la luz, ambos descubrirán que su encuentro no fue una coincidencia y que el destino les tiene reservado algo mucho más peligroso que el amor. Porque algunas almas están destinadas a encontrarse… incluso cuando una de ellas haría cualquier cosa por escapar. 🌙 ¿Podrá Náyrel conquistar su libertad sin perder el corazón ante el único hombre del que jamás debió enamorarse?

NovelToon tiene autorización de Betsy Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El secreto de la llave

El camino hacia el santuario parecía más largo que la última vez que Náyrel había descendido por aquellas escaleras. Quizá se debía a que ahora sabía lo que la esperaba al final: la puerta detrás de la cual permanecían sus padres. No había guardias ni amenazas que pudieran distraerla de ese pensamiento. Solo quería llegar hasta ellos.

Darian caminaba a su lado, sosteniendo una lámpara entre los dedos. Aunque acostumbraba adelantarse y abrir camino para todos, esa mañana mantenía el mismo ritmo que ella.

—¿Siempre estás tan callado cuando algo te preocupa? —preguntó Náyrel, mirándolo de reojo.

—No estoy preocupado.

Ella arqueó una ceja.

—Darian, llevas varios minutos apretando la mandíbula como si quisieras romper una piedra con los dientes.

Él soltó una pequeña risa.

—Quizá estoy preocupado.

—¿Por la puerta?

—Por ti. No sé qué ocurrirá cuando intentes despertar tu magia. No quiero que sufras por algo que yo debí resolver hace mucho tiempo.

Náyrel disminuyó el paso.

—No puedes protegerme de todo. Y tampoco puedes cargar con cada error del pasado como si tuvieras que pagarlo eternamente.

Darian la miró, sorprendido por la firmeza de sus palabras.

—Hablas como si me conocieras desde hace años.

—No te emociones. Apenas estoy aprendiendo a soportarte.

—Entonces tendré que esforzarme para que algún día llegues a considerarme agradable.

—No te pongas metas imposibles.

La risa de Darian resonó por el corredor. Náyrel descubrió que le gustaba escucharlo reír, especialmente porque aquella expresión hacía desaparecer, por unos instantes, al soberano temido del Reino de las Sombras.

Cuando llegaron a la cámara, la puerta seguía cubierta por antiguos símbolos plateados. Náyrel se acercó despacio. Reconoció la media luna tallada en el centro y extendió la mano, pero se detuvo antes de tocarla.

—¿Qué debo hacer?

—No lo sé con certeza —admitió Darian—. Tu madre nunca me explicó cómo despertar esa parte de tu magia. Solo me dijo que, llegado el momento, tendrías que encontrar tu propio camino.

Náyrel respiró hondo. Cerró los ojos y recordó su cabaña, el olor de las hierbas recién cortadas y las tardes en las que escuchaba el viento entre los árboles. Su madre solía decirle que la magia no respondía a las órdenes, sino a la comprensión.

Dejó de intentar forzar una respuesta.

Pensó en Aveline. En sus manos acariciándole el cabello cuando era pequeña, en su voz enseñándole los nombres de las plantas y en aquella canción que tarareaba cuando la luna iluminaba el bosque.

Un calor suave se extendió por su palma.

Al abrir los ojos, Náyrel vio que una luz plateada brotaba de sus dedos. Los símbolos de la puerta comenzaron a brillar uno por uno, hasta que la media luna central resplandeció con una intensidad que iluminó toda la cámara.

Darian dio un paso hacia ella, pero se detuvo.

—¿Estás bien?

—Sí. Solo… siento como si algo dentro de mí hubiera despertado.

La luz se concentró en la palma de Náyrel. No apareció ninguna llave de metal. En su lugar, una pequeña figura luminosa tomó forma sobre su piel: una luna rodeada por siete estrellas.

Entonces comprendió.

—La llave soy yo —susurró.

—Tu magia es la llave —corrigió Darian con suavidad—. Pero eso no significa que debas abrir la puerta ahora mismo.

Náyrel lo miró.

—¿Estás intentando convencerme de que me detenga?

—Estoy intentando recordarte que puedes decidir. Si quieres continuar, estaré contigo. Si necesitas tiempo, también.

Ella agradeció aquella respuesta con una pequeña sonrisa. Después volvió la mirada hacia la puerta.

La luz de su mano se extendió por las inscripciones y, lentamente, el mecanismo antiguo respondió. Un sonido profundo recorrió las paredes. La piedra vibró y una línea plateada apareció alrededor del marco.

La puerta se había movido.

Apenas unos centímetros, pero lo suficiente para demostrar que podían abrirla.

Náyrel sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Mamá…

Desde el otro lado llegó una voz femenina, débil pero inconfundible.

—¿Náyrel?

Ella se acercó de inmediato.

—¡Mamá! ¡Soy yo!

—Mi niña, escucha. No intentes abrirla de golpe. El sello lleva demasiado tiempo cerrado y necesita estabilizarse.

Náyrel apoyó la frente contra la piedra. Había esperado tanto tiempo escuchar aquella voz que, por un momento, olvidó todo lo demás.

—Voy a sacarte de ahí. Te lo prometo.

—Lo sé, hija. Pero no lo hagas sola.

Náyrel volvió la mirada hacia Darian. Él no intentó apropiarse de aquel momento ni le pidió que se apartara. Simplemente permaneció a su lado, dispuesto a ayudarla.

Ella extendió la mano libre hacia él.

Darian la tomó con cuidado.

Cuando sus dedos se entrelazaron, la luz lunar se volvió más estable. La sombra que recorría las inscripciones dejó de resistirse y ambos símbolos —la luna y la corona oscura— brillaron al mismo tiempo.

Por primera vez, la puerta respondió a los dos.

Sin embargo, todavía no se abrió lo suficiente para permitirles pasar.

—Ya sabemos cómo hacerlo —dijo Náyrel, secándose las lágrimas—. Necesitamos unir nuestras magias y mantener el sello estable.

Darian asintió.

—Y lo conseguiremos.

Náyrel volvió a mirar la abertura. Al otro lado estaba su madre, y su padre seguía allí también, aunque todavía no pudiera verlo.

La distancia entre ellos ya no parecía imposible.

Solo necesitaban dar el siguiente paso.

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