Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 22: El plan de Valeria
La luz roja comenzó a parpadear con más rapidez.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
El pequeño dispositivo en la mano de Valeria brillaba bajo la tenue luz del pasillo del edificio abandonado.
—¿Qué hiciste? —preguntó Adrián con voz fría.
Valeria sonrió ligeramente.
—Activé el temporizador.
El silencio cayó de inmediato.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Temporizador para qué?
Valeria levantó el control remoto entre sus dedos.
—Para lo que lleva años esperando suceder.
Camila sintió un escalofrío recorrer su espalda.
—Los explosivos…
Valeria inclinó la cabeza con una expresión tranquila.
—Exactamente.
El silencio se volvió pesado.
Lucas soltó una pequeña risa incrédula.
—Siempre supe que eras peligrosa.
Valeria lo miró.
—Peligrosa no.
Hizo una pausa.
—Determinada.
Camila dio un paso adelante.
—Estás loca.
Valeria negó lentamente.
—No.
Sus ojos se fijaron directamente en Camila.
—He sido paciente.
Adrián habló con voz firme.
—Desactiva eso ahora.
Valeria no se movió.
—No vine hasta aquí para detenerme.
Sebastián miró alrededor del pasillo.
—Si el edificio tiene explosivos…
—Tenemos que salir.
Valeria levantó ligeramente una ceja.
—¿Salir?
Luego soltó una pequeña risa.
—Eso sería demasiado fácil.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Valeria caminó lentamente por el pasillo.
—Significa que este lugar no es solo un escenario.
Se detuvo frente a ellos.
—Es el final de una historia que empezó hace ocho años.
El silencio llenó el edificio.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Tu plan es matarnos?
Valeria negó lentamente.
—No.
Camila frunció el ceño.
—Entonces ¿qué quieres?
Valeria levantó el control remoto.
—Quiero la verdad.
Sebastián cruzó los brazos.
—Eso no explica por qué activaste una bomba.
Valeria respondió con calma.
—Porque la verdad solo aparece cuando no hay otra salida.
Camila sintió un escalofrío.
—Eso no tiene sentido.
Valeria la observó.
—Lo tiene.
Adrián dio un paso adelante.
—Valeria.
Su voz era fría.
—Esto terminó.
Valeria sonrió.
—No.
Luego miró hacia el fondo del pasillo.
—De hecho… acaba de empezar.
Camila siguió su mirada.
En la oscuridad del corredor apareció una figura.
Un hombre caminaba lentamente hacia ellos.
Daniel Rivas.
Camila sintió que el corazón le dio un salto.
—Así que finalmente nos conocemos —dijo Rivas con una sonrisa tranquila.
Adrián lo observó con frialdad.
—Has causado demasiados problemas.
Rivas levantó ligeramente los hombros.
—Solo estoy defendiendo lo que es mío.
Sebastián habló con tono serio.
—El fraude que destruyó a nuestras familias.
Rivas soltó una pequeña risa.
—Eso es solo una versión de la historia.
Camila lo miró.
—Entonces dinos la verdad.
Rivas se detuvo frente a ellos.
—La verdad es mucho más interesante.
Valeria observaba todo con atención.
—Por eso estamos aquí.
Camila frunció el ceño.
—Entonces este era tu plan.
Valeria respondió con calma.
—Exactamente.
Lucas levantó una ceja.
—Reunir a todos los involucrados en el mismo lugar.
Valeria sonrió.
—Sí.
Camila cruzó los brazos.
—¿Para qué?
Valeria levantó el control remoto.
—Para que nadie pueda escapar de la verdad.
El silencio volvió a caer.
Camila sintió que el miedo comenzaba a mezclarse con enojo.
—Podrías haber hablado con nosotros.
Valeria negó lentamente.
—Nadie escucha la verdad cuando es fácil.
Rivas habló con voz tranquila.
—Pero sí cuando no hay otra opción.
Adrián frunció el ceño.
—Estás jugando con fuego.
Rivas sonrió.
—Siempre lo he hecho.
Camila miró la luz roja que parpadeaba en el pasillo.
—¿Cuánto tiempo queda?
Valeria respondió sin mirar el reloj.
—Suficiente para terminar esta conversación.
Sebastián suspiró.
—Eso no suena tranquilizador.
