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TU NOMBRE EN MI ANILLO

TU NOMBRE EN MI ANILLO

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / CEO / Posesivo
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Mahary Garcia

Valeria Bellucci jamás imaginó que terminaría casada con el hombre más poderoso y frío de la ciudad.

Acorralada por las deudas de su familia, acepta un matrimonio por contrato con Enzo Ricci, un CEO multimillonario conocido por destruir a cualquiera que se interponga en su camino.

Las reglas eran simples: — No enamorarse.
— No interferir en la vida del otro.
— Mantener la apariencia de un matrimonio perfecto.

Pero vivir bajo el mismo techo con un hombre obsesivo, dominante y lleno de secretos hará que Valeria descubra que detrás de aquella mirada fría existe un pasado capaz de destruirlos a ambos.

Lo que comenzó como un simple acuerdo terminará convirtiéndose en una guerra de celos, deseo y sentimientos prohibidos.

Porque algunos contratos pueden firmarse con tinta…
pero otros terminan grabándose en el corazón.

NovelToon tiene autorización de Mahary Garcia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 17 - LO QUE EMPIEZA A SENTIRSE REAL

Enzo

Leonardo Bellucci tenía el peor sentido de la oportunidad que había conocido en mi vida.

El hombre acababa de salir de una cirugía delicada, llevaba días hospitalizado y aun así encontraba energía para hacer comentarios incómodos cada vez que Valeria y yo estábamos en la misma habitación.

—La tensión romántica aquí ya me está subiendo la presión otra vez —dijo con voz débil.

Valeria cerró los ojos inmediatamente.

—Papá…

Yo desvié la mirada apenas, intentando ocultar la pequeña risa que casi salió.

Leonardo sonrió satisfecho.

—Ah, mira eso… sí sabe reír.

—No deberías hablar tanto —dijo Valeria acercándose rápidamente a la cama.

—Y tú deberías relajarte más.

—Acabas de salir de una cirugía.

—Y sigo vivo. Dramática igual que tu madre.

El ambiente cambió apenas con esa última frase.

Lo noté inmediatamente.

Valeria también.

Su expresión se suavizó solo un poco.

Lo suficiente para que entendiera cuánto extrañaba a esa mujer.

Me quedé observándolos en silencio.

La manera en que ella acomodaba las cobijas de su padre.

La manera en que él la miraba como si todavía fuera una niña.

Y algo incómodo se movió dentro de mí.

Porque yo no tenía recuerdos así.

No de verdad.

—¿Vas a quedarte parado ahí viéndonos como guardia de seguridad? —preguntó Leonardo de pronto.

Valeria suspiró.

—Papá…

Lo miré apenas.

—Estoy bien aquí.

—No, no estás bien ahí. Me pone nervioso.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Creo que le agradas.

—Creo que me tolera —respondí.

Leonardo levantó una ceja.

—Todavía estoy decidiendo.

Silencio.

Y extrañamente… no se sintió incómodo.

Dos horas después, Valeria finalmente aceptó salir de la habitación para comer algo.

Aunque “aceptó” era una forma elegante de decir que prácticamente la obligué.

Estábamos sentados en una cafetería privada dentro del hospital. Ella revolvía el café distraídamente mientras miraba por la ventana.

—No tienes que quedarte aquí todo el tiempo —dijo de pronto.

La observé unos segundos.

—Ya tuvimos esta conversación.

—Sí, pero sigo sin entender por qué lo haces.

Tomé un poco de café antes de responder.

—Tu padre está hospitalizado.

Ella levantó la mirada.

—Y tú eres un empresario multimillonario que probablemente tiene cien cosas más importantes que hacer.

—Noventa y ocho.

Eso hizo que soltara una risa pequeña.

Y maldita sea.

Me gustó demasiado escucharla.

Valeria negó lentamente con la cabeza.

—No eres como pensé que eras.

Eso me hizo tensarme apenas.

—No deberías confiar tanto en lo que ves.

Ella apoyó los brazos sobre la mesa.

—Entonces dime qué debería ver.

Silencio.

La observé.

Cabello ligeramente desordenado.

Ojos cansados.

Pero fuertes.

Siempre fuertes.

—Nada —respondí al final.

Ella frunció el ceño.

—Eso no tiene sentido.

—Lo sé.

Valeria me sostuvo la mirada unos segundos más.

