Ciento veintitrés años después de que la Inquisición del Primer Mandato silenciara un ritual prohibido, extraños acontecimientos comienzan a extenderse por todo el Imperio.
Enkyo, un joven de la ciudad de Newline, sueña con seguir los pasos de los soldados imperiales a pesar de la oposición de su padre. Sin embargo, cuando una expedición de caza termina en tragedia, presencia algo que no debería existir.
Bajo la superficie del mundo, antiguas fuerzas olvidadas desde hace mucho tiempo comienzan a despertar. Mientras verdades ocultas vuelven a emerger y las sombras de una era perdida regresan, Enkyo se verá atrapado entre el Imperio, el conocimiento prohibido y un legado más antiguo que la propia humanidad.
Algunos heredan reinos. Otros heredan pesadillas.
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CAPÍTULO 2 — ¿Qué duerme bajo el mundo? (Parte Il)
Ninguno de los dos advirtió el peligro que se aproximaba lentamente a través del bosque.
Mientras terminaban de preparar el campamento, Enkyo miró a su padre.
—Esta vez haré la guardia.
Thalion lo observó durante unos segundos.
Después se limitó a responder:
—No bajes la guardia.
Su voz era tranquila, pero seria.
—Y si en algún momento sientes que estás a punto de quedarte dormido… no dudes en despertarme.
Enkyo asintió con firmeza.
—Puedes confiar en mí.
Thalion mantuvo la mirada sobre él durante unos segundos más antes de relajarse ligeramente.
La fría brisa del invierno recorrió lentamente el bosque mientras el cansancio comenzaba a vencerlo.
Poco a poco…
Terminó quedándose dormido.
Mientras tanto, Enkyo permaneció despierto, contemplando la oscuridad.
El fuego iluminaba parcialmente su rostro, y su espada descansaba a su lado.
Debo mantenerme completamente alerta…
A varios metros de distancia…
Tres hombres avanzaban por la nieve siguiendo unas huellas.
Uno de ellos llevaba una antorcha, mientras los otros examinaban las huellas sobre la nieve.
—¿Dónde demonios se metió…?
—Ese animal nunca se adentra tanto.
El tercero permanecía en silencio, examinando cuidadosamente el suelo.
Era el dueño del lobo.
De repente…
Sus ojos se detuvieron sobre una pequeña alteración parcialmente cubierta por la nieve.
Se acercó lentamente.
Se agachó.
Y comenzó a apartar la nieve con las manos.
Entonces lo vio.
El cuerpo cercenado de su animal.
La expresión del hombre cambió de inmediato.
Rabia.
Sus ojos se abrieron lentamente mientras apretaba los dientes.
—…Alguien hizo esto.
Su respiración se volvió pesada.
—Alguien hizo esto.
Uno de los otros hombres se acercó con cautela.
—¿Qué vamos a hacer?
El dueño del lobo levantó lentamente la mirada hacia la oscuridad del bosque.
—Lo encontraré.
Su voz era fría.
—Y voy a matarlo.
Mientras tanto…
Enkyo continuaba vigilando el campamento.
Habían transcurrido varias horas.
O, al menos, así lo sentía.
El frío comenzaba a entumecer lentamente su cuerpo.
Para evitar quedarse dormido, decidió levantarse y caminar un poco cerca del campamento.
Solo se alejó unos metros entre los árboles mientras la nieve crujía bajo sus botas.
Aprovechando la distancia, decidió aliviarse cerca de unos arbustos.
Pero justo cuando estaba a punto de hacerlo…
Lo sintió.
Una sensación incómoda.
Como si alguien lo estuviera observando.
El cuerpo de Enkyo se tensó lentamente.
Volvió ligeramente la mirada.
Y entonces lo vio.
Un lobo blanco.
Completamente inmóvil detrás de él.
Sus ojos reflejaban la tenue claridad de la nieve.
Enkyo contuvo la respiración.
Lentamente, intentó llevar la mano hacia su espada…
Pero el animal no le dio oportunidad.
El lobo se abalanzó violentamente sobre él.
Enkyo apenas logró esquivarlo, lanzándose hacia un costado sobre la nieve.
—¡Maldición…!
Intentó regresar de inmediato al campamento, pero la nieve espesa dificultaba cada movimiento.
Sus pasos se hundían.
El frío le quemaba las piernas.
Y el lobo permanecía justo detrás de él.
En medio de la desesperación, Enkyo dejó caer accidentalmente su espada mientras corría entre los árboles.
El arma desapareció parcialmente bajo la nieve.
