Marlene, muere en su mundo y se convierte en una persona con una maldición, la cual está destinada a morir de una peor manera.
Ella no está dispuesta a morir dos veces y por eso convierte su maldición en algo ventajoso para ella.
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Familia descarada
Los siguientes días todo estaba normal.
Pero a una semana de la muerte de la familia Landa, llegaron los marqueses al ducado y exigieron que Catalina los recibiera.
—Traigan a esa mujer, para que nos dé una compensación —fue lo que ordenó el padre de Antonia, quien era un apostador y estaba arropado en deudas de juego.
A su lado estaban su hija Cristina y su esposa principal, Sandra. Ambas tenían cara de pocos amigos, como quien se toma un vaso de té sin azúcar, nada más despertar.
Ante eso, Catalina y Valeria salieron a recibir la visita para ver si eran tan descaradas como Antonia, o quizás tenían la cara dura como ella.
Las dos no se molestaron en saludar, y la visita tampoco. En su lugar, Catalina habló directamente:
—Me dijeron que el marqués quiere verme —dijo Catalina directamente, y el marqués se sintió confiado. Por esa razón expresó lo que deseaba:
—Mi hija murió en esta familia, y creo que, como esposa principal de los Landa, usted, como la concubina del duque, tiene que darnos una compensación. Después de todo, todos somos familia. Y ahora que ella no está, sus pertenencias pasan a ser parte de mi familia de marqueses —dijo el hombre con toda la confianza del mundo, y Catalina se echó a reír por el descaro de ese señor.
Ella y Valeria tomaron asiento y mandaron a los sirvientes a buscar té y postres para digerir el chiste.
La visita, ante eso, tuvo más confianza, y la hermana de Antonia dijo algunas burradas:
—Como mi hermana vivía en este lugar, yo me voy a mudar aquí para honrar su nombre. Y de ese modo nadie en esta mansión se olvida de ella y de mis sobrinos —dijo esa mujer con modestia, mientras fingía estar triste.
Valeria solo la miró sin ninguna expresión en su rostro, aunque, claro, en su interior se estaba conteniendo para no reírse.
Los sirvientes llegaron y sirvieron los alimentos en silencio, y después se retiraron.
Dejaron a todos allí, quienes comenzaron a comer.
En medio del disfrute, Valeria lanzó la bomba:
—Señor marqués, en unos meses me voy a casar con el regente, y espero que usted y su familia no le arruinen el humor al regente. No le conviene meterse con nosotros, principalmente conmigo. Antes de morir, el duque restauró el registro familiar de los Landa, y su hija pasó de esposa principal a lo que desde un principio debió ser: una concubina sin valor —dijo Valeria, y el marqués, que estaba comiendo, se atragantó.
El hombre dio un salto y tiró al suelo el platillo que tenía en las manos, donde estaba el postre con el que se atragantó. Las dos mujeres a su lado hicieron lo mismo.
Valeria y Catalina no se molestaron en decir algo, y quien habló fue el marqués:
—¡Mientes! El duque amaba a mi hija, y sus hijos eran su más preciado tesoro. Si hoy no me dan una compensación, no me culpen por ser despiadado —gritó el hombre y llamó a sus guardias, quienes entraron a la mansión enseguida y se pusieron a la orden de su amo.
La que dio la orden de someter a Catalina y a Valeria fue Sandra:
—Sometan a esta perra y a su hija, y apliquen la ley familiar que se les da a los rebeldes. Y también que se les den a las dos cien bofetadas por su insolencia —dijo aquella mujer, y los guardias sometieron a Catalina al suelo y a Valeria la sostuvieron por los brazos con fuerza.
En esos momentos llegó Noel, quien ese día estaba estudiando en el estudio de la mansión, y al escuchar el alboroto fue a ver lo que sucedió.
El pequeño tomó un jarrón de porcelana y lo lanzó a los pies del marqués:
—Si no se van de aquí, les garantizo que saldrán por esa puerta casi muertos —gritó Noel, y tomó en su mano otro jarrón y se lo lanzó al marqués, dándole en la cabeza.
El hombre cayó al suelo, con la cabeza ensangrentada, pero se levantó enseguida y ordenó a otros dos guardias que sometieran a Noel también.
Luego dio la orden para que ellos aplicaran la ley familiar también en él.
Quien iba a aplicar esa ley familiar sacó de su traje un látigo marrón con espinas y se dispuso a cumplir la orden.
Pero repentinamente una descarga de electricidad impactó sobre él, y enseguida el sujeto cayó al suelo y se sacudió con violencia.
A su lado cayeron los otros guardias que estaban sometiendo a Catalina y a Noel, y estaban en la misma situación que el primero.
La descarga no fue tan fuerte para matar a esos guardias, pero fue lo suficientemente fuerte para dejarlos inconscientes.
Valeria en esta ocasión no quiso usar su maldición para herir a esos odiotas, después de todo, son solo gente insignificantes.
Esta Valeria estaba más salada que la pepita de la sirenita!. Y bien gafa también, porque si tenia una magia poderosa debió defenderse! 😔
soy fan de los. Villanos ❤️❤️❤️❤️