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Prometida Al Poder

Prometida Al Poder

Status: Terminada
Genre:Romance / Mafia / Completas
Popularitas:196k
Nilai: 5
nombre de autor: N. Garzón

Alina Rinaldi siempre ha sabido cuál es su lugar: obedecer, callar y sobrevivir dentro de un clan que nunca ha sido realmente suyo.

Adriano Vassari nació para mandar. Como heredero de una de las dinastías más poderosas, su futuro ya está escrito… incluso si eso significa casarse con una desconocida.
Cuando sus caminos se cruzan lejos de las reglas y los nombres que los atan, lo que comienza como un encuentro casual se convierte en algo imposible de ignorar.

Pero en un mundo donde la sangre lo define todo, hay verdades que no pueden ocultarse para siempre.

Y cuando salgan a la luz, no solo destruirán el acuerdo que los une…
podrían destruirlos a ellos también.

NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 14

Adriano

Estaba hablando con el padre de Alina.

Un hombre correcto.

Ambicioso, pero prudente.

Quería expandir su negocio, mejorar los ingresos de su familia, construir algo más grande en su ciudad. Me pedía opinión, guía… aprobación.

Y yo lo escuchaba.

Porque era importante para ella.

Entonces…

las luces se apagaron.

No fue inmediato.

Pero lo supe.

Algo estaba mal.

Demasiado mal.

Me levanté.

—Quédese aquí —le dije con calma.

Pero ya estaba caminando.

Directo.

Hacia donde debía estar Alina.

El humo comenzó a llenar el lugar.

Denso.

Artificial.

Oscuro.

Y entonces…

la escuché.

—¡Adriano!

Mi mandíbula se tensó.

Me quité el saco y lo lancé sobre una mesa sin detenerme.

La gente empezó a correr.

Caos.

Gritos.

Desorden.

Un hombre me sujetó del hombro.

Error.

Tomé su brazo.

Lo giré.

Lo levanté por encima de mi cuerpo.

Y lo lancé contra el suelo.

El sonido de su muñeca rompiéndose fue seco.

Limpio.

Otro.

Golpe directo al estómago.

Sin esfuerzo.

Sin emoción.

Uno tras otro.

Intentaban detenerme.

Y uno tras otro…

caían.

Mi paciencia…

se estaba acabando.

Las luces regresaron.

Y el panorama fue claro.

Detrás de mí, familias enteras abrazándose.

Protegiéndose.

En el suelo…

cinco hombres.

Inmóviles.

Inútiles.

Subí a una mesa.

—¡SILENCIO!

Mi voz cortó el caos.

—¡Cierren todas las salidas! ¡Nadie entra ni sale!

La gente en pánico es inútil.

Y yo necesitaba control.

Busqué entre los rostros.

Uno por uno.

Rápido.

Preciso.

No estaba.

Tampoco mi padre.

El aire se volvió más pesado.

La madre de Alina llegó junto a la mía.

Ambas pálidas.

—Se los llevaron.

Sentí algo dentro de mí…

romperse.

Pero no lo mostré.

Nunca lo hago.

Lucca apareció.

—No están en ningún lado.

Asentí.

—Llévense a estos hombres —ordené, señalando el suelo.

—Ya —respondió él.

Entonces apareció Alessandro.

Y el silencio se hizo.

—Falta gente.

—Sí.

—¿Cuántos?

—De tu familia… dos.

Su expresión se endureció.

—Mierda.

Pausa.

—Hacía mucho que no hacían esto.

Lo miré.

—La última vez… mi abuelo murió.

Silencio.

Pesado.

Denso.

—Recupéralos —dijo finalmente—. A tu padre y a tu esposa.

Asentí.

—Cada familia se encargará de los suyos. Nosotros apoyamos.

—No tomará mucho tiempo —respondí.

Y no era una promesa.

Era un hecho.

—Adriano…

La voz de mi madre.

Extraña.

Insegura.

—¿Señora?

—Tienes algo en la pierna.

Miré.

Un pequeño cuchillo estaba clavado.

No lo había sentido.

Lo tomé con el pañuelo de Lucca.

Lo saqué.

Limpio.

Preciso.

Sin gesto alguno.

—No es nada.

Lucio apareció.

—Los hombres ya están en casa.

—Bien. Adelántate. Que Lorenzo los prepare.

Lucca se acercó.

—Voy contigo.

Lo miré.

—No tienes estómago para esto.

—Debo aprender.

Me quité el corbatín.

Arremangué las mangas.

—Entonces no estorbes.

En el estacionamiento…

los padres de Alina me detuvieron.

—Por favor… tráenos a nuestra hija.

Los miré.

Directo.

—Eso haré.

Nos dividimos.

Lucca subió conmigo.

—Espero que estén bien…

—Lo estarán.

Silencio.

—¿Papá no te ha enseñado nada útil?

—A veces —respondió—, pero soy… disperso.

Lo miré de reojo.

