El día que Sofía Reyes descubrió que debía casarse con Santiago Ferrer, su mejor amigo de toda la vida, decidió alejarse de él.
Santiago hizo lo mismo.
Pero años después, un secreto familiar, un imperio peligroso y una muerte inesperada los obligarán a volver a encontrarse.
Y algunos destinos… simplemente no se pueden evitar.
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18
Sofía
Muchas cosas estaban cambiando.
Demasiadas.
Y a una velocidad que apenas me dejaba respirar.
Ahora, además de todo lo que estaba pasando con las familias, la seguridad y los atentados… tenía que organizar la boda religiosa.
La “oficial”.
La que todos verían.
La que realmente importaba para el mundo exterior.
Santiago había cumplido su palabra.
Había conseguido un hombre de seguridad que intimidaba con solo verlo. Alto, serio, con una mirada que parecía analizarlo todo… y a todos. No hablaba mucho, pero no hacía falta.
Era eficiente.
Y eso, en este momento, era lo único que importaba.
Ese día decidí reunirme con Karen.
Quería acercarme a ella.
Ahora era mi cuñada… y, de alguna forma, también mi aliada.
Nos encontramos en una cafetería tranquila. Ella ya estaba allí cuando llegué.
—Hola —dije sonriendo.
—Sofía.
Nos saludamos con un abrazo ligero.
No perdí mucho tiempo.
—Quería preguntarte algo.
Karen me miró con curiosidad.
—Claro.
Respiré hondo.
—¿Te gustaría ser una de mis damas de honor?
Por un segundo, pareció sorprendida.
Luego sonrió.
—Sí… claro. Gracias, Sofía.
Sonreí.
—Gracias a ti.
Hice una pequeña pausa.
—Y… gracias por todo lo que hiciste en el entierro de papá. Y por apoyar a Luciano.
Karen bajó un poco la mirada, con una expresión sincera.
—No hay de qué. Es lo mínimo que podía hacer.
—Aun así… gracias.
Ella asintió.
Hubo un pequeño silencio.
Y entonces, sin pensarlo demasiado, pregunté:
—Oye… ¿a ti te gusta Luciano?
Karen se quedó completamente quieta.
Y luego…
Se puso roja.
Literalmente roja.
—¿Qué? —dijo nerviosa—. Nos llevamos bien… ¿por qué preguntas eso?
Sonreí ligeramente.
—Curiosidad.
Pero su reacción ya me había dado la respuesta.
Decidí no insistir.
Seguimos hablando de la boda.
De los colores, las flores, el estilo… de todo lo que, en otro momento de mi vida, habría sido un sueño.
—¿Y a ti te gusta Santiago? —preguntó de repente.
No pude evitar reírme.
—¿Santiago? No, jamás.
Negué con la cabeza.
—Yo lo veo como el niño con el que me comía la plastilina.
Karen soltó una risa.
—¿En serio?
—Sí. Éramos muy buenos amigos.
Sonreí con nostalgia.
—Hacíamos todo tipo de locuras.
---
Cuando me despedí de Karen y subí a la camioneta, el camino de regreso a casa se llenó de recuerdos.
Imágenes que no veía desde hacía años.
Santiago cayéndose de un árbol por bajarme una manzana… y fracturándose el brazo.
Yo prometiéndole que iría todos los días a su casa para que no se sintiera solo.
Y cumpliéndolo.
Las vacaciones.
Las fiestas en las que fingíamos ser novios…
Los besos robados para hacer más creíble la actuación.
Mi primer beso…
Fue con Santiago.
Suspiré.
La vida tenía una forma muy extraña de cerrar ciclos.
O de reabrirlos.
---
Cuando llegué a casa, entré sin hacer ruido.
—¿Santiago?
No hubo respuesta.
Avancé unos pasos…
Y entonces lo vi.
Estaba en la sala.
En bóxers.
Solo en bóxers.
Me giré de inmediato.
—¡¿Por qué estás medio desnudo?!
—No seas dramática, Sofía —respondió con total tranquilidad—. Me has visto así un montón de veces.
Sentí cómo el calor subía a mi rostro.
—Sí… pero me tomaste por sorpresa.
—Perdón —dijo—. Llegué empapado y no quería dejar todo mojado para que después me regañaras.
—¿Ya?
—Ya.
Respiré hondo y me giré lentamente.
—¿Por qué te mojaste?
—No estaba en la ciudad —respondió mientras tomaba una camiseta—. Fui a un pueblo a supervisar una construcción… y allá llovió.
—¿La del centro deportivo para la comunidad?
—Esa misma.
Asentí.
Guardamos silencio.
Pero mi mente…
No.
No dejaba de pensar.
En cómo había cambiado.
Su pecho… más amplio.
Su espalda… más definida.
Sus piernas… fuertes.
Y, sin querer…
Me pregunté cómo se vería sin los bóxers.
Me sonrojé de nuevo.
—¿Estás bien? —preguntó Santiago.
—Sí… estoy bien.
Se terminó de vestir.
—Hay información sobre los atentados.
Mi expresión cambió de inmediato.
—¿Qué descubrieron?
—Parece que es alguien en el extranjero.
Fruncí el ceño.
—Pero nuestros contratos con ellos estaban al día.
—Por poder, Sofía —dijo con calma—. La gente hace lo que sea.
Asentí lentamente.
Tenía razón.
—El armamento de contrabando llegará la próxima semana —continuó—. Vamos a ir con Luciano y Karen.
Me miró.
—¿Quieres ir?
Lo pensé solo un segundo.
—Sí.
Su mirada se mantuvo fija en la mía.
—No va a ser un paseo.
—Lo sé.
Di un paso hacia él.
—Pero ya intentaron matarme una vez. No pienso quedarme sentada esperando la siguiente.
Santiago me observó unos segundos más.
Como evaluándome.
Y luego…
Asintió.
—Está bien.