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EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

EL ECO DE UN PASO EN FALSO. El Camino De Regreso A Ti.

Status: En proceso
Genre:Fanfic
Popularitas:770
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

Siete años después de graduarse de la Clase 3-E, Nagisa Shiota ha construido una vida estable como profesor, ocultando tras su calma el dolor del abandono de Karma Akabane. Karma, ahora un exitoso burócrata, regresa a la vida de Nagisa dándose cuenta de que el poder y el dinero no llenan el vacío de haber huido por miedo a sus propios sentimientos y al trauma del pasado.
​Lo que comienza como un asedio de persistencia por parte de Karma choca con el muro de frialdad de un Nagisa que ya no está dispuesto a ser el pilar de nadie más. En un reencuentro cargado de reclamos honestos y cicatrices abiertas, ambos deberán decidir si son capaces de perdonar las ausencias del pasado para permitirse, finalmente, un futuro juntos.


NovelToon tiene autorización de Darling.LADK para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

15_La Visita Inesperada, Un Poco de Celos al Gusto.

Al siguiente día, Nagisa despertó temprano en la mañana, inusualmente temprano para un sábado. Al salir de la habitación, una sensación extraña lo invadió. El sofá estaba vacío, sin la figura de Karma sumida en algún informe o absorta en su teléfono. Tampoco se oían ruidos de la cocina. Se le hizo raro, un vacío inesperado, una punzada de soledad que lo tomó desprevenido. Se había acostumbrado a la presencia constante de Karma. Se dirigió a la cocina, pensando que quizás Karma estuviera ya en plena experimentación culinaria, preparando algún desayuno exótico.

Pero al llegar a la cocina y no encontrarlo allí, una oleada de tristeza lo envolvió. Ya se había acostumbrado a él, a su desorden organizado, a su presencia, al aroma a café fresco que Karma solía preparar. La casa se sentía inmensamente grande y silenciosa sin él.

Fue entonces cuando sus ojos se posaron en la puerta del refrigerador. Una nota adhesiva con la letra pulcra pero característica de Karma: "Fui a hacer las compras. Vuelvo pronto. K." Nagisa suspiró, un aliento que alivió un poco la tensión en su pecho. Karma no se había ido; solo había salido. Se calmó un poco, pero la curiosidad y esa extraña sensación de vacío lo impulsaron. Cogió su chaqueta de tela ligera, las llaves y salió del apartamento, con una idea no tan inocente en mente: encontrarse casualmente con Karma. Quería ver si el alivio de su presencia bastaba para calmar la inquietud que sentía.

Al girar la esquina de su calle, la imagen que vio lo dejó sin habla. La ligera brisa de la mañana se detuvo para Nagisa. Karma estaba parado en la acera, con dos bolsas de la compra repletas en las manos, el sol de la mañana brillando en su cabello escarlata. Frente a él, un auto de lujo negro se detuvo, y de él bajó una señorita elegante, vestida con un traje de corte impecable, una figura esbelta y un aire de sofisticación que gritaba "mundo de la política". Su cabello oscuro caía en ondas perfectas sobre sus hombros.

Karma la saludó formalmente, una sonrisa educada pero contenida en su rostro. La señorita, con una sonrisa encantadora y muy profesional, se acercó a él y, sin dudar, le dio un beso en la mejilla, prolongándolo un poco más de lo que Nagisa consideró apropiado.

Nagisa sintió un ardor fiero en el estómago, una rabia caliente que subía por su garganta. ¡Celos! Ardía de enojo al ver esta escena, un nudo apretado formándose en su pecho. Karma acababa de confesarle que no había habido nadie más, que él era el único. Intentó controlarse, repitiéndose a sí mismo que todo estaba bien, que Karma había asegurado que no lo cambiaría por nada ni nadie. Que ese beso era puramente formal, una formalidad del mundo político. Pero el ardor no cedía.

Una idea audaz y un poco impulsiva floreció en su mente. Con la sonrisa más falsa y, paradójicamente, más feliz que pudo reunir, Nagisa se fue acercando a Karma, midiendo cada paso. Cuando se dio cuenta de que estaba a unos pocos pasos y al alcance del oído, dijo en voz alta, proyectando su voz con una dulzura fingida que apenas enmascaraba el acero en su interior:

—¡Cariño! ¿Por qué demoras tanto? Me tenías preocupado.

Nagisa se acercó rápidamente, agarrando el brazo de Karma con una familiaridad que no poseía, entrelazando su mano con la de él, acercándose a su costado como si fuera lo más natural del mundo. Karma, visiblemente sorprendido por la aparición de Nagisa y por su inesperada y efusiva muestra de afecto, se sonrojó hasta la raíz del cabello escarlata. Sus ojos dorados se abrieron ligeramente, divididos entre el desconcierto y una pizca de diversión oculta.

La otra chica, sin embargo, no perdió la compostura. Una sonrisa elegante y conocedora se extendió por sus labios. Miró con una chispa de burla en sus ojos verdes, profundos y analíticos, a Karma, quien parecía un venado en los faros, y luego dirigió una mirada que oscilaba entre la sorpresa genuina y una extraña ternura maternal hacia Nagisa, evaluándolo con una curiosidad que iba más allá de la simple cortesía. Era evidente que no era ajena a las complejidades del mundo de Karma.

