NovelToon NovelToon
La Épica De Los Antiguos

La Épica De Los Antiguos

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Mitos y leyendas / Acción
Popularitas:59
Nilai: 5
nombre de autor: Bastian Silva

El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará

NovelToon tiene autorización de Bastian Silva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

en el bosque : mascota monstruo

—No sé a qué te refieres exactamente, muchacho, pero definitivamente morirás aquí —dijo Dahaka invocando más humanos hechos de brea. El pecoso, corriendo, les iba cortando con Fragarach, notando que esta llegaba a cortarles aun si no les tocaba con su hoja.

—Ya te lo he dicho, ¡yo no sé nada! —gritó Jean lanzando su escudo al cuerpo de la serpiente. Con cada segundo que pasaba, el agua iba ejerciendo más presión, empujando al enorme monstruo, que jadeó por el dolor, intentando respirar.

—Eres una raza antigua, muchacho, tu especie no es aliada de los humanos y esa espada que portas huele a ÉL —dijo Dahaka, emanando un brazo de brea de la espalda con el que arrojó al chico contra la cabaña—. ¡Malditos Strathman!

—Su puta madre... duele un carajo —dijo Jean en el suelo, cubriendo su espalda y cuello con agua para sanarse, pues se le había roto con el impacto—. Qué suerte tuve al intentar amortiguar con el agua.

—Ojo de la serpiente, muéstrale a este imbécil la verdad —dijo Dahaka y un enorme ojo mágico se dirigió a la cabeza de Jean, que gritaba por el dolor, quedando en un estado semiconsciente.

Un hombre de piel oscura y asiático había encontrado la espada con la que sellaron a Dahaka. Este hombre era un invocador que trabajaba para la reina de Inglaterra; ellos fueron los primeros hombres con habilidades en trabajar para ella, su apodo era Aswang y provenía de Taiwán.

Ese hombre escuchó la leyenda de Dahaka contra Charles, así que usó como excusa el poder de la bestia para ayudarle en sus planes; usó a su propio escuadrón como catalizadores, aparte de un par de monstruos que tenía de mascotas; este hechizo era llamado Goethia, ya que requería el alma de otro monstruo para invocar o despertar a otro que generalmente estaba sellado. Dahaka emergió de la tierra furioso, gritando el nombre de Charles, pero la Goethia lo encadenó a Aswang.

—Tú y yo vamos a lograr muchas cosas juntos —dijo Aswang.

—¡Suéltame, te lo ordeno! —gritó Dahaka intentando devorar al asiático, pero las cadenas se las cerraron y se extendieron por todo su cuerpo, provocándole quemaduras.

—Cuando Le´Viere te selló, logró quitarte tres cuartos de tu poder. Esa es la otra cara del castigo de Salomón. Si el poder del usuario no es suficiente, la onda de este ataque absorberá la del objetivo —dijo Aswang sonriendo con malicia—. Si quieres vivir, deberás venir conmigo.

Fue en 1775 cuando la reina utilizó un grupo de trece hombres con habilidades para dirigir la guerra contra las trece colonias de Nueva Inglaterra. Aswang era uno de los trece que, acompañado de sus hombres, arrasaron la provincia de Georgia, retomándola como parte del Imperio británico; Dahaka fue la carta de triunfo de este hombre hasta que un joven olvidado por la historia luchó ferozmente contra el asiático para reconquistar su hogar un año después de la invasión, pero ambos murieron ese día, dejando a las mascotas del asiático libres por todo el país.

La serpiente vagó por los siglos, intentando retomar el poder que le fue quitado. Ni devorando a cientos de miles de humanos se recobró, así que cansada de buscar decidió vivir tranquila lejos del caos, pero los humanos pueden llegar a tierras inhóspitas y las montañas donde vivía Dahaka se llenaron de pueblos. Los residentes contaban su historia inventando cuentos acerca de su tesoro y que aquel que lograra asesinar a la bestia se volvería inmortal.

El primer incauto en llegar a la guarida de Dahaka fue devorado fácilmente, sin antes contarle lo sucedido al monstruo que, furioso, comenzó a atacar granjas como amenaza, pero la terquedad de los humanos pudo más y cada vez llegaban hombres dispuestos a pelear, aunque todos terminaron sufriendo el mismo destino.

Un hombre envuelto en túnicas blancas entró en la guarida sin intención de luchar, ofreciéndole ayuda. Su excusa fue simple, ya estaba harto de los humanos y de la reina, así que buscaba con quién contar para derrocarla. En un principio, Dahaka lo expulsó amenazante, sin creerle ni una sola palabra, pero cambió de opinión al ver que el hombre estaba rodeado de las criaturas de la noche y este no las tenía controladas. Ese ser humano las veía como un igual.