Respiró con pánico.
Finalmente, consiguió ocultarse detrás de un árbol grueso mientras intentaba recuperar el aliento.
Maldición…
Apenas pude reaccionar…
Sus ojos se abrieron con preocupación.
No puedo creer que haya dejado caer la espada…
El lobo comenzó a olfatear lentamente la zona.
Lo estaba buscando.
Enkyo reparó en una roca cubierta de nieve que se encontraba cerca.
Si consigo distraerlo…
La recogió con cuidado y la lanzó hacia otra parte del bosque.
El impacto resonó entre los árboles.
El lobo volvió la cabeza.
Pero en ese preciso instante…
¡CRAC!
Enkyo pisó accidentalmente una rama seca.
El sonido quebró por completo el silencio.
Los ojos del lobo se fijaron inmediatamente en él.
—¡Maldición!
Enkyo echó a correr de inmediato.
La criatura lo persiguió agresivamente entre los árboles.
Desesperado, Enkyo trepó rápidamente a uno de los árboles cercanos, intentando ganar altura.
Sus manos se aferraron con fuerza mientras ascendía.
Pero entonces…
¡CRRRAC!
El sonido de la madera partiéndose cambió por completo la expresión de Enkyo.
Las raíces del árbol eran inestables.
La nieve había debilitado el terreno.
—No… espera…
El árbol comenzó a inclinarse violentamente.
Enkyo intentó saltar.
Pero ya era demasiado tarde.
El árbol se desplomó junto con él sobre la nieve.
¡BOOM!
El impacto sacudió el bosque.
Enkyo cayó con fuerza y recibió un golpe severo en la cabeza.
La sangre comenzó a brotar lentamente de una herida en su frente.
Su visión se volvió borrosa.
Su cuerpo apenas respondía.
Entonces escuchó unos pasos acercándose lentamente a través de la nieve.
El lobo.
La criatura se aproximó mostrando los colmillos mientras gruñía frente a él.
Enkyo respiraba con dificultad.
Su cuerpo no respondía.
Y por primera vez aquella noche…
Realmente creyó que iba a morir.
El lobo abrió las fauces, preparado para acabar con él.
Pero justo antes de atacar…
¡SCHKKK!
Una espada atravesó brutalmente el cuello del animal.
El cuerpo del lobo se convulsionó violentamente mientras la hoja lo traspasaba por completo.
Thalion empujó el arma con fuerza, ejerciendo presión hasta arrojar a la criatura sobre la nieve.
El lobo murió rápidamente.
El bosque volvió a quedar en silencio.
Enkyo respiraba pesadamente mientras observaba a su padre de pie frente al cadáver.
La nieve caía lentamente a su alrededor.
Thalion permaneció contemplando al animal con una expresión seria.
Después se volvió lentamente hacia su hijo.
Enkyo bajó la mirada.
—Lo siento… papá.
Su voz tembló ligeramente.
—Fue mi culpa…
La tristeza era visible en su rostro.
Pero antes de que pudiera continuar…
Thalion avanzó rápidamente y lo envolvió en un fuerte abrazo.
La reacción tomó completamente por sorpresa a Enkyo.
—Pensé que iba a perderte…
La voz de Thalion se quebró ligeramente.
Incluso algunas lágrimas escaparon de sus ojos.
Enkyo permaneció inmóvil durante unos segundos.
Después también lo abrazó.
—Pensé… que estabas enfadado conmigo.
Thalion negó suavemente con la cabeza.
—Nunca estuve enfadado.
Su voz era baja.
Sincera.
—Estaba preocupado.
El viento frío continuaba recorriendo el bosque.
—No podría vivir sabiendo que algo te ocurrió, hijo.
Thalion se apartó lentamente para examinar la herida de Enkyo.
Después habló con firmeza.
—Será mejor que regresemos a casa.
Miró alrededor del bosque.
—Ya fue suficiente por esta noche.
Enkyo respiró profundamente antes de asentir lentamente.
—Sí…
Su voz todavía se escuchaba algo alterada.
—Estoy de acuerdo contigo.
Justo cuando padre e hijo se disponían a abandonar el bosque…
¡SHKK!
Una flecha atravesó violentamente el cuerpo de Thalion.
Y antes de que Enkyo pudiera reaccionar…
¡SHKK!
Una segunda flecha lo alcanzó a él.
—¡PAPÁ!
Durante un instante, el mundo pareció detenerse.
Enkyo se volvió desesperadamente hacia la dirección de la que había provenido el ataque.