—Oh, Karma —dijo la mujer, su voz modulada y serena, con un ligero acento que le daba un aire cosmopolita—. Veo que te estás portando bien y haciendo las compras, como te lo pedí. Y... —su mirada volvió a posarse en Nagisa, escrutándolo de arriba abajo, una calidez genuina atemperando su observación—. Tienes un novio... encantador.

Luego, con un guiño malicioso hacia Karma que solo él pudo percibir, añadió, haciendo que el ardor en el estómago de Nagisa se intensificara aún más:

—Si lo hubiera conocido antes, Karma Akabane, créeme, no tendrías oportunidad. Él estaría de mi lado.

La temperatura alrededor de Karma pareció descender varios grados. El sonrojo en su rostro se transformó en una chispa de irritación, y un fulgor peligroso apareció en sus ojos dorados. La idea de alguien más, especialmente ella, haciendo esos comentarios sobre Nagisa, activó un instinto posesivo que no sabía que tenía, pero que le resultó sorprendentemente familiar.

Sin dudarlo un instante, Karma soltó una de las bolsas de la compra para rodear la cintura de Nagisa con su brazo libre, atrayéndolo hacia su pecho en un gesto posesivo y casi feroz. El movimiento fue tan rápido y decisivo que Nagisa apenas tuvo tiempo de reaccionar. Karma lo pegó a su costado, una declaración tácita de pertenencia, mientras fulminaba con la mirada a la señorita, un ceño fruncido cruzando su frente. Era una mezcla de ira y celos que Nagisa nunca le había visto, y que lo dejó momentáneamente paralizado.

La señorita, viendo la postura defensiva de Karma y el brillo amenazante en sus ojos, soltó una risita suave y elegante.

—Oh, pequeño Karma —dijo, con un tono burlón pero afectuoso, elevando una mano en señal de paz—. No te pongas así. Sabes que esta madrina no te lo quitará. A menos, claro, que me des la oportunidad y él me lo pida de rodillas. Es broma, es broma... a medias.

Nagisa, sonrojado hasta la raíz de su cabello azul, sentía el calor del cuerpo de Karma contra el suyo, el agarre firme en su cintura. La combinación de la audaz y pública declaración de celos de Karma, la mención de "madrina", y el hecho de que su parte racional finalmente se había dado cuenta de la monumental metedura de pata que acababa de cometer, lo avergonzó profundamente.

Había actuado por impulso, impulsado por los celos, y ahora se encontraba en una situación increíblemente comprometida. ¡Había llamado a Karma "cariño" frente a una mujer elegante y, al parecer, influyente! Y lo peor, Karma lo había tomado... en serio, o al menos había respondido como si lo fuera. En su mente, una voz de reproche gritaba: "¿Qué has hecho? ¡No eres su pareja! ¡Esto es humillante!"

Karma, mientras tanto, mantenía a Nagisa pegado a él, la mirada fija en la mujer. Internamente, una euforia silenciosa comenzaba a apoderarse de él. La "pequeña esperanza" que había germinado el día anterior ahora florecía con una fuerza innegable. Nagisa estaba celoso. Se había abalanzado, lo había reclamado públicamente, incluso de forma impulsiva y quizás un poco desastrosa.

Pero los celos eran una emoción poderosa, un signo irrefutable de que Nagisa todavía sentía algo por él, algo más allá del resentimiento. En su mente, se repetía: "Está celoso. Está celoso. Aún le importo. Le importo lo suficiente como para reaccionar así." Eso valía más que mil palabras.

La mujer, que no era otra que Kaede Kayano, aunque con un look más sofisticado y profesional de lo que Nagisa recordaba de sus años escolares, suspiró teatralmente, sus ojos fijos en la mano de Karma que sostenía a Nagisa. Había ascendido rápidamente en el mundo de la producción de cine y televisión, convirtiéndose en una figura influyente en la industria del entretenimiento, y ocasionalmente cruzaba caminos con Karma en eventos de alto perfil o en círculos sociales que se solapaban.

—Parece que me metí en un jardín ajeno, Karma —dijo Kayano, levantando las manos en un gesto de rendición. Una sonrisa genuina, ya sin burla, apareció en su rostro—. Solo quería darte esto. Lo olvidaste en la oficina el otro día. Y... felicidades por tu... relación. Aunque sigo pensando que es una lástima.

Kayano le entregó a Karma un sobre sellado con un logo discreto y elegante, antes de deslizarse de nuevo en su lujoso auto. El conductor, que había permanecido impasible durante toda la escena, cerró la puerta con un suave clic. El auto se alejó tan discretamente como había llegado, dejando a Karma y a Nagisa solos en la acera, con las bolsas de la compra, el sol de la mañana, y un torbellino de emociones sin resolver.

Nagisa seguía pegado a Karma, aún sonrojado y avergonzado, su corazón latiendo con fuerza. La revelación de que la mujer era Kayano, su antigua compañera de clase, solo añadió otra capa a la confusión.

—¿Kayano? —murmuró Nagisa, finalmente logrando articular una palabra.

Karma miró el sobre en su mano, luego a Nagisa, quien seguía aferrado a él. La sonrisa satisfecha regresó a su rostro.

—Sí, la mismísima Kayano. Y parece que tienes algo de explicación que dar, cariño —respondió Karma, usando el término con una ironía deliciosa, pero con una calidez subyacente que no le pasó desapercibida a Nagisa. El agarre de Karma en su cintura se relajó un poco, pero no lo soltó.

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