Aceptó el trabajo por necesidad… pero nunca imaginó para quién iba a cocinar. Él es peligroso, frío y está acostumbrado a que todos obedezcan. Ella no…
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“Bajo vigilancia “
...Capítulo 4...
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Valeria lo notó desde que cruzó la reja.
No fue una mirada directa.
Fue peor.
Fue la sensación.
Alguien la estaba observando.
No era nuevo.
Pero esta vez… era diferente.
Más constante.
Más cercano.
Más intencional.
Caminó sin detenerse.
Misma postura. Mismo ritmo.
Como si no le importara.
Pero por dentro… ya estaba alerta.
Cuando entró a la cocina, todo estaba exactamente como lo había dejado.
Perfecto.
Intacto.
Demasiado perfecto.
Dejó su bolso en su lugar y se lavó las manos.
Agua fría.
Respiración controlada.
Entonces lo vio.
Una cámara.
Pequeña. Discreta.
Colocada justo en la esquina superior.
Valeria se quedó quieta un segundo.
Solo uno.
Luego siguió.
Como si no significara nada.
Pero sí significaba.
Encendió la estufa.
El sonido del fuego rompió el silencio, como siempre.
Pero hoy no fue suficiente.
—La notaste.
La voz llegó sin sorpresa.
Valeria no se giró.
—No es difícil —respondió.
Pasos.
Lentos.
Seguros.
—Es nueva.
Valeria tomó un cuchillo.
—Obvio.
Silencio.
—Es por seguridad.
Valeria soltó una leve exhalación.
—No —dijo—. Es por control.
Ahora sí.
Silencio.
De verdad.
Se giró lentamente.
Lo miró directo.
—Si vas a vigilarme, al menos no lo disfraces.
Él la observó sin cambiar la expresión.
Pero algo en su mirada… se tensó.
—No es solo a ti.
Valeria ladeó la cabeza.
—Pero sí también a mí.
No preguntó.
Afirmó.
Otro segundo de tensión.
—Entraste en mi casa —dijo él—. Eso viene con reglas.
Valeria dio un paso hacia él.
Sin prisa.
Sin dudar.
—Yo trabajo en tu cocina —respondió—. No en tu mundo.
Ahí estaba otra vez.
La línea.
Él la sostuvo con la mirada.
Más intensa esta vez.
—Todo aquí es mi mundo.
Valeria no retrocedió.
—Entonces no mezcles las cosas.
Silencio.
Y entonces…
algo interrumpió todo.
Un golpe seco.
Lejano.
Valeria frunció apenas el ceño.
Otro sonido.
Más claro.
Un disparo.
El aire cambió en un instante.
Valeria no se movió.
No gritó.
No reaccionó como cualquiera lo haría.
Pero lo escuchó.
Perfectamente.
Sus ojos se deslizaron hacia él.
Él tampoco se movió.
Como si fuera… normal.
—Sigue —dijo.
Valeria lo miró unos segundos más.
—¿Siempre pasa esto mientras cocino?
Él no respondió de inmediato.
—No todos los días.
Valeria giró el cuerpo completamente hacia él.
—Qué alivio.
Sarcasmo.
Claro.
Otro disparo.
Más lejano esta vez.
El silencio volvió poco a poco.
Pesado.
Valeria sostuvo su mirada.
—¿Eso también entra en el contrato?
No había miedo en su voz.
Había límite.
Él dio un paso más cerca.
—Eso entra en el lugar donde decidiste trabajar.
Valeria lo analizó un segundo.
—No decidí trabajar con balas de fondo.
—Pero decidiste quedarte.
Silencio.
Ahí estaba.
La verdad.
Valeria desvió la mirada por un instante.
No como sumisión.
Como cálculo.
Luego volvió a él.
—Estoy aquí por mi trabajo.
Pausa.
—No por esto.
Él la observó como si esperara algo más.
Pero ella no lo dio.
En cambio, se giró.
Volvió a la estufa.
Como si lo que acababa de pasar…
no fuera suficiente para romperla.
El sonido del aceite volvió.
Constante.
Firme.
—Te acostumbrarás.
Valeria sonrió apenas.
Sin humor.
—No.
Se detuvo un segundo.
—Aprenderé a ignorarlo.
Silencio.
Pero no era lo mismo.
Nunca lo sería.
Terminó el platillo.
Lo sirvió.
Lo dejó frente a él.
—Come.
Él la miró.
—Sigues aquí.
Valeria cruzó los brazos.
—Sigo trabajando.
Pausa.
—No confundas resistencia con permanencia.
Ahí.
Directo.
Sin suavizar.
Él tomó el tenedor.
Probó.
Y otra vez…
ese momento.
Pero esta vez…
distinto.
Porque ahora no solo estaba evaluando la comida.
La estaba evaluando a ella.
Y lo que estaba descubriendo…
no era lo que esperaba.
Valeria tomó su bolso.
—Mañana a las ocho.
No preguntó.
Afirmó.
Se dirigió a la salida.
—Valeria.
Se detuvo.
—Si cruzas ciertas puertas…
no vas a poder volver atrás.
Silencio.
Ella no se giró.
—Entonces asegúrate de no abrirlas tú.
Y se fue.
El eco de la puerta cerrándose quedó suspendido en el aire.
Y por primera vez…
el control no estaba completamente de su lado.
Porque ella no tenía miedo.
Y eso…
era más peligroso que cualquier arma.
La historia se está tornando cíclica y monótona 😶
quién pega primero 😜
parece lengua de lavandera .....
cómo te afecta a tí eso ??? 🤔
muchas vueltas, 😶🌫️
me encanta Valeria...no se intimida..🤭
tiene el Sartén....y tiene el Sartén 😜
/Tongue//Facepalm/