Luego bajó la vista hacia su taza.

—Camila sí te quiso, ¿verdad?

La pregunta me tomó desprevenido.

—¿Por qué preguntas eso?

—Porque la gente no se obsesiona así si no hubo algo importante.

Exhalé lentamente.

—Hubo algo importante.

—¿Y qué pasó?

Silencio.

No hablaba de eso.

Nunca.

Pero por alguna razón con ella…

las cosas salían diferentes.

—Ella quería una vida conmigo —dije finalmente—. Solo que no la misma vida que yo estaba dispuesto a darle.

Valeria me observó en silencio.

—Eso sonó triste.

—No lo era al principio.

Ella bajó la mirada otra vez.

—¿Y ahora?

La observé unos segundos.

—Ahora es peligroso.

El silencio volvió.

Pero esta vez no fue incómodo.

Fue pesado.

Porque ambos entendimos que hablábamos de mucho más que Camila.

Esa noche Leonardo insistió en que Valeria regresara a descansar a la mansión.

Y después de veinte minutos discutiendo con él, finalmente aceptó.

Aunque claramente no quería hacerlo.

En el auto, ella permaneció callada casi todo el camino.

Mirando las luces de la ciudad pasar por la ventana.

—Estás pensando demasiado —dije.

—Y tú muy poco.

Solté una pequeña exhalación divertida.

—Eso es mentira.

—No parece.

La miré apenas de reojo.

—¿Qué quieres decir?

Valeria giró ligeramente hacia mí.

—Que haces cosas contradictorias.

—¿Como cuáles?

—Como actuar frío todo el tiempo pero aparecer en el hospital cada vez que algo pasa.

No respondí.

Ella continuó:

—O decir que esto es un contrato mientras prácticamente conviertes tu vida en un sistema de seguridad para mí.

Mi mandíbula se tensó apenas.

—Es más complicado que eso.

—Siempre dices eso.

—Porque lo es.

Silencio.

Luego ella suspiró.

—Empiezo a odiar esa frase.

No respondí.

Porque la verdad era peor.

La verdad era que ya no sabía cómo detener esto.

Cuando llegamos a la mansión ya era casi medianoche.

Valeria se quitó los zapatos apenas entró y caminó lentamente hacia la sala.

—Tu casa sigue pareciendo museo —murmuró.

Dejé las llaves sobre la mesa.

—Y tú sigues criticando mi decoración.

—Porque no existe decoración.

Ella se dejó caer sobre el sofá soltando un suspiro largo.

Por primera vez desde que la conocía parecía realmente agotada.

Me quedé observándola unos segundos.

Demasiados.

—¿Qué? —preguntó al notar mi mirada.

—Nada.

—Mentira.

Me acerqué lentamente.

—Deberías dormir.

—No puedo.

—¿Por qué?

Valeria bajó la mirada.

Y cuando volvió a hablar, su voz salió más baja.

—Porque siento que si me relajo algo malo va a pasar.

Esa frase golpeó algo dentro de mí.

Porque la entendía demasiado bien.

Me senté frente a ella.

—No va a pasar nada esta noche.

Ella soltó una pequeña risa cansada.

—¿Promesa de multimillonario controlador?

—Algo así.

Valeria me observó unos segundos.

Y entonces ocurrió algo inesperado.

Se acercó apenas.

Muy poco.

Pero suficiente para alterar completamente el aire entre nosotros.

—Gracias —murmuró.

Mi mirada bajó involuntariamente hacia sus labios.

Error.

Grave error.

Porque ella lo notó.

Y yo también noté cuando su respiración cambió apenas.

Silencio.

Uno peligrosamente distinto.

Mi mano se movió antes de pensarlo demasiado.

Aparté un mechón de cabello de su rostro lentamente.

Ella no se alejó.

Maldita sea.

No se alejó.

—Enzo… —susurró.

Y justo cuando estaba a punto de perder completamente el control…

sonó una alarma en mi teléfono.

Los dos nos alejamos inmediatamente.

Miré la pantalla.

Seguridad privada.

Contesté al instante.

—Habla.

La voz del guardia sonó seria.

—Señor Ricci… encontramos a alguien intentando entrar a la mansión.

1
ERICA ESTRADA PEREZ
Aque se refiere jajaja jajaja jajaja y🤭 doble sentido será por un niet@
Alix Sarmiento
está muy buena esta trama
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