Lucas cruzó los brazos.
—Pero sí dramático.
Camila miró a Rivas.
—Mi madre sabía algo sobre ti.
Rivas no negó.
—Sí.
—¿Qué sabía?
Rivas la observó durante unos segundos.
—Que el fraude no era solo dinero.
Camila frunció el ceño.
—Entonces ¿qué era?
Rivas respondió lentamente.
—Poder.
El silencio llenó el pasillo.
Adrián habló con voz fría.
—Eso ya lo sabíamos.
Rivas negó.
—No completamente.
Camila sintió un pequeño nudo en el estómago.
—Entonces explícalo.
Rivas miró a Valeria.
Luego volvió a mirar a Camila.
—Hace años varias familias poderosas se unieron para controlar el mercado.
Sebastián frunció el ceño.
—Eso suena como un cartel empresarial.
Rivas sonrió ligeramente.
—Exactamente.
Camila cruzó los brazos.
—¿Y nuestras madres lo descubrieron?
Rivas inclinó ligeramente la cabeza.
—Sí.
Adrián habló con voz baja.
—Y por eso intentaron detenerlos.
Rivas respondió con calma.
—Y por eso alguien intentó detenerlas.
El silencio volvió a caer.
Camila sintió un escalofrío.
—Entonces alguien ordenó el ataque.
Rivas la observó.
—Sí.
Camila respiró profundamente.
—¿Quién?
Rivas no respondió de inmediato.
Valeria miró el dispositivo en su mano.
La luz roja seguía parpadeando.
—Ese es el punto de todo esto —dijo.
Camila la miró.
—Entonces dilo.
Valeria levantó la mirada lentamente.
—La persona que ordenó el ataque…
Hizo una pausa.
—Está aquí.
El silencio se volvió aterrador.
Camila miró a todos en el pasillo.
Adrián.
Sebastián.
Lucas.
Rivas.
Valeria.
—¿Quién? —preguntó.
Valeria sonrió ligeramente.
—El verdadero líder de ese grupo.
Adrián habló con voz firme.
—Deja de jugar.
Valeria levantó el control remoto.
—No estoy jugando.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Entonces di su nombre.
Valeria miró directamente a Camila.
Y lo que dijo después hizo que el aire pareciera congelarse.
—Tu madre.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el mundo se detenía.
—Eso es mentira.
Valeria negó lentamente.
—No.
Camila sintió que las manos le temblaban.
—Mi madre estaba intentando detenerlos.
Valeria habló con voz tranquila.
—Eso es lo que ella quería que creyeras.
Camila negó con la cabeza.
—No.
Rivas observaba la escena en silencio.
Sebastián frunció el ceño.
—Esto no tiene sentido.
Valeria respondió con calma.
—Lo tendrá.
Camila la miró con furia.
—¿Por qué dirías algo así?
Valeria levantó el control remoto.
La luz roja parpadeaba cada vez más rápido.
—Porque el plan de tu madre nunca fue detener el fraude.
Camila sintió que el corazón se encogía.
—Entonces ¿cuál era su plan?
Valeria respondió con una sonrisa fría.
—Quedarse con todo.
El silencio fue absoluto.
Camila apenas pudo hablar.
—Eso… eso es imposible.
Valeria la observó con una calma inquietante.
—No.
Luego señaló a Rivas.
—Y él tiene la prueba.
El silencio llenó el edificio.
Camila miró a Rivas.
—¿Qué prueba?
Rivas sacó lentamente un pequeño dispositivo de su bolsillo.
—Un archivo que tu madre dejó antes de desaparecer.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Desaparecer?
Valeria sonrió lentamente.
—Porque tu madre…
Hizo una pausa.
—No murió.
El silencio se volvió aterrador.
Camila sintió que el mundo se detenía.
—Eso… no puede ser verdad.
Valeria levantó el control remoto.
—Pronto lo sabrás.
Camila frunció el ceño.
—¿Cómo?
Valeria respondió con una frase que dejó a todos en silencio.
—Porque alguien acaba de entrar al edificio.
El silencio cayó de inmediato.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Quién?
Valeria sonrió.
—La única persona que puede explicar todo esto.
Y en ese momento…
unos pasos comenzaron a escucharse en la oscuridad del pasillo.