milena es una princesa que luchara por el trono
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La verdad oculta
El viento golpeaba con fuerza las montañas de Varkel, como si intentara borrar las palabras que acababan de ser dichas. Pero ya era tarde.
Milena no apartaba la mirada del hombre.
—Habla claro —exigió—. ¿A qué te refieres con que no es un enemigo?
El hombre la observó en silencio, como si midiera cuánto estaba lista para escuchar.
—A lo que enfrentan… no es una persona, ni un grupo común —dijo finalmente—. Es un sistema.
Lysandra frunció el ceño.
—Eso no explica nada.
—Lo hará —respondió él—. Pero deben entender algo primero.
Caminó lentamente alrededor de ellas.
—Los reinos… los gobiernos… las guerras… todo ha sido manipulado durante generaciones.
Milena sintió un escalofrío.
—¿Por ustedes?
El hombre negó.
—No. Nosotros solo observamos… intervenimos cuando es necesario.
—¿Intervenir? —replicó Lysandra—. ¿Dejaron que Varick causara todo eso?
El hombre se detuvo.
—Varick fue elegido.
El silencio cayó de golpe.
—¿Elegido? —repitió Milena, incrédula.
—Para mantener el equilibrio —explicó—. Cada cierto tiempo, alguien asciende al poder con la intención de cambiar el orden… de provocar conflicto.
Milena apretó la mandíbula.
—¿Estás diciendo que crean guerras… a propósito?
El hombre no respondió directamente.
Y eso fue suficiente.
—Eso no es equilibrio —dijo Milena con rabia—. Es manipulación.
—Es supervivencia —corrigió él—. Sin conflicto, los reinos se estancan… se debilitan… y caen.
Lysandra negó.
—Eso es una mentira conveniente.
El hombre la ignoró.
—Darian lo entendió.
Milena sintió el golpe de esas palabras.
—No —dijo—. Él luchó contra esto.
—Sí… y no —respondió el hombre—. Por eso murió.
El silencio se volvió pesado.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Milena, con voz más baja.
El hombre la miró fijamente.
—Darian descubrió que el problema no era Varick… ni los traidores.
Hizo una pausa.
—Era el origen de todo.
Milena sintió que su respiración se detenía.
—¿Dónde está?
El hombre sonrió apenas.
—Esa es la pregunta correcta.
Lysandra dio un paso al frente.
—Entonces llévanos.
El hombre negó.
—No es tan simple. Nadie llega hasta ahí sin pagar un precio.
Milena no dudó.
—Lo pagaré.
El hombre la observó en silencio.
—Eso mismo dijo Darian.
El corazón de Milena se tensó.
—¿Qué le pasó aquí? —preguntó.
El hombre dudó por primera vez.
—Tomó una decisión.
—¿Cuál? —insistió Milena.
El hombre bajó la mirada brevemente.
—Decidió no destruirlo.
El mundo se detuvo.
—¿Qué? —susurró Milena.
Lysandra también quedó en silencio.
—Tuvo la oportunidad —continuó el hombre—. Encontró el origen… pero entendió que eliminarlo tendría consecuencias peores.
Milena negó lentamente.
—No… eso no tiene sentido.
—Lo tiene —respondió él—. Y lo entenderás… cuando lo veas.
El viento volvió a soplar con fuerza.
El hombre dio un paso atrás.
—Si quieren respuestas… tendrán que seguir adelante.
Milena levantó la mirada.
—Entonces iremos.
El hombre asintió.
—Pero esta vez… no habrá vuelta atrás.
El silencio se hizo absoluto.
Milena miró a Lysandra.
Lysandra asintió.
No había dudas.
—Guíanos —dijo Milena.
El hombre se giró.
—Entonces prepárense.
Porque lo que están a punto de ver…
no solo cambiará lo que creen sobre el mundo.
Sino sobre ustedes mismas.
Y en ese instante…
Milena comprendió algo aterrador.
Tal vez Darian no había fallado.
Tal vez…
había elegido el único camino posible.