Marcada desde la juventud por un pacto desesperado entre su progenitor y un ser de la noche, Bibiana es reclamada como la compañera eterna del hijo de un linaje maldito. Al cruzar el umbral del mundo sobrenatural, la resistencia se mezcla con la atracción. Entre secretos familiares oscuros y una pasión prohibida que desafía la inmortalidad, ella descubrirá que no es una humana común, y que el trato de su padre fue solo el inicio de una profecía de sangre
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Capítulo 18 - El despertar de las sombras
Casa de los Anderson – Estudio de Ignacio
Ignacio permanecía de pie tras su escritorio, con la mandíbula tensa. La revelación de Elena había caído como un rayo en la habitación.
—Estoy esperando, hija —dijo Ignacio con voz ronca—. Cuéntame todo lo que sepas sobre ese hombre.
—Sí, papá... —Elena bajó la mirada, fingiendo preocupación—. Bibiana se enamoró de un desconocido que vive en el bosque. Se besó con él y Matt, el pobre Matt, lo vio todo. No te imaginas cómo está ese muchacho. Ella lo dejó por un capricho, papá.
Ignacio cerró los ojos, sintiendo un escalofrío. —¿Cómo es posible que mi hija actúe así? ¿Dónde está ahora?
—Salió a buscar a Matt para terminar de romperle el corazón —añadió Elena con veneno—. Dice que tiene una conexión especial con ese tipo.
—Cuando regrese, hablaré con ella —sentenció Ignacio—. No permitiré que juegue así con los sentimientos de nadie. Pero hay algo más que me inquieta... esa "conexión".
—Papá... —Elena dudó un segundo antes de soltar la estocada final—. Hay algo que no te dije. Antes de conocer a ese hombre en persona, Bibiana soñaba con él. Todas las noches.
Ignacio se hundió en su silla, palideciendo. Los sueños. El lazo. El pacto. "No puede ser él", pensó con terror.
. Casa de Matt – Sala de estar
—¡Suéltame! Me estás lastimando —exclamó Bibiana, forcejeando contra el agarre de Matt.
—¡No te voy a soltar! —rugió él, con los ojos inyectados en sangre por la furia—. ¡Dime qué sientes por ese imbécil! ¡Dímelo a la cara!
Bibiana dejó de luchar y lo miró con una mezcla de lástima y determinación. —Está bien, si tanto quieres saberlo, te lo diré. Siento algo muy fuerte por Adam. Me sentí atraída hacia él mucho antes de conocerlo físicamente.
Matt retrocedió como si le hubieran dado un golpe en el estómago. —¿Ese tipo es el hombre con el que soñabas? ¿El de tus pesadillas?
—Sí. Y cuando lo vi por primera vez, no pude evitar que esa atracción creciera hasta convertirse en esto. Lo siento, Matt.
—¡Vete! —gritó Matt, señalando la puerta con el dedo tembloroso—. ¡Lárgate de aquí, Bibiana!
Ella salió de la casa sin mirar atrás. En cuanto la puerta se cerró, Matt estalló en un grito de agonía y comenzó a romper todo lo que encontraba a su paso. Jarrones, cuadros y muebles volaron por la sala hasta que Martina entró corriendo y lo envolvió en un abrazo.
—¡Hijo, cálmate por favor!
—¡No quiero calmarme! —sollozó él, hundiéndose en los brazos de su madre—. Me fue infiel... me cambió por ese tipo. ¿Por qué me pasa esto a mí?
Martina le acarició el cabello con tristeza. —Te lo dije, hijo. Esa joven solo te traería sufrimiento. Ella nunca será para ti; su camino es otro.
El Bosque Profundo
Adam estaba sentado en una de las ramas más altas de un roble milenario, con la mirada perdida en la inmensidad del horizonte verde. El sonido de unos pasos ligeros sobre la hojarasca lo hizo reaccionar.
—¡Adam! —llamó Bibiana desde abajo.
—¡Bibi! —respondió él con alegría. En un abrir y cerrar de ojos, descendió velozmente del árbol, aterrizando frente a ella con una agilidad sobrenatural que apenas levantó polvo.
Bibiana lo miró con asombro, inclinando la cabeza hacia atrás para ver la copa del árbol.
—¿Por qué estabas subido ahí? Es altísimo.
—Estaba viendo el paisaje —explicó él con una sonrisa relajada—. Desde ahí arriba, el mundo parece otro.
—¿De verdad se puede ver todo desde lo alto de esa rama?
—Sí, es impresionante. ¿Quieres verlo? —le propuso Adam, extendiéndole la mano.
Bibiana dudó un segundo, sintiendo un escalofrío al mirar la altura.
