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Matemos Las Ganas

Matemos Las Ganas

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor de la infancia / Completas
Popularitas:36.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Novela no apta para 🔞🔞🔞

"Cinco años de silencio no fueron suficientes para apagar el fuego."
Mía es la heredera perfecta; Julián, el hombre que ella traicionó cuando él no tenía nada. Ahora, él ha vuelto: es un abogado poderoso, letal y viene de la mano de la prima de Mía.
Atrapados en una red de mentiras, ella finge amar al mejor amigo de él mientras Julián la devora con la mirada en cada rincón de la mansión. Entre pasillos oscuros y encuentros prohibidos, el odio se mezcla con una pasión incontenible.
Las excusas se terminaron. Es hora de dejar de huir y matar las ganas, aunque el precio sea destruirlo todo.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Cuentas de vidrio y sangre

El hospital de la zona tenía ese olor aséptico y frío que a Mía siempre le había provocado náuseas. Estaba sentada en la camilla de urgencias, envuelta en una bata blanca que le quedaba grande, mirando el goteo constante del suero. Los médicos ya habían hecho su parte: limpiar las raspaduras de sus hombros y recetar algo para la crisis de ansiedad. Pero no había medicina que pudiera borrar la sensación de las manos de Marcos sobre su piel.

Julián se había negado a dejarla sola hasta que la policía lo obligó a presentarse en la comisaría para prestar declaración.

—No te muevas de aquí —le había susurrado antes de irse, besando sus manos vendadas—. Te juro que cuando regrese, ese animal no volverá a ver la luz del sol.

En la comisaría central, el ambiente era eléctrico. Julián estaba sentado frente a un detective, con la camisa blanca manchada de sangre y los nudillos vendados, relatando cada segundo del horror en la cabaña. Su voz era un bisturí: precisa, fría y letal. Estaba usando todo su conocimiento como abogado para asegurarse de que Marcos no tuviera una sola grieta por la cual escapar.

—El acusado entró por la fuerza, agredió físicamente a la víctima y hubo un intento claro de violación —declaró Julián, golpeando la mesa con el puño—. Quiero que se registren las amenazas verbales y el estado de embriaguez.

De repente, las puertas batientes de la comisaría se abrieron de par en par. Ricardo Van Doren entró como un huracán, con el rostro desencajado y el aliento entrecortado. Se dirigió directamente al mostrador de cristal, ignorando a los oficiales que intentaban detenerlo.

—¡¿Dónde está?! —rugió Ricardo—. ¡¿Dónde tienen a esa porquería?! ¡Exijo que no lo suelten! ¡Ese infeliz intentó destruir a mi hija!

Julián se levantó lentamente de su silla, saliendo de la oficina del detective. Al ver a Ricardo, una mueca de asco cruzó su rostro.

—Llega tarde para fingir que le importa, Van Doren —dijo Julián, su voz resonando con una autoridad que hizo que los oficiales se detuvieran.

Ricardo se giró hacia él, con los ojos inyectados en sangre.

—¿Tú me hablas a mí de llegar tarde? ¡Ese hombre era mi socio! ¡Confié en él! ¡Mía iba a casarse con él para salvarnos!

—¡Exacto! —Julián caminó hacia él hasta quedar a pocos centímetros, obligando a Ricardo a retroceder contra el mostrador—. Usted se la presentó. Usted la empujó a los brazos de un depredador porque lo único que le importaba era ver sus cuentas bancarias llenas y su apellido en los periódicos de sociedad.

—¡No te atrevas a culparme! Yo quería lo mejor para ella...

—Usted quería lo mejor para su billetera —le interrumpió Julián, su dedo índice apuntando directamente al pecho de Ricardo—. Sabía que Marcos era un inestable, sabía que estaba obsesionado, pero le entregó a Mía en bandeja de plata como si fuera una mercancía de su empresa. Lo que pasó en esa cabaña es, en gran parte, culpa de su codicia. Usted la vendió, Ricardo. Y ahora tiene el descaro de venir aquí a pedir justicia cuando usted fue el primero en vulnerarla.

Ricardo intentó levantar la mano para golpearlo, pero Julián le atrapó la muñeca en el aire con una fuerza que hizo que el hombre mayor soltara un gemido de dolor.

