Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 18
De regreso a la comandancia le pedí a la teniente Jones que averigüe sobre ese tal Peter Hurst del Diario Noticias que me tenía tan intrigada. Mi sexto sentido me hacía presumir que ese tipo me estaba tendiendo una celada.
-¿Sospechoso de algo, capitana?-, se interesó mi secretaria. Yo encendí mi ordenador para redactar el informe de lo ocurrido en la autopista. -No, simple curiosidad-, le respondí a ella riéndome, tratando de no delatarme.
Ni había un periódico Diario noticias, siquiera en el internet, ni existía ningún Peter Hurst acreditado como periodista. El tipo tenía una credencial falsa colgando del cuello. Rayos.
No iba a arriesgarme tampoco. Hay muchos impostores en las calles, también existen credenciales falsas por millones, demasiadas identidades inventadas y numerosos sujetos que engañan a la gente haciéndose pasar de lo que no son. La Inteligencia Artificial ha hecho, ahora, más fácil falsificar y mucho más difícil captarlos y descubrirlos.
Ese tal Hurst estaba buscando algo, quizás un atentado masivo o simplemente matarme, era obvio. Pedí a mi amiga Esther de la televisión, las imágenes mías dando declaraciones a la prensa después del accidente en la autopista y un minuto después ya estaban las grabaciones en móvil. Luego de darle click al archivo, lo vi al sujeto en forma nítida. De inmediato imprimí su rostro y en registros e identificaciones encontré al impostor. Se llamaba en realidad de un tal Benjamin Peralt, arqueólogo, que había vivido muchos años en Bulgaria y hacía poco que había venido al país, según su movimiento migratorio. No tenía redes sociales.
-¿Quién truenos es ese sujeto y qué es lo que quiere?-, campaneó la misma pregunta un millón de veces en mis pensamientos, martillando mi cabeza.
*****
El coronel Marcus estaba perdidamente enamorado de mí. No me era difícil adivinarlo porque apenas me veía se iluminaba su mirada, se ponía rojo como un tomate, tragaba saliva y su corazón hacía bum bum bum tanto que parecía un redoble marcial. Se deshacía en atenciones y elogios a mí. Él apoyó decididamente mi carrera en la policía, propuso mis ascensos hasta alcanzar el grado de capitana y me apoyaba en todas mis decisiones y resoluciones.
Yo, sin embargo, no quería darle alas a sus ilusiones aunque me gustaba mucho Marcus. A mí en realidad me encantan todos los hombres y el coronel es súper guapo. Tiene una nariz larga, orejas en abanico, los pómulos bastante salidos y es alto y fornido. Cuando hubo la graduación de la nueva promoción de policías, me acaparó en la recepción y me hizo bailar diez piezas seguidas sin descanso, acaramelado a mis ojos y queriendo besar mis labios. Sus manos, incluso se aventuraban por mis caderas y era obvio que sus deseos de ir más abajo le ganaban y lo desbordaban por completo. Ya les dije que yo soy voluptuosa, muy curvilínea, tengo estupendas nalgas y él estaba fascinado de mis encantos. ¡¡¡Quería hacerme suya!!!
-¿Por qué una mujer tan hermosa no tiene novio?-, me preguntó Marcus recostado a mis cabellos, jadeando excitado, mientras me aplastaba sobre su gran pecho.
Yo tampoco lo sabía. Me gustaba el capitán Richards, me prendaba el chico que atendía en la panadería frente a mi casa, me encantaba el novio de mi hermana Tatiana y quería hacer el amor con Herman Douglas, el cotizado actor de cine que copaba mis sueños eróticos en mi alcoba. Yo quería a todos en realidad. Imagino que ese naufragio en mis ansias y deseos era lo que me tenía varada en una playa solitaria sin tener a quién amar realmente.
-Estoy dedicada a mi carrera-, quise ser diplomática, empero eso le dio más ínfulas al coronel.
-Yo también estoy solo, capitana, anhelando el amor de una mujer hermosa como usted-, fue exageradamente elocuente Marcus. Ahora era yo la que tragaba saliva.
-El amor quita mucho tiempo y en al comandancia hay demasiado trabajo-, le dije, riendo coqueta, moviendo los hombros. Eso era cierto. Por esos días estábamos en constantes operativos ante una plaga de extorsionadores que asolaba al país.
-Pero no todo debe ser trabajo, capitana, hay que darse su tiempo para uno mismo, ir al cine, pasear por el parque, comer en un restaurante exclusivo, bailar como lo hacemos nosotros ahora-, fijó Marcus sus ojos en los míos.
Truenos. Ese hombre iba en serio. Me quería en su cama, cueste lo que cueste.
-Quizás cuando derrotemos al crimen definitivamente, buscaré un hombre con quien compartir mi vida-, no sé si fui correcta o mala en mi respuesta. Marcus, sin embargo, estaba e el limbo, extraviado en el pardo de mis ojos, ansiando mis labios, queriendo descubrir todos mis encantos y hacerme delirar con su virilidad hecha un volcán a punto de hacer erupción.
-¿Es verdad que su madre es la dueña de la Corporación Dumitrache?-, se interesó Marcus. Ya les he dicho que siempre he querido desligarme de la fortuna de mi madre. Yo quiero ser yo, así de simple.
-Sí, ella es mi mamá-, tampoco la iba a negar a mi madre.
-¿Por qué usted es policía, capitana, y no regenta uno de los tantísimos hoteles de su madre, dirige sus cruceros, su línea aérea, administra sus restaurantes y tiendas de comida rápida, maneja su club de fútbol o su escudería de Fórmula Uno?-, estaba desconcertado Marcus.
-Porque yo quiero mi vida propia-, no mentí.
La teniente Jones me salvó del acoso de Marcus. -Capitana, un robo en progreso en un súper mercado-, me anunció preocupada. -El deber me llama coronel-, le hice una venia muy cortesana y él quedó aún más admirado de mi coquetería, cando me iba con Jones apuradas a resolver la emergencia, Marcus me quedó mirando empalagado mi cintura, el meneo de mis caderas y mis nalgas prominentes y apretando los puños barulló maravillado, ¡¡¡qué mujer!!! ¡¡¡qué mujer!!! ¡¡¡qué mujer!!! un millón de veces.