En tres años Dahaka logró tomar todo el territorio, teniendo de subordinados a los wendigos y skinwalkers. Con la ayuda de los seguidores de aquel hombre pudo penetrar en los pueblos, arrasándolos con crueldad, pero la piedra en el camino eran los cruzados que cada día se unían más e incluso asesinaban a los monstruos fácilmente. Aburrido de perder a sus hombres buscó la zona de prueba donde daba comienzo el examen de los cazadores, encontrando la cabaña. Solo tenía que esperar para eliminar a los novatos que llegaban con el tiempo hasta toparse con Jean.

—¡Qué fue eso ! —gritó Jean saliendo del trance cuando notó que la serpiente iba a devorarle. En esos segundos tuvo dos opciones, que eran intentar levantarse, aun sabiendo que le faltaba menos de un minuto para sanar su cuello, sacrificando así todo su cuerpo, y terminar muriendo comido de pie, paralizado por la fractura, o utilizar su carta de triunfo gastando sus energías y quedando inconsciente por el cansancio—. ¡hasta nunca puto!

Las cañerías de toda la cabaña explotaron, destrozando gran parte de las paredes y juntando el líquido en una enorme bola transparente sobre el pecoso, que fue lanzada como un enorme chorro a alta presión, logrando empujar al drake cientos de metros lejos de la choza. Con cada segundo que el agua le empujaba iba perdiendo parte de su armadura de alquitrán, hasta mostrar sus escamas doradas. Gracias a este ataque también consiguió romperle la mandíbula superior derecha, provocándole una fractura expuesta.

Ambos sabían que la pelea no acabaría allí, a pesar de que Jean también pudo notar a Dahaka adentrarse en sus recuerdos falsos, pero se detuvo al ver a los señores Thompson en la mente del chico. Fue una criatura manipulada, al igual que él, inventándole una vida inexistente con gustos de cosas que quizás no lo eran. Lo peor de todo es que durante los tres años vivió una vida normal para acabar de golpe y ver a uno de sus supuestos progenitores ser asesinado por su compañero. El adolescente incluso se obligó a asesinar a un soldado que hacía su trabajo y fue cuando comprendió que tanto el monstruo como el antiguo eran realmente iguales.

Mascotas, eso es lo que son ambos, como perros que seguían las órdenes de su ser superior, como un quiltro creyendo que tendrá un dueño para al final ser sacrificado con la ilusión en sus ojos; uno de ellos siempre lo supo y por dentro se moría de rabia al saber que no podía hacer nada para cambiar su vida y el otro con la incertidumbre de quién era anteriormente y por qué le borraron sus memorias. Dahaka comprendió que solo eran peones para los sectarios de la túnica blanca.

El cuello del antiguo se sanó por completo. Se levantó sobándoselo, algo molesto, y fue cuando recordó algo.

Max Thompson le había obsequiado un par de aretes al chico para su cumpleaños número diecisiete. El pecoso estaba feliz, ya que por fin le dejarían usar aretes, lo cual significaba que más adelante podría tener tatuajes sin ser recriminado. Ese recuerdo fue desintegrado cuando Dahaka revolvió su mente, mostrándole la verdad oculta en su cabeza, y era que Max le puso los aretes a la fuerza, ya que estos eran sellos que inhibían las habilidades de Jean, debilitándolo cada vez que intentara usarlos cuando recobrara la memoria y les atacara.

—Creo que con esto podré pelear un poco mejor —dijo Jean dando un suspiro y quitándose los aretes, arrojándolos al pastizal. Un intenso dolor recorrió su cuerpo hasta sentir cómo salía de este una energía blanca. Al recobrar el aliento, vio al drake corriendo hacia él con furia, así que el muchacho tomó posición de ataque. Mientras envolvía sus pies con agua, se deslizó como si usara patines bastante rápido.

—Ya no hay… retorno…, chico, solo uno terminará libre esta pelea —dijo Dahaka.

—Trato hecho —dijo Jean recibiendo un puñetazo del drake, pero este lo detuvo cortando el brazo con Fragarach sin ninguna dificultad. El monstruo gritó por el dolor, pero comenzó a lanzar alquitrán hirviendo para quemar al muchacho, que ya había esquivado el ataque. Dahaka giró sobre sí mismo, golpeando con la cola al adolescente, que amortiguó el daño con una bola de agua.