—No vuelva a intentarlo —advirtió Julián, sus ojos oscuros brillando con una promesa de violencia—. Ya no tiene poder sobre mí, ni sobre ella. Mía está en un hospital ahora mismo porque usted prefirió el dinero antes que la seguridad de su propia sangre. Usted es tan porquería como el hombre que está en esa celda.

Los oficiales intervinieron, separándolos, pero el daño ya estaba hecho. Ricardo miró a su alrededor, dándose cuenta de que todos en la comisaría lo miraban con desprecio. Los murmullos sobre sus deudas fiscales y su falta de ética ya habían empezado a circular. El gran Ricardo Van Doren no era más que un viejo patético aferrado a un imperio de cenizas.

—No la vas a ver —sentenció Julián mientras se ajustaba el saco—. Mía ha pedido expresamente que no se le acerque. Para ella, usted murió en esa oficina cuando confesó lo de mi madre. Quédese aquí, con su "socio" y su miseria.

Julián se dio la vuelta, dejando a Ricardo gritando incoherencias en medio de la comisaría. Salió a la calle, respirando el aire frío de la noche, y se subió a su auto. Tenía que volver al hospital. Sabía que la batalla legal sería larga y que Marcos usaría todo su dinero para defenderse, pero Julián estaba dispuesto a quemar el mundo entero con tal de que Mía pudiera dormir tranquila.

Cuando Julián entró en la habitación del hospital, la encontró dormida, pero su sueño no era tranquilo. Sus manos se movían bajo la sábana, como si estuviera tratando de alejar algo. Él se sentó en la silla junto a la camilla, tomó su mano con una suavidad infinita y se quedó allí, vigilando sus sueños.

—Ya pasó, reina —susurró, besando sus dedos—. Nunca más nadie te va a usar como moneda de cambio. Te lo prometo por mi vida.

Mía abrió los ojos lentamente. Al ver a Julián, el terror desapareció de su mirada, reemplazado por una paz frágil.

—¿Se fue? —preguntó ella con voz queda.

—Se fue. Y tu padre también —respondió él, acariciándole el cabello—. Estamos solos, Mía. Por primera vez en la vida, somos solo tú y yo.

Mía apretó su mano, sabiendo que el camino de regreso sería difícil, pero que con Julián a su lado, ya no tenía miedo de las sombras. El apellido Van Doren ya no pesaba; ahora solo importaba el latido compartido de dos corazones que habían sobrevivido al infierno.

1
Tere Jimenez
gracias por compartir muchas felicidades
Tere Jimenez
muy hermosa novela muchas felicidades y gracias por compartir te deseo muchos éxitos más gracias un abrazo
Tere Jimenez
que pasara se va a dar cuenta que está en la oficina o escapara
Martha Patricia Corozo Angulo
Bonita historia 🤗😊💞
Sonia Cheuquepil
me encantó!!
Rosa Rodelo
Foto de los protagonistas de la historia 🥰🥰
Edith Villamizar
EXCELENTE
Edith Villamizar
me encantó esta historia candente 🔥
muchas gracias 🌹
Jul Mesa
Muy buena tu novela felicitaciones
Maria M. Rosario
Asi me gustan cortas pero con esencia muy bonita.
Maria M. Rosario
Que salvaje este chico, la verdad es q la avaricia no tiene limites.
Maria M. Rosario
Waoo, la ambiciòn y el desecho no don buenos aliados.
Maria M. Rosario
Me gusto su entrega.
Maria M. Rosario
Esto se esta complicando. Ella debe decirle a Julian todo.
JANET GARZÓN
Julián quiere vengarse de Mía Pero ella no tiene la culpa, ella sacrificó su felicidad para salvar a la madre de el x eso obedeció a Ricardo
Lisbeth Torres
excelente
Isabelen Marquez
en esta vida todo se paga ☺️
Isabelen Marquez
en esta vida todo se paga ☺️
Isabelen Marquez
me encanta, queremos más en este estilo erótico 🥰🥰🥰
Isabelen Marquez
me encanta esta historia, pero más Julián ❤️❤️❤️
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