Scarlett Padro Castello es una mujer empoderada, CEO de su propia firma de maquillaje y presidenta de una potencia automotriz. Ha construido un imperio desafiando los prejuicios de género, demostrando que su intelecto es tan afilado como su sentido de los negocios. Sin embargo, su mundo perfectamente controlado se tambalea cuando su padre le impone un proyecto junto al gigante tecnológico de la familia Robles Di Bianco. El problema tiene nombre y apellido: Rodrigo Robles Di Bianco.Rodrigo, el frío y calculador dueño del imperio tecnológico, no quiere tenerla cerca "ni en pintura". Su rechazo es visceral; ambos comparten un pasado marcado por escándalos y una competitividad feroz que los llevó a detestarse públicamente. Para Rodrigo, Scarlett es una distracción peligrosa; para Scarlett, Rodrigo es el único hombre que ha logrado herir su orgullo.Lejos de amedrentarse, Scarlett decide utilizar toda su astucia y elegancia para infiltrarse en el mundo del multimillonario.
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Capitulo 18
...SCARLETT:...
Laura, con su habitual perspicacia, no dejaba de recordarme que Rodrigo estaba perdiendo los papeles.
Pero lo que realmente hacía que la situación fuera deliciosa era el hecho de que su esposo estaba en ese mismo momento sacándole la verdad al idiota en un restaurante.
Laura no se detendrá hasta que Tomás le revele todos los secretos de esa conversación que tuvo con Rodrigo.
Y pobre si se atreve a guardar silencio.
La información no tardaría en llegar a mis oídos y eso era una ventaja.
— ¿Recuerdas aquella vez en que decidiste tirar sus cosas a la calle? — le pregunté entre risas, mientras imaginaba el caos que había provocado esa escena.
Laura estalló en carcajadas.
— Bueno, ¿qué esperabas que hiciera? — replicó con un tono casual —. Se puso de su lado cuando el idiota de Rodrigo armó un escándalo por el simple hecho de que ese italiano te intentó besar, como si no pudieras manejar la situación por ti misma
— ¡No me lo recuerdes! — respondí, rodando los ojos mientras me pasaba la mano por el cabello. — Estaba con otra, el muy cínico, y encima montando toda una escena de celos como si fuese el protagonista de una telenovela barata.
Laura asintió mientras levantaba su copa y tomaba un sorbo.
— Es verdad, decidiste lanzarlo a la fuente más por eso que por el simple hecho de querer interrumpir tu momento — comentó con una risa burlona en su voz.
Con un gesto rápido, le di un golpe en la cabeza con la palma de mi mano.
— ¡Eso no sucedió así! — exclamé quejándome —. En fin, asegúrate de averiguar todo lo que Rodrigo le cuente a su achichincle, no quiero perderme ningún detalle.
Ella me miró con una intensidad que podía derretir hielo.
— Bueno, a tu querido esposo — respondí, dejando escapar un tono sarcástico en mis palabras.
Laura, con una mezcla de exasperación y diversión, simplemente rodó los ojos.
— Sabes que Tomás no lo va a dejar en paz, ¿verdad? — dijo, acomodándose en el sofá de cuero blanco que Rodrigo tanto protegía —. Mi marido tiene un doctorado en sacar de quicio a Rodrigo, y más cuando se trata de tí. Estarán analizando ese beso como si fuera el lanzamiento de un nuevo sistema operativo.
Justo en ese momento, escuché el sonido de la cerradura electrónica.
La puerta se abrió y Rodrigo entró, luciendo impecable pero con esa mirada de cansancio que solo aparece después de sobrevivir a una cena con Tomás Torres.
Se detuvo en seco al vernos allí, con las copas en la mano y el ambiente relajado que él tanto detestaba.
— Veo que hay otra visita indeseada — dijo él, cerrando la puerta con una precisión quirúrgica mientras nos recorría con una mirada gélida que no logró intimidarnos —. Laura, no sabía que Tomás te había dado permiso para venir a mi casa a buscar lo que no se te ha perdido.
— Tomás no me da permisos, Rodrigo, somos una sociedad — respondió Laura con una sonrisa traviesa, levantando su copa —. Además, alguien tenía que consolar a Scarlett después de que la dejaras plantada con una excusa tan barata.
Vi cómo la mandíbula de Rodrigo se tensaba al instante.
Caminó hacia nosotros, ignorando la burla de Laura, pero sus ojos verdes se clavaron en los míos con una intensidad que me hizo recordar, una vez más, el fuego del pasillo.
El hecho de que nuestros mejores amigos estuvieran casados significaba que no había rincones donde esconderse; todo lo que pasara entre nosotros sería analizado y criticado por el matrimonio Torres esa misma noche.
— Deberías irte a dormir, Tomás debe extrañarte en casa, ya es tarde — mencionó con una fingida sonrisa.
Laura se encogió de hombros.
— No es un niño, se sabe arropar solo.
Me reí por lo bajo.
— Mañana, Scarlett y yo tenemos la presentación técnica, así que vete — sentenció él, tratando de recuperar el control, aunque su voz sonó un poco más áspera de lo normal —. Y Laura, dile a tu marido que la próxima vez que quiera interrogarme, elija un vino mejor.
Laura se levantó con mala cara, me dió un beso en la mejilla y salió del apartamento.
— Eres un grosero — solté, poniéndome de pie y acercándome a él con la confianza que me daban las copas de vino —. Porque la corres de esa manera.
Rodrigo no me respondió, y eso me hizo enfadar.
— Me parece que lo que realmente te molesta es que Tomás y Laura sepan exactamente lo que está pasando en esta casa... aunque tú sigas fingiendo que nada ha cambiado y que todo sigue intacto.
— Si lo saben, es por tu causa, siguen comportándose como adolescentes chismosas, no te di permiso de que trajeras a Laura a mi casa, te recuerdo que estás bajo mi techo ¿Quieres que vuelva a repetir las reglas?
Él me sostuvo la mirada, y por un segundo, el aire volvió a chispear.
Estábamos atrapados en una red que nosotros mismos habíamos tejido años atrás, el juego del gato y el ratón acababa de convertirse en una partida de ajedrez donde cualquier movimiento en falso nos dejaría en jaque mate.
Pues quien se ceee este 🤭