Más esferas de agua fueron lanzadas como balas contra el enorme monstruo y este siguió escupiendo brea caliente que aplastaba el césped. De eso salió un pelotón de treinta hombres hechos de alquitrán y con armas hechas del mismo material. Jean se deslizó contra ellos, cortándoles con Fragarach fácilmente. Dahaka escupió una enorme cantidad de petróleo como si fuera una fuente, pero el antiguo se cubrió usando una enorme burbuja de agua que se iba debilitando cada vez que el dragón le aplicaba más presión.

El pecoso estaba siendo rodeado por los humanoides de brea por detrás, que trataban de entrar en la burbuja. Jean les cortó la cabeza mientras intentaba mantener su escudo intacto; el joven, en un intento por zafarse del interminable ataque, provocó que un montón de agua emergiera debajo del drake, con tal fuerza que lo elevó por los aires unos sesenta metros. El alquitrán quedó derramado en el suelo, pero aun así salieron muchos más hombres, incluyendo manos que agarraron al joven de las piernas.

Jean agitaba la espada rápidamente sin un orden en específico, pareciendo un niño jugando con un palo, con la diferencia de que las ondas cortantes que lanzaba la espada hacían el trabajo por él. Con el agua pudo zafarse de las manos captoras, dándose cuenta de que si pisaba todo el campo estaría atrapado de igual forma, por lo que al usar el agua de sus pies pudo elevarse un par de centímetros sobre el suelo, creando una patineta hecha de esta misma. Siguió elevándose con velocidad, dirigiéndose al drake, que iba cayendo.

Estaba a treinta metros de altura y fue cuando Dahaka giró sobre sí mismo para darle un coletazo al chico, que, sin dudar, le cortó rápidamente, provocando que el monstruo gritara de dolor, cayendo en seco al suelo y levantándose levemente. Ya casi no podía moverse, al faltarle un brazo que sangraba junto a su cola, perdiendo el equilibrio. Decidió lanzar un último ataque juntando todo el alquitrán y lanzándolo como un pilar para atravesar al adolescente, pero este logró esquivarlo gracias al agua cayendo en picado. Más balas de alquitrán fueron lanzadas del pilar, pero fueron contrarrestadas con las gotas de agua.

Jean se dio más impulso con el agua, apuntando hacia abajo con Fragarach hasta llegar donde Dahaka. El impacto fue tal que presionó al drake, quien tenía la espada incrustada en su pulmón izquierdo. El pecoso había caído un par de metros más lejos, envuelto en agua, logrando sobrevivir a la caída. La enorme serpiente estaba inmóvil intentando respirar, mientras vomitaba sangre, que incluso salía de sus fosas nasales, pero el adolescente también sangraba por la nariz al usar tanta energía de golpe.

—¡Hey…, niño!…

—Por fin podrás estar en paz —dijo Jean, cansado, acercándose a la bestia.

—Al final... mis pecados... me consumieron —dijo Dahaka mientras intentaba respirar. El monstruo pudo llorar, pues fue solamente una víctima que tomó el camino equivocado; ya se encontraba delirando, viendo a su padre y a los suyos, que le miraban rodeando a ambos guerreros—. Moriré... libre..., padre.

—Ya deja todo atrás —añadió Jean, sobando las escamas del majestuoso animal—. Si las cosas hubieran sido diferentes, quizás habríamos podido ser amigos.

—Seh..., pero ¿…lo serías… aun conociendo... mis crímenes de guerra?

—Dahaka...

—¿Sí...?, no sabes qué contestar... Ya no importa..., trabajé para ellos... Si quieres saber tu pasado, debes eliminar a esa mujer... El punto débil de un controlador... es él mismo... No hay otra —dijo el drake vomitando.

—Supongo que ya llegamos demasiado lejos como para detenernos —añadió Jean con bastante lástima, casi llorando.

—Ellos me esperan... ya quita esa... espada maldita... El último drake ya debe... partir —dijo Dahaka dando su último suspiro.

—Aguarda, ¿cómo que último? Dahaka, ¡hey!, despierta, hay tanto que quiero... preguntar —dijo Jean echándose a llorar mientras tocaba el tórax del animal muerto con demasiada amargura. Esa fue la primera noche del examen y también la primera bestia que derrotaba, eliminando así al último de la especie de los drake de Arabia.

Mientras tanto, en el fondo de una masa de agua dormía un monstruo marino y una persona miraba el lago, sonriendo levemente y diciendo: «Ya falta poco, amigo mío, muy poco».

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play