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Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Ojos en las sombras

La noche había caído de lleno sobre el hospital, pero la habitación 407 seguía iluminada.

Mía estaba sentada junto a la cama, aún temblando por lo que acababa de ocurrir. Liam permanecía despierto, observándola con el ceño fruncido. No la soltaba. No podía. Su mano seguía entrelazada con la de ella desde el instante en que Calder desapareció.

Cada vez que Mía parpadeaba demasiado lento, Liam apretaba su mano un poco más fuerte, como si temiera que se desvaneciera.

—Mía —murmuró—. Ven aquí.

Ella lo miró, con los ojos enrojecidos.

—Estoy aquí… no me he ido.

—No —negó él—. Ven. Cerca.

Mía se levantó con lentitud y se sentó a su lado en la cama. Liam la envolvió con un brazo y la atrajo hacia él, respirando su olor como si fuera oxígeno.

—Pensé… —susurró él contra su cabello—… que lo perdía todo.

Otra vez.

Ella cerró los ojos con fuerza.

—No iba a dejar que te hiciera daño —dijo ella.

—Y yo no iba a dejar que te arrebatara —respondió él, apretándola más.

Un silencio lleno de emociones se instaló entre ambos.

Mía estaba agotada, pero su mente seguía girando sobre lo mismo:

Alexander.

La reunión.

La lista.

Liam cargándola entre brazos dos años atrás.

Y ahora… Calder regresando por ella.

Era demasiado.

Liam la observó un largo rato, sin parpadear, como si grabara cada detalle de su rostro.

Su respiración se volvió más profunda, más lenta… más peligrosa.

—Mía… —susurró él, rozando su mejilla con sus dedos—.

No voy a permitir que te sacrifiques nunca más por mí. ¿Lo entiendes?

Ella lo miró.

—No tenía opción…

Él negó.

—Siempre la tienes. Y la opción correcta… soy yo.

Yo te cuido. Yo te protejo. Yo te saco de aquí. Yo te recupero.

Yo.

El tono obsesivo…

pero lleno de dolor reprimido…

la estremeció.

—Liam… no puedes llevar todo tú solo.

Él sonrió con tristeza.

—No sé hacer otra cosa.

Ella apoyó su frente en la de él.

—Entonces lo haremos juntos.

Sus respiraciones se mezclaron.

Casi se besan.

Casi.

Pero un pitido suave los interrumpió.

El monitor cardíaco.

Liam bajó la mirada, frustrado.

—Tuve que arruinar el momento, ¿verdad? —murmuró él, con una sonrisa débil.

Mía rió entre lágrimas.

—No lo arruinaste.

Él la miró como nadie más lo había hecho.

—¿Sabes qué pienso cada vez que cierro los ojos? —preguntó.

Ella negó.

—Que te estoy perdiendo.

Que vuelves a caer.

Que vuelves al suelo lleno de vidrio.

Que vuelvo a llegar tarde.

Ella tocó su rostro.

—Pero no pasó. No esta vez.

Liam apoyó la frente en su palma, respirando como si se calmara solo con su tacto.

—Lo sé. Porque tú me devolviste.

—Su voz tembló—: Siempre eres tú.

El corazón de Mía se desarmó por dentro.

Pero antes de que el momento pudiera transformarse en algo más, la pantalla de la cámara de seguridad (la que nadie sabía que estaba activa hasta ahora) parpadeó.

Un foco rojo.

Una luz tenue.

Mía no lo vio.

Liam tampoco.

Pero alguien más… sí.

EN OTRO LUGAR DEL HOSPITAL

—Un piso arriba, oficina vacía—

Una figura alta observaba las pantallas con los brazos cruzados. Los ojos oscuros, sin emoción.

La luz tenue del monitor iluminaba su rostro perfecto, casi angelical, casi inhumano.

Alexander Reed.

Las cámaras mostraban a Mía y Liam sentados juntos en la cama.

Demasiado juntos.

Demasiado cerca.

Y la expresión de Alexander era una mezcla de disgusto…

…y algo que no pertenecía a un amigo.

—Así que por fin la tienes cerca, Liam —murmuró—.

Después de todo este tiempo… ella sigue siendo tu punto débil.

Soltó una leve risa.

—Qué patético.

Tomó un vaso con whisky de la mesa, bebió un sorbo y siguió observando.

—Yo intenté advertirte —continuó—.

Intenté cuidarte de ella.

Pero nunca escuchas.

Nunca ves más allá de tu propia obsesión.

La imagen de Mía abrazada a Liam lo hizo tensar la mandíbula.

—¿Sabes, Mía? —susurró Alexander, casi con ternura enfermiza—.

Tú no deberías estar viva.

No después de aquella noche.

No después de lo que viste.

El whisky tembló ligeramente en su vaso.

—Pero Liam te salvó. Y tú… tuviste la audacia de convertirte en su todo.

En su memoria rota.

En su debilidad más grande.

Alexander dejó el vaso. Se inclinó hacia la pantalla.

—Te preguntaré una sola vez, Mía…

¿Vas a devolvérmelo?

¿O tendré que quitártelo yo mismo?

Las cámaras mostraban a Liam acariciando el cabello de Mía, como si su mano conociera ese gesto de antes.

La sonrisa de Alexander se desvaneció del todo.

Y su mirada se volvió tan fría como el metal.

—Esto no ha terminado.

Ni de cerca.

Apagó la pantalla.

Todo quedó oscuro.

DE VUELTA EN LA HABITACIÓN 407

Mía apoyó la cabeza en el pecho de Liam. Él la rodeó con ambos brazos.

La estaba abrazando con tanta fuerza que a ella casi le faltó aire…

pero no se quejó.

Se sentía segura ahí.

Extrañamente segura.

—Vamos a salir esta noche —susurró Liam, rozando su cabello con los labios—. Sophie está preparando todo.

Y cuando salgamos… no quiero volver a perderte de vista.

Ni un segundo.

¿Me oyes?

—Sí —respondió ella, apenas audible.

—Prométemelo.

Ella lo miró.

—Lo prometo.

Liam bajó la cabeza hacia la de ella, sus labios rozando los suyos—

Pero un golpe seco sonó en la puerta.

Ambos se tensaron.

La voz del guardia se escuchó desde afuera.

—¡Señor Vander! ¡Tenemos una situación!

¡El ala norte fue sellada!

¡Creemos que hay otro intruso!

Liam apretó a Mía contra él.

—¿Otro? —susurró ella, horrorizada—. ¿No es Calder?

—No —dijo la voz del guardia—.

Este… no concuerda con su descripción.

Pero sabemos quién es.

Mía tragó saliva.

—¿Quién?

El guardia respondió:

—Alexander Reed.

La sangre de Mía se congeló.

Liam apretó los dientes.

—Abre la puerta —ordenó él.

—No —dijo Mía, sosteniéndolo del brazo—.

No lo abras.

Liam… por favor…

Él no viene como tu amigo.

Liam la miró, con el corazón latiendo como una bomba lista a explotar.

—Lo sé.

Y lo que dijo después…

fue peor que cualquier amenaza.

—Voy a terminar lo que comencé hace dos años.

La puerta vibró bajo un nuevo golpe.

Liam tomó la mano de Mía.

—Quédate atrás de mí.

No importa lo que pase.

Ella sintió un escalofrío mortal.

Porque fuera de esa puerta…

ya no había dudas.

Solo enemigos de verdad.

Y uno de ellos…

había sido su amigo.

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
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