Entre la nieve…
Una figura encapuchada sostenía un arco.
Entonces disparó una tercera flecha.
Enkyo reaccionó por instinto.
Empujó violentamente a su padre hacia el suelo mientras la flecha pasaba cerca y se clavaba en un árbol.
—¡Muévete!
Sujetó rápidamente a Thalion e intentó protegerlo mientras escapaban de la línea de visión, aprovechando la oscuridad y los árboles.
La respiración de Enkyo era inestable.
Desesperada.
Finalmente, consiguió arrastrarlo detrás de una roca cubierta de nieve.
Thalion respiraba con dificultad.
Las flechas no habían alcanzado puntos vitales…
Pero el dolor era insoportable.
La sangre comenzó a teñir lentamente la nieve.
—No… no…
Enkyo intentó partir una de las flechas para extraerla.
Pero en cuanto la movió…
Thalion apretó los dientes con violencia.
Un gemido ahogado escapó de su garganta mientras luchaba por no hacer ruido.
Cada movimiento empeoraba el dolor.
Enkyo estaba temblando.
No sabía qué hacer.
Entonces escuchó la voz de su padre.
—Vete…
Enkyo levantó la mirada de inmediato.
—¿Qué…?
—Vete, hijo.
Las palabras de Thalion salieron entre respiraciones pesadas.
—Corre.
Enkyo negó inmediatamente con la cabeza.
—No voy a abandonarte… ¡No puedo hacerlo!
Thalion cerró los ojos durante unos segundos, soportando el dolor antes de volver a hablar.
—Si te quedas… moriremos los dos.
Su voz tembló ligeramente.
—Tu madre no sobreviviría a la pérdida de ambos.
Enkyo apretó los dientes.
Sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
—Tampoco sobreviviría a la pérdida de ninguno de los dos.
El silencio solo duró unos segundos.
Porque entonces…
Unos pasos comenzaron a acercarse lentamente a través de la nieve.
Los tres hombres.
Estaban siguiendo el rastro.
La voz del dueño del lobo resonó entre los árboles.
—Ya sé que están ahí.
Cerca de ellos se escuchó el sonido metálico de varias armas preparándose.
—Salgan de una vez.
Enkyo respiró profundamente mientras contemplaba a su padre herido.
¿Qué hago…?
Sabía perfectamente que no podría ganar.
Ni siquiera contra uno de ellos.
Pero si conseguía alejarlos…
Tal vez…
Solo tal vez…
Podría darle tiempo a Thalion.
Enkyo sujetó su espada.
Y de repente salió corriendo desde detrás de la roca.
—¡VENGAN!
Cargó directamente contra ellos.
Uno de los hombres apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de recibir un corte profundo en el hombro.
La antorcha cayó sobre la nieve.
—¡Maldito mocoso!
Enkyo continuó corriendo hacia las profundidades del bosque mientras los otros dos lo perseguían agresivamente.
La nieve dificultaba cada paso.
Las piernas le ardían.
El cansancio acumulado comenzaba a vencerlo.
Intentó continuar avanzando…
Pero entonces uno de ellos apareció directamente frente a él.
El impacto lo derribó brutalmente.
Enkyo cayó con fuerza y hundió ambas manos en la nieve mientras intentaba levantarse.
El dueño del lobo se acercó lentamente.
Su rostro estaba deformado por la rabia.
—Tú y tu maldito padre…
Lo sujetó violentamente por el cabello.
—Pagarán esto con sangre.
Después le propinó una brutal patada en el rostro.
El golpe lanzó a Enkyo rodando sobre la nieve mientras escupía sangre.
Intentó levantarse.
Intentó luchar.
Pero el hombre volvió a sujetarlo y lo estrelló contra el suelo.
El cuerpo de Enkyo apenas respondía.
El frío comenzaba a sentirse distinto.
Pesado.
Lento.
El dueño del lobo levantó su arma, preparado para ejecutarlo.
Enkyo apenas podía respirar.
Sentía su cuerpo congelarse.
Y entonces…
Algo ocurrió.
La sangre cayó…
Pero no donde debía.
La sangre de Enkyo comenzó a gotear lentamente sobre la nieve…
Hasta alcanzar algo enterrado bajo la tierra congelada.
Algo…
Que jamás debió ser tocado.
Los hombres se paralizaron de inmediato.
Un débil temblor comenzó a extenderse por el suelo.
La nieve vibró.
Los árboles crujieron.
Y entonces…
¡CRRRRKKKK!
La tierra comenzó a abrirse bajo ellos.
