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Alma De Esmeralda

Alma De Esmeralda

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Mujer poderosa
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

"Fui subastada al diablo, pero él no sabía que yo sería su infierno."
En el Amazonas, todo tiene un precio. Mía fue vendida como mercancía al hombre más temido de Sudamérica: Renzo Cavalli. Él la compró para poseerla y quebrarla, pero subestimó el fuego bajo su piel de seda.
Entre huidas por la selva, traiciones y una pasión letal, Mía deberá decidir: ¿hundir el puñal en su espalda o convertirse en la reina de su imperio de sangre?

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Capítulo 17

El aire en la oficina se volvió irrespirable. Renzo caminó hacia ella con la pesadez de un verdugo, cada paso haciendo crujir el suelo. Mía no retrocedió; aunque temblaba, mantuvo el teléfono satelital contra su pecho como si fuera un escudo.

—¿Con quién hablabas, Mía? —repitió él, su voz era un susurro letal—. Dame el teléfono.

—¡Hablaba con mi madre! —gritó ella, y la palabra "madre" golpeó a Renzo como un impacto físico. Él se detuvo en seco—. Me dijo la verdad, Renzo. Me dijo que tú no eres mi salvador. Me dijo que tú provocaste que el cartel viniera por mí. ¡Que me usaste como cebo para limpiar los pecados de tu padre!

Renzo cerró los ojos un segundo y, cuando los abrió, la furia estalló. Con un rugido animal, barrió todo lo que había sobre su escritorio de un solo golpe. Lámparas de cristal, documentos y computadoras volaron por los aires, estrellándose contra las paredes de obsidiana.

—¡No sabes de lo que hablas! —rugió él, agarrándola por los hombros y sacudiéndola levemente—. ¡Tu padre le robó algo a mi familia que valía más que todas estas mansiones juntas! ¡Yo solo quería recuperar lo que era mío!

—¡Y decidiste que "lo que era tuyo" era yo! —le escupió ella, con lágrimas de rabia quemándole las mejillas—. ¡Me compraste como si fuera una pieza de repuesto para tu maldita conciencia!

Mía empezó a golpearle el pecho con los puños, una lluvia de golpes desesperados. Renzo los recibió todos, sin inmutarse, dejando que ella descargara su odio. Pero entonces, el agotamiento y el dolor emocional vencieron a Mía. Sus golpes se volvieron caricias torpes y, sin darse cuenta, terminó agarrándose a la camisa manchada de barro de Renzo, hundiendo su rostro en su pecho y sollozando con una vulnerabilidad que lo destrozó.

Inconscientemente, mientras lo maldecía, sus dedos buscaban el calor de su piel, y su cuerpo se aferraba al de él buscando consuelo, como si él fuera el único refugio en el mundo que él mismo había destruido.

Renzo soltó un gemido de dolor puro y la rodeó con sus brazos, apretándola contra sí con una desesperación que rozaba la locura.

—Sí... —susurró él contra su cabello, su voz quebrada—. Sí, causé que te buscaran. Pero en cuanto te vi en esa pantalla de la subasta, en cuanto vi esos ojos desafiantes... el plan desapareció. Ya no quería el secreto de tu padre, Mía. Te quería a ti.

Él la levantó y la sentó sobre el escritorio despejado, acorralándola entre sus brazos. Sus rostros estaban a milímetros.

—Me enamoré de mi presa —confesó él, y por primera vez, Mía vio lágrimas en los ojos del monstruo—. He gastado millones para protegerte de mis propios enemigos. He matado a mis propios socios para que no te tocaran. Todo lo que he hecho, incluso traerte a esta selva, ha sido para que nadie más pudiera encontrarte.

—Eso no es amor, Renzo —susurró ella, aunque su mano, actuando por cuenta propia, subió para limpiar una mancha de barro de la mejilla de él con una ternura infinita—. Eso es una obsesión enferma.

—Llámalo como quieras —él capturó su mano y besó la palma con una devoción aterradora—. Pero no vas a irte. Ahora que sabes la verdad, te cuidaré con más ferocidad. No me importa que me odies, mientras me odies aquí, en mis brazos.

Renzo la besó entonces con una mezcla de arrepentimiento y posesión salvaje. Mía intentó morderle el labio, pero terminó devolviéndole el beso con una necesidad hambrienta. Odiaba la verdad, odiaba al hombre, pero el vínculo que se había forjado entre ellos en la oscuridad de la oficina era más fuerte que cualquier traición.

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Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjajaja te desafía cavalli ...🤭🤭es una pequeña diablilla..
Elena Yobany Santacruz Alejandria
waooo una guerra de seducción..hermosa... excelente escritora.
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