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Sombra En El Altar

Sombra En El Altar

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Anibeth Arguello

Alessandro una muchacha con un triste pasado y un esposo que la odia.

NovelToon tiene autorización de Anibeth Arguello para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La fragilidad del diamante

El silencio en la suite de cuidados intensivos era diferente al silencio del Muelle 14. Aquí, el aire no pesaba por la pólvora o la lluvia, sino por el zumbido eléctrico de las máquinas que mantenían a Julián atado a la vida. Alessandra no se había movido de la silla de cuero junto a su cama en treinta y seis horas. Sus ojos, antes acostumbrados a analizar gráficos de bolsa y flujos de capital, ahora solo escaneaban las líneas del monitor cardiaco, buscando en cada pico y valle la confirmación de que su mundo no se derrumbaría.

​Había rechazado las llamadas de la junta directiva de Blue Phoenix. Había ignorado tres correos urgentes de sus abogados en París sobre la herencia Valois. En ese momento, la mujer que poseía la mitad de la liquidez del continente era simplemente una esposa que contaba las gotas del suero.

​El despertar de los sentidos

​Fue a las cuatro de la mañana cuando Julián movió los dedos. El roce de su piel contra las sábanas de hilo fue como un estruendo en la mente de Alessandra. Ella se inclinó, conteniendo el aliento, mientras él abría los ojos lentamente.

​—Ale... —su voz era un susurro árido, apenas un roce de aire en sus cuerdas vocales dañadas por el humo.

​—Aquí estoy, Julián. No hables, solo descansa —respondió ella, acariciándole el cabello con una ternura que le dolía en los huesos.

​Él la miró, y por primera vez en años, no hubo el velo del orgullo ni la sombra del desprecio. Había una transparencia aterradora.

—El muelle... la mujer... ¿era ella? —preguntó él, refiriéndose a Eléonore.

​Alessandra asintió, sintiendo un nudo en la garganta.

—Sí. Mi madre. O lo que queda de ella. Pero ya no importa, Julián. Están todos bajo custodia o bajo vigilancia. Ya nadie puede entrar en nuestra casa. Nadie puede obligarnos a ser lo que no somos.

​La inversión de los mundos

​Julián hizo un gesto de dolor al intentar moverse. Sus quemaduras, aunque tratadas con la tecnología médica más avanzada, seguían siendo un recordatorio ardiente de su sacrificio.

—Siento... que ya no sé quién eres —dijo él, cerrando los ojos por un segundo—. No eres la mujer con la que me casé. Eres una reina que ha estado viviendo en mi sótano. Me siento... pequeño, Alessandra. Por primera vez, el dinero no me sirve de escudo.

​Este es el punto crucial de su relación. El ego de Julián, construido sobre la base de ser el proveedor y el protector, había sido pulverizado. Alessandra, al salvarlo financieramente primero y físicamente después, había invertido el orden de su universo.

​—Julián, mírame —dijo ella, tomando su rostro con ambas manos—. Durante años, te amé desde la humillación. Ahora, te amo desde el poder. Pero el sentimiento es el mismo. No me importa si eres el dueño de la ciudad o si no tienes ni un centavo en el banco. Te elegí cuando no tenías nada, y te elijo ahora que yo lo tengo todo.

​La sombra en la puerta

​La intimidad del momento fue interrumpida por un golpe suave en la puerta. No era un médico. Era Marcus, el jefe de seguridad de Alessandra. Su rostro reflejaba que las noticias no eran buenas.

​Alessandra se levantó, dándole un beso en la frente a Julián antes de salir al pasillo.

—¿Qué pasa, Marcus? Dijiste que Isabella estaba bajo custodia.

​—Lo estaba, señora —dijo Marcus, bajando la voz—. Pero hubo una complicación durante el traslado al hospital penal. Un grupo armado interceptó la ambulancia. No eran delincuentes comunes; usaban equipo táctico de alta gama. Se llevaron a Isabella y dejaron un mensaje en el servidor de Blue Phoenix.

​Alessandra sintió un escalofrío. —¿De quién?

​—De su madre, Eléonore. El mensaje dice: "Una Valois no termina sus días en una celda suiza. Si quieres a tu hermana, o lo que queda de ella, búscame en el Castillo de Sombras. La herencia no es una opción, Alessandra. Es una sentencia".

​El nuevo mapa de la guerra

​Alessandra cerró los ojos y apoyó la cabeza contra la pared fría del hospital. La historia, en lugar de cerrarse, se estaba expandiendