Cicatrices que arden
Fueron inseparables… hasta que el mundo los rompió.
Ahora, entre peleas y destino, sus caminos vuelven a cruzarse.
Porque hay amores que no se olvidan…
aunque duelan como una herida abierta.
Un vínculo imposible de romper.
Un amor que nunca dejó de arder.
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Capítulo 17: Lo que no busco… no me distrae
El día en el pueblo había comenzado con esa tranquilidad constante que parecía repetirse sin cambios, como si el tiempo avanzara más lento en ese lugar, dándole a todo una sensación de rutina que, para muchos, podía resultar aburrida, pero que para alguien como Kakucho se había convertido en una especie de refugio silencioso donde podía mantenerse ocupado y evitar pensar demasiado.
Desde temprano, ya estaba en la tienda, moviéndose con precisión entre los estantes, levantando cajas, acomodando productos y cumpliendo con cada tarea de forma casi automática, como si su cuerpo trabajara por costumbre mientras su mente se mantenía ocupada en no recordar lo que había dejado atrás.
El aire dentro del local era cálido, mezclado con ese olor a madera vieja, a alimentos almacenados y a polvo que se acumulaba con el paso del tiempo, creando un ambiente simple pero estable, algo que contrastaba demasiado con la vida que había tenido antes.
La puerta se abrió suavemente.
La campanita sonó.
Y unos segundos después, Chifuyu Matsuno entró estirándose, con esa actitud relajada que siempre tenía, como si nada fuera demasiado urgente.
—Otra vez llegaste antes que yo —dijo mientras observaba a Kakucho moverse sin detenerse.
Kakucho no levantó la mirada, continuando con lo que estaba haciendo como si esa conversación fuera parte de la rutina.
—No tenía nada mejor que hacer.
Chifuyu caminó un poco más dentro del local, apoyándose contra una estantería mientras lo observaba con una media sonrisa.
—Eso suena más triste de lo que crees.
—No lo es —respondió Kakucho con simpleza, sin emoción en la voz.
Chifuyu soltó una pequeña risa, negando con la cabeza.
—Bueno… yo diría que sí, pero te dejo esa.
El silencio volvió, pero no era incómodo, porque ambos ya se habían acostumbrado a esa forma de comunicarse, donde las palabras no siempre eran necesarias.
Después de unos segundos, Chifuyu habló de nuevo.
—Oye… mi prima va a venir hoy.
Kakucho levantó apenas la mirada, sin mostrar demasiado interés.
—¿Y?
—Solo aviso —respondió Chifuyu encogiéndose de hombros.
—No necesito aviso.
Chifuyu lo miró con cierta diversión.
—Ya sé… pero ella sí.
Kakucho volvió a lo suyo, como si el tema ya estuviera cerrado.
—No me interesa.
—Eso también ya lo sé —respondió Chifuyu, resignado.
El tiempo pasó con normalidad, con algunos clientes entrando y saliendo, con conversaciones cortas y con ese ritmo tranquilo que hacía que todo pareciera bajo control.
Hasta que la puerta volvió a abrirse.
La campanita sonó.
Y esta vez, una chica entró con una sonrisa clara, mirando directamente a Kakucho desde el primer momento.
—Hola —dijo con naturalidad.
Kakucho apenas levantó la mirada.
—Hola.
Chifuyu intervino de inmediato.
—Prima, compórtate.
Ella rodó los ojos con una sonrisa divertida.
—Estoy siendo amable.
Pero no dejaba de mirarlo.
—Así que tú eres el nuevo del que me habló —continuó, acercándose un poco más.
Kakucho no reaccionó.
—¿Siempre es así de serio?
—Sí —respondió Chifuyu antes de que Kakucho dijera algo— y no va a cambiar.
Ella lo observó con más interés.
—Eso lo hace más interesante.
Kakucho simplemente volvió a su trabajo, ignorando completamente el comentario.
Porque no le importaba.
Porque no estaba buscando eso.
Porque su mente…
seguía en otro lugar.
El día continuó, pero poco a poco el ambiente comenzó a cambiar de una forma casi imperceptible, como si algo fuera a romper esa calma en cualquier momento.
Y entonces…
la puerta se abrió de golpe.
Sin suavidad.
Sin aviso.
El sonido fue seco.
Brusco.
Tres hombres entraron, caminando lento, observando el lugar con una actitud que no coincidía con el ambiente del pueblo.
Chifuyu se enderezó de inmediato.
—¿Necesitan algo?
Uno de ellos sonrió de lado.
—Sí…
Hizo una pausa.
—Dinero.
El silencio cayó de golpe.
Pesado.
Tenso.
Kakucho dejó la caja que tenía en las manos, girándose lentamente hacia ellos.
—No.
La respuesta fue directa.
Sin miedo.
Sin duda.
Los hombres lo miraron.
—¿Qué dijiste?
Kakucho dio un paso adelante.
—Que no.
El ambiente se volvió aún más denso, como si todo el aire se hubiera detenido en ese momento.
—No creo que entiendas cómo funciona esto —dijo uno de ellos, avanzando.
Kakucho lo miró sin cambiar la expresión.
—Creo que sí.
Pausa.
—Y no me interesa.
El golpe vino rápido, intentando tomarlo desprevenido, pero Kakucho reaccionó con la misma velocidad, esquivando el ataque con precisión y devolviendo el golpe con una fuerza que hizo retroceder al hombre.
—¡Maldito!
La pelea comenzó sin más.
Uno de ellos intentó ir hacia Chifuyu, mientras otro se movía hacia la chica, pero Kakucho se interpuso en medio, colocándose delante de ella sin siquiera mirarla.
—Atrás —dijo con firmeza.
Ella retrocedió de inmediato, sorprendida pero obedeciendo sin discutir.
Los golpes continuaron, rápidos, desordenados, pero Kakucho se movía con control, como si su cuerpo recordara cada movimiento sin necesidad de pensarlo, esquivando, respondiendo, neutralizando cada ataque con precisión.
Uno cayó primero.
Luego otro.
El tercero intentó retroceder, pero Chifuyu lo interceptó, bloqueándole el paso.
—Ni lo intentes.
El silencio volvió poco a poco.
La respiración agitada llenó el lugar.
La pelea había terminado.
La tienda estaba desordenada, con cajas en el suelo y productos fuera de lugar, pero lo importante…
seguía en pie.
La chica miraba a Kakucho con los ojos brillantes, claramente impresionada.
—Eso fue increíble…
Se acercó un poco más.
—De verdad… gracias por protegerme.
Kakucho apenas la miró.
—No fue por ti.
La respuesta fue directa.
Sin intención de suavizarla.
Ella parpadeó, sorprendida, pero no molesta.
Solo más interesada.
—Aun así…
Sonrió.
—Me gustó.
Chifuyu suspiró.
—Te dije que no te iba a dar bola.
Kakucho volvió a su trabajo, levantando una caja como si nada hubiera pasado, como si la pelea, la atención y las palabras no significaran nada.
Porque para él…
no significaban nada.
Porque ya había alguien ocupando ese espacio.
Aunque no estuviera ahí.
💕💕💕💕..... 💕💕💕💕...... 💕💕💕💕......
Todo venía tranquilo…
trabajo, rutina, paz de pueblo…
Hasta que entran los típicos que buscan problemas
Kakucho: “No.”
Ellos: “¿Qué dijiste?”
Kakucho: les resetea la existencia en 3 movimientos
Golpes van, golpes vienen…
y el resultado es siempre el mismo:
NO SE METAN CON ÉL
Prima de Chifuyu:
“gracias por protegerme…”
Kakucho: “no fue por ti”
Y uno mirando la escena tipo:
AMIGA… NI LO INTENTES
Porque mientras una suspira…
él sigue en modo serio, trabajando como si nada hubiera pasado…
Y en el fondo…
sabemos que su cabeza no está ahí…
está en alguien más…
Porque algunos pelean con los puños…
pero otros… siguen peleando con lo que sienten.
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con cariño Luna Auol 🌸