—Me da un poco de miedo... ese árbol es demasiado alto para mí.
Adam se acercó y le tomó las manos con suavidad, transmitiéndole seguridad.
—No te vas a caer, te lo prometo. Yo te voy a sostener y no te voy a soltar por nada del mundo. Confía en mí.
Bibiana lo miró a los ojos y, al ver la determinación en su mirada, sus miedos se disiparon.
—Está bien —cedió con una sonrisa valiente.
Se acomodó en la espalda de Adam, rodeando su cuello con fuerza. Él se aseguró de que estuviera firme y, con un impulso poderoso, comenzó a subir velozmente de rama en rama. Bibiana cerró los ojos un instante, sintiendo el viento golpear su rostro y la adrenalina recorrerle el cuerpo mientras ascendían hacia el cielo.
Bar del Pueblo – Noche
Matt seguía bebiendo, con la mirada perdida y el alma vacía. Su amigo David intentaba consolarlo, pero era inútil.
—Una mujer así no vale la pena, Matt. Tienes que olvidarla.
—No puedo... —masculló Matt, pidiendo otra cerveza—. La amo. Pero sé que ahora mismo... ella debe estar en los brazos de ese otro hombre. Y eso es algo que no voy a soportar.
(Bosque - En lo alto del roble milenario)
Sentados sobre la rama más firme, rodeados por el susurro de las hojas y la inmensidad del cielo, el mundo parecía estar a sus pies. Bibiana observaba el horizonte, maravillada.
—¿Siempre haces esto? —preguntó ella, bajando la voz como si no quisiera romper el encanto.
—A veces —respondió Adam, con la mirada perdida en los colores del atardecer—. Sobre todo cuando quiero ver cómo el sol se oculta sin el miedo de que su luz me destruya.
Bibiana lo miró de perfil, fascinada por su misterio.
—Dime algo... ¿qué se siente realmente ser un vampiro?
Adam suspiró, y su expresión se volvió solemne.
—Ser un vampiro es un don, pero también es una maldición. Te convierte en un monstruo que debe quitar vidas para poder sobrevivir. Es una carga pesada, Bibi.
—No todos son monstruos —replicó ella con firmeza—. Tú eres diferente. ¿Por qué le mentiste a Matt? ¿Por qué le dijiste en sus sueños que yo todavía lo amaba a él?
Adam bajó la cabeza.
—Porque creí que era lo correcto. Es casi imposible que me ames a mí en tan poco tiempo, mientras que Matt ha sido tu compañero por meses. Quería devolverte la paz de tu vida normal.
—Mis sentimientos cambiaron, Adam —sentenció ella, obligándolo a mirarla.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Ese último beso lo aclaró todo. Ya no tengo dudas. En estos momentos puedo decirte con total seguridad que ya no amo a Matt... te amo a ti.
Sin esperar respuesta, Bibiana lo atrajo hacia ella y lo besó. Fue un beso que selló su destino en las alturas del bosque. Cuando se separaron, Adam la miró con una mezcla de asombro y temor.
—¿Estás segura de que esto es amor de verdad? —preguntó él en un susurro.
—¿Por qué lo dudas?
—Bibi... podrías estar confundida. Es posible que solo te atraiga mi inmortalidad, que el misterio te haga creer que es amor.
Bibiana tomó su rostro entre sus manos.
—No estoy confundida. Sé perfectamente lo que siento. No me importa tu inmortalidad ni tus poderes; me enamoré de ti por quién eres, por cómo me tratas y por cómo me haces sentir. Lo que siento por ti es tan fuerte y hermoso que borró todo lo que alguna vez sentí por Matt. Por eso terminé con él. Te amo, Adam.
Una chispa de felicidad pura iluminó los ojos de Adam, deshaciendo la frialdad de su naturaleza.
—Yo también te amo, Bibi —respondió él, con el corazón rebosante.
Se fundieron en un beso apasionado, ignorando que el mundo real, con sus pactos y peligros, seguía esperándolos abajo.
Estudio de Ignacio
Ignacio permanecía en silencio absoluto tras la última frase de Elena. La mención de los sueños premonitorios era la pieza que faltaba en el rompecabezas de su pesadilla.
—¿Soñaba con él? —repitió Ignacio, casi sin voz.
—Sí, papá —asintió Elena—. Decía que era como si lo conociera de siempre.
Ignacio se levantó bruscamente y caminó hacia la ventana que daba al bosque. "El pacto de Canadá", pensó con desesperación. "Marcelo Soler ha encontrado a mi hija". Sabía que no se trataba de un simple romance; era el reclamo de una deuda de sangre que estaba a punto de cobrarse