En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
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capitulo 17
🖤 Bajo la Piel del Hielo (Versión Oscura)
Capítulo 17 — Decí su nombre
Elena no sabía si el temblor era por el frío… o por lo que se había quedado dentro.
La habitación del tercer piso seguía siendo hermosa.
Silenciosa.
Impecable.
Pero en su cabeza…
Nada estaba en calma.
La música ya no sonaba.
Y aun así… la escuchaba.
La puerta se abrió.
Sin aviso.
Luca.
Entró y cerró detrás de él.
No había nadie más.
Eso ya era distinto.
Elena estaba de pie junto a la cama.
Más firme que antes.
Pero más quebrada por dentro.
—¿Qué querés ahora? —preguntó.
Su voz raspaba.
Pero no temblaba.
Luca no respondió enseguida.
La miró.
Largo.
Fijo.
Como si estuviera midiendo algo que no lograba entender.
—Se terminó —dijo al fin.
Silencio.
—¿El qué?
—Esto.
No explicó.
No hacía falta.
Elena soltó una risa seca.
—¿Esto?
Se señaló.
—¿Encerrarme? ¿Hacerme pasar hambre? ¿mirar cómo destruyen a otros?
Silencio.
—¿Eso?
Luca avanzó.
—No te hagas la víctima.
Eso fue directo.
Cortante.
Elena lo miró con odio real.
—¿Víctima?
Se acercó también.
A pesar del dolor.
—¿Sabés lo que es una víctima?
Luca no respondió.
—Ella lo era.
Silencio.
Pesado.
—La chica.
Pausa.
—La que no salió de ese cuarto.
Eso…
No lo esquivó.
Pero tampoco lo movió.
—No me importa.
Y eso…
Fue el límite.
—Sos un enfermo.
La frase salió sin filtro.
—Sos un monstruo.
Silencio.
—Y lo sabés.
Luca reaccionó.
Rápido.
La agarró del brazo.
Fuerte.
—No hables de lo que no entendés.
—Entiendo perfecto.
Elena no retrocedió.
—Disfrutás esto.
—No.
—Sí.
Silencio.
—Porque no podés sentir otra cosa.
Eso…
Golpeó distinto.
Luca la empujó.
Contra la pared.
El impacto la hizo cerrar los ojos un segundo.
—No tenés idea de lo que perdí.
Su voz bajó.
Más grave.
Más peligrosa.
Elena lo sostuvo.
—Entonces decilo.
Silencio.
—Decí su nombre.
Eso…
Fue el punto.
Luca se quedó quieto.
Un segundo.
Dos.
Pero algo cambió.
En su mirada.
En su respiración.
—Isabella.
El nombre salió bajo.
Pero cargado.
Pesado.
Real.
Elena no apartó la mirada.
—¿Quién era?
—Todo.
La respuesta fue inmediata.
—Era todo.
Silencio.
—Lo único que importaba.
Pausa.
—Lo único que no iba a perder.
Elena frunció el ceño.
—Y aun así la perdiste.
Error.
Grave.
El golpe llegó sin aviso.
Fuerte.
Elena cayó al suelo.
El impacto le hizo arder la cara.
Pero no gritó.
—No hables de ella.
La voz de Luca tembló.
Pero no de debilidad.
De furia contenida.
—No tenés derecho.
Elena se apoyó en el suelo.
Le costó, pero se levantó.
—Entonces dejá de culparme.
Silencio.
—Yo no la maté.
—Mentís.
—¡NO!
El grito fue crudo.
Dolido.
Real.
—¡No fui yo!
Luca se acercó otra vez.
Más peligroso.
—Yo la vi.
—¿Qué viste?
—Estabas ahí.
Silencio.
—Con ella.
Eso…
La descolocó un segundo.
Pero no la quebró.
—Y eso significa que fui yo?
—Sí.
—Eso es lo único que tenés?
Silencio.
—¿Estar ahí?
Luca no respondió.
Y eso…
Fue suficiente.
—Entonces no sabés nada.
La frase salió firme.
—Solo necesitás un culpable.
Eso lo desató.
La volvió a empujar.
Más fuerte.
—¡Vos la mataste!
—¡NO!
—¡La dejaste sola!
—¡NO FUI YO!
Elena estaba temblando.
Pero no retrocedía.
—¡Llegué y estaba muerta!
Silencio.
Total.
Eso…
Lo congeló.
Apenas.
Un segundo.
Pero existió.
—Mentís…
Más bajo.
Más oscuro.
Elena lo miró.
Con todo lo que le quedaba.
—No.
Pausa.
—Y me estás destruyendo por algo que no hice.
Silencio.
Pesado.
Luca la agarró del cuello.
No fuerte.
Pero firme.
—Te voy a hacer pagar.
Su voz volvió a endurecerse.
—Todo.
Elena lo sostuvo.
Sin miedo.
O sin mostrarlo.
—Entonces hacelo.
Pausa.
—Porque esto…
Miró alrededor.
—No alcanza.
Silencio.
—Matame.
La palabra cayó.
Pesada.
Irreversible.
Luca no se movió.
—¿Qué?
—Matame.
Su voz era baja.
Pero clara.
—Porque esto no es vivir.
Silencio.
—Y no voy a rogarte otra cosa.
Eso…
No era lo que él quería.
Elena lo miró.
Directo.
—Si estás tan seguro…
Pausa.
—Terminá con esto.
Luca apretó la mandíbula.
Su mano tembló apenas.
Pero no soltó.
—No.
La respuesta fue baja.
Dura.
—Todavía no.
La soltó de golpe.
Se alejó.
Pasándose la mano por el rostro.
—Vas a rogar por algo peor.
Silencio.
—Y cuando lo hagas…
La miró.
Oscuro.
—Recién ahí voy a decidir.
Elena respiró agitada.
Pero no bajó la mirada.
—Nunca.
Silencio.
Largo.
Pesado.
Luca se giró.
Y se fue.
Pero esta vez…
No fue igual.
Porque algo había cambiado.
Algo que ninguno de los dos podía ignorar.