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Rojo Destino: El Último Nudo De Estefi Sterling

Rojo Destino: El Último Nudo De Estefi Sterling

Status: En proceso
Genre:Amor eterno / Autosuperación / Romance
Popularitas:473
Nilai: 5
nombre de autor: Estefi Sterling

¿Qué harías si la única persona que puede salvarte es un "fantasma" que solo tú puedes ver?
Hades está en coma, pero su espíritu está atrapado en el mundo de los vivos, atado a Ela por un hilo rojo incandescente. Él busca una salida; ella busca una razón para seguir adelante. Están anclados el uno al otro en una lucha desesperada contra el destino. Juntos deberán enfrentar los nudos de dolor que los unen antes de que sea demasiado tarde. Una historia sobre la vida, la muerte y el poder de una conexión que no se puede romper.
Descubre "Rojo destino: El último nudo", una novela donde el amor es la única luz en la oscuridad del vacío.

NovelToon tiene autorización de Estefi Sterling para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La huella digital.

El pasillo del instituto se sentía más estrecho de lo normal. Isela caminaba con la mirada fija en el suelo, tratando de procesar el torbellino de información del aula de informática. Sentía que el pendrive en su mochila pesaba toneladas y que el rastro de estática en su mano era una marca de fuego que cualquiera podría notar si la miraba fijamente.

A su lado, Hades estaba inusualmente silencioso. Su imagen parpadeaba con un tono azulado eléctrico, un síntoma de que su sistema seguía procesando el trauma de haber visto el expediente de Luna.

—Ela, detente —ordenó Hades de repente. Su voz sonó como una interferencia de radio, fría y cortante.

Isela se detuvo frente a la biblioteca, fingiendo revisar su teléfono.

—¿Qué pasa? —susurró.

—Miller. Está en el edificio. Acaba de entrar por la puerta principal y se dirige a la oficina del Director —Hades cerró los ojos, y por un segundo, su figura se volvió casi traslúcida—. Puedo oír la frecuencia de su radio y el ritmo de sus pasos. No viene a una visita de cortesía. Hay un error en los logs del servidor... debí haber sido más rápido. El sistema detectó una intrusión externa desde la terminal 04.

Isela sintió un vuelco en el corazón. La terminal 04 era la que acababan de usar. Si Miller revisaba las cámaras o los registros de inicio de sesión, vería que ella estuvo ahí.

—Tenemos que irnos, ahora —dijo ella, empezando a caminar hacia la salida lateral.

—No, es tarde. Si te vas ahora, las cámaras te captarán huyendo justo cuando salta la alarma silenciosa. Tienes que entrar en clase de Historia, ahora mismo. Tienes que estar en un lugar con testigos —Hades se colocó frente a ella, su rostro recuperando esa solidez técnica—. Yo me encargo del resto. Voy a infiltrarme en el nodo central del colegio para borrar el rastro de la terminal 04, pero necesito que te mantengas cerca del router del pasillo para que mi señal no se pierda.

Isela obedeció, entrando al aula de Historia justo antes de que el profesor cerrara la puerta. Se sentó en el fondo, cerca de la pared donde pasaban los cables de red. Desde su lugar, podía ver a Hades moviéndose por el techo del aula, como una sombra digital que se fusionaba con las luces fluorescentes.

A los pocos minutos, la puerta del aula se abrió. El Director entró acompañado por Miller. El oficial no vestía su uniforme, sino un traje gris que lo hacía ver más como un ejecutivo que como un policía, pero su mirada seguía siendo la de un depredador.

—Perdón por la interrupción, profesor —dijo el Director con una sonrisa que no llegaba a sus ojos—. Estamos realizando una auditoría técnica en los equipos del ala oeste. Isela, qué sorpresa verte aquí, tu madre mencionó que no te sentías muy bien hoy.

Isela sintió que el aire se congelaba. Miller la miró directamente. No era una mirada de sospecha abierta, sino de evaluación. Era como si estuviera buscando un glitch en su comportamiento, una falla en su fachada de chica solitaria.

—Estoy mejor, señor Director —respondió Isela, manteniendo la voz lo más plana posible.

Debajo de su escritorio, el hilo rojo vibraba violentamente. Hades estaba justo encima de la cabeza de Miller, con sus manos extendidas hacia el tablero eléctrico del aula. Isela podía sentir la rabia de Hades, una corriente de furia que amenazaba con hacer estallar las luces.

—No lo mires, Ela —la voz de Hades resonó directamente en su mente—. Estoy dentro del servidor de la Dirección. Miller está intentando acceder a los registros desde su tablet privada. Si logra conectar su IP con la del colegio, verá que el archivo de Luna fue abierto.

Isela apretó los puños. Veía cómo Miller sacaba su dispositivo móvil, deslizando los dedos con calma. El Inspector se paseaba por las filas de bancos, acercándose peligrosamente al de ella.

—Me alegra oír eso, Isela —dijo Miller, deteniéndose justo al lado de su banco—. La salud es lo más importante. A veces los jóvenes se exigen demasiado, buscan... estimulantes, o se meten en lugares de la red que no les corresponden. Es un mundo peligroso, ¿verdad?

Hades soltó un grito sordo que solo Isela escuchó. De repente, las luces del aula parpadearon y todas las pantallas de las computadoras del laboratorio contiguo se encendieron al mismo tiempo, emitiendo un pitido agudo.

—¿Qué fue eso? —preguntó el Director, alarmado.

—Una sobrecarga, supongo —dijo Miller, frunciendo el ceño mientras miraba su tablet, que ahora mostraba una pantalla de error azul—. El sistema está fallando.

—Lo tengo —susurró Hades, descendiendo hasta quedar sentado en el banco junto a Isela, agotado—. Borré la sesión. Sobrescribí los datos de la terminal 04 con una dirección IP de la oficina administrativa del Director. Si Miller busca a un culpable, encontrará el rastro en la computadora de su propio socio.

Miller guardó su tablet con un gesto de fastidio. Le lanzó una última mirada a Isela, una mirada que decía claramente que esto no había terminado, y salió del aula junto al Director.

Isela dejó salir el aire que no sabía que estaba reteniendo. Miró a Hades; él estaba más pálido que de costumbre, casi gris. Su "ataque" al sistema para salvarla lo había dejado exhausto.

—Lo hiciste —susurró ella, fingiendo que escribía en su cuaderno.

—Solo ganamos tiempo, Ela —respondió él, apoyando su cabeza espectral en el hombro de ella. Por un segundo, Isela sintió el peso real de su cansancio—. Miller sabe que hay un hacker. Y ahora sabe que ese hacker está dentro de estas paredes. La próxima vez no usará una tablet; traerá a su propio equipo técnico. Tenemos que movernos rápido. El Enigma de las pastillas de Mía es nuestra siguiente entrada. Si esa droga está circulando aquí, ella es el eslabón más débil.

Isela asintió, trazando una línea firme en su cuaderno. El peligro ya no estaba afuera, en la calle o en el edificio de Hades. El peligro estaba sentado a su lado, caminando por los pasillos y vigilando sus clics. Pero ahora, ellos tenían la ventaja del fantasma en la máquina.

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