—¿Un poco?

Él rió.

—Tú eres demasiado eficiente. Eso lo frustra.

—No te compares conmigo —dije—. O nunca vas a crecer.

—Además… no quiero que tú me enseñes.

Lo miré.

—¿Ah, no?

—No tienes paciencia. Me matarías antes de enseñarme.

Solté una risa breve.

—Probablemente.

Llegamos.

Los gritos se escuchaban desde la entrada.

Lucca se tensó.

—Respira.

Me quité la camisa.

El pantalón.

La sangre era visible.

—Adriano… es mucha sangre.

—Es llamativa. No es grave.

El enfermero trabajó rápido.

—No necesita puntos.

—Perfecto.

Me vestí de nuevo.

Otro traje.

Otro rostro.

—Última oportunidad —le dije a Lucca—. Si te quieres quedar aquí…

—Voy.

Bajamos.

El olor.

El sonido.

El ambiente.

No eran para cualquiera.

Lucca duró cinco segundos.

Le pasé un balde.

Vomitó.

—Novato.

Me mostró el dedo medio.

—¿Qué han dicho? —pregunté.

—Ubicaciones —respondió Lucio—. Nombres. Rutas.

—¿Mi padre? ¿Alina?

—Aún no.

Lo miré.

—Entonces no están hablando lo suficiente.

Entré.

Y el tiempo dejó de importar.

Tres horas.

Tres horas de gritos.

De súplicas.

De errores…

que no se repetirían.

Cuando terminé…

tenía lo que necesitaba.

Salí.

Lucca me miró.

Pálido.

—¿En cuánto tiempo?

Tomé una manzana.

Mordí.

—Diez horas.

—¿Cómo puedes comer?

Me encogí de hombros.

—Hambre.

—¿Por qué diez?

—Porque no son estúpidos —respondí—. Se llevaron a los más importantes.

Lo miré.

—Eso significa traslado. Lejos. Rápido. Por rutas clandestinas.

Pausa.

—Pero cometieron un error.

—¿Cuál?

Sonreí apenas.

—Hablaron.

Lucca tragó saliva.

—Espero que no les hagan nada…

Lo miré.

Directo.

Frío.

Letal.

—Yo también.

Pausa.

—Porque si lo hacen…

Mi voz bajó.

Peligrosa.

—No va a quedar nadie con vida para contarlo.

Silencio.

Lucca asintió lentamente.

—Definitivamente… no quiero que me enseñes nada del negocio familiar.

Solté una risa breve.

Sin humor.

Porque esto…

ya no era un negocio.

Era personal.

1
Natividad Torres
Hermosa historia felicidades gracias
Maria M. Rosario
Muy bonita. Felicidades
Maria M. Rosario
Vas a tener q echar a un lado tantas inseguridades para poder ser una buena lider.
Maria M. Rosario
Yo en su lugar no hubiera intervenido q él tonara su propia decisiòn y mas q esta mas seguro ahora como está. Lo esta exponiendo nuevamente y a pasos de tener su bebé.
Maria M. Rosario
La verdad es q no entiendo cual es su actitud si él no sabia nada, se acaba de enterar.
Maria M. Rosario
Los dos no se quieren casar con la persona q los padres le han seleccionado pero lo q no saben es q el destino se encargo de unirlos.
Ada Zulma Lopez
Gracias una historia maravillosa, contiene matrimonio por arreglos, mafia 💘 un gran amor me encantó muchísimo 🌟🌹✨️
Ada Zulma Lopez
CHEE!!! Tendrían que estar felices se casaron con quien por cuentas del destino se gustaron 💘🤦🔥 que ganas de ponerlo difícil 🎶🤦🌟🌹✨️
Ada Zulma Lopez
🤦👀👀👀👀🎶QUE PASOOOOOÓ!!🫢✨️🌹🌟
Ada Zulma Lopez
toda una historia de cuentos de hadas ,,, 💘💞😍
nohelit perez
y esta mujer que le pasa? porque lo culpa de todo se supone que eran un equipo, siempre lo decía y ahora ella es quien lo está acabando 🫣🫣😵‍💫😵‍💫
nohelit perez
el papá de ella es Alessandro por eso la casaron con él para mantener su Stratus 🥴🥴
nohelit perez
Dónde está Adriano🤔🤔
nohelit perez
allí van construyendo su mundo entre ambos como pareja👏👏
nohelit perez
no quiere hijos, no quiere exponerlos🤔🤔
nohelit perez
y Alina no escapó??🤔🤔
nohelit perez
que sería lo que le hicieron ojalá no lo hayan abusado😔😔
nohelit perez
que bien que se lo dijo 👏👏 el hermano quiere estar con ella,
nohelit perez
y ahora que pasó 🤔🤔 a este que bicho le picó 😡😡
nohelit perez
cómo van a reaccionar cuando se encuentren? ojalá no se pongan creativos 🤭🤭
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