Una grieta empezó a formarse en el bosque.
Oscura.
Profunda.
Imposible.
Enkyo la observaba desde el suelo, apenas consciente.
Pero incluso en aquel estado…
Sintió algo.
Miedo absoluto.
No era el miedo a morir.
Era algo peor.
Algo que su cuerpo no podía comprender.
La grieta continuó ensanchándose.
Y desde aquella oscuridad…
Algo comenzó a emerger.
Primero apareció un líquido.
Después, una forma.
Luego, una estructura.
Una entidad.
Su cuerpo se formó lentamente, adoptando una apariencia oscura y completamente desnuda.
Pero no había nada humano en ella.
Nada.
Los hombres retrocedieron horrorizados.
El arquero fue el primero en reaccionar.
Disparó una flecha.
Después otra.
Pero las flechas se desviaron de su trayectoria.
Como si el propio espacio se deformara a su alrededor.
—¿Qué…?
Volvió a disparar con desesperación.
Pero ninguna logró alcanzar su objetivo.
La criatura levantó lentamente la mirada.
Sus ojos amarillos se fijaron en él.
El hombre se paralizó.
Incapaz de moverse.
Temblando.
Sin poder respirar correctamente.
Entonces…
La criatura alzó una mano.
Sus dedos comenzaron a alargarse de manera antinatural.
Como látigos de carne.
Con un solo movimiento…
Atravesaron por completo el cuerpo del arquero.
Y al instante siguiente…
El hombre explotó en fragmentos de carne y sangre.
El bosque quedó cubierto de restos.
El dueño del lobo gritó y cargó desesperadamente contra la entidad.
Pero antes de que pudiera alcanzarla…
Su cuerpo se detuvo.
No podía moverse.
Ni hacia adelante.
Ni hacia atrás.
Ni respirar.
Sus ojos permanecieron abiertos mientras temblaba de manera incontrolable.
Incluso su mandíbula vibraba de terror.
La criatura se acercó lentamente.
Y levantó un solo dedo frente a su rostro.
Sin tocarlo.
Sin contacto alguno.
Pero entonces…
Los ojos del hombre fueron expulsados violentamente de sus órbitas.
Y segundos después…
Su cuerpo explotó desde el interior.
Sangre.
Huesos.
Órganos.
Todo quedó esparcido sobre la nieve.
Enkyo contemplaba la escena desde el suelo.
Incapaz de moverse.
Incapaz siquiera de gritar.
Solo podía pensar una cosa:
Voy a morir.
La criatura levantó lentamente una mano hacia la sangre derramada.
Y aquella masa comenzó a elevarse.
Como partículas líquidas suspendidas en el aire.
La sangre empezó a deformarse.
A reconstruirse.
Hasta formar otra criatura.
Mucho más pequeña.
Esta se inclinó inmediatamente.
—Mi lord…
Enkyo logró comprender aquellas palabras.
Pero lo que pronunció después…
Pertenecía a un idioma completamente desconocido.
Una lengua imposible.
La entidad principal permaneció en silencio durante unos segundos.
Después, ambas comenzaron a alejarse lentamente a través de la nieve.
Pero antes de desaparecer…
La primera entidad se detuvo.
Y volvió lentamente la cabeza hacia Enkyo.
El joven sintió que su corazón se detenía.
No podía dejar de temblar.
Aquellos ojos amarillos…
Transmitían algo imposible de describir.
Como si, mientras aquella cosa existiera…
Nada en el mundo pudiera estar realmente a salvo.
La nieve caía lentamente entre ambos.
Y entonces…
La figura comenzó a desvanecerse poco a poco en medio de la tormenta blanca.
Hasta desaparecer por completo.
El bosque quedó en silencio.
Enkyo dejó escapar una respiración pesada y entrecortada.
Y finalmente…
Perdió el conocimiento.
también me gusta que cada uno tenga una persona la diferente a pesar de que todavía no hay un desarrollo completo de personajes, también puedo notar que en este tipo de trabajo mejor dicho obra, veo una forma expresiva y un léxico muy notable, la manera en Cómo surge una batalla y cómo se logra entender es algo que pocos autores logran describir
estoy muy ansioso de seguir con este tipo de obra la verdad, no muchas veces se ve algo con bastante potencial y de verdad me enamoro de las relaciones que tiene los personajes y el conflicto que hay🩷🩷
I'm truly surprised; the story is increasingly drawing me in and captivating me. And I really don't know how to explain the feeling of how all of this is unfolding at a spectacular pace../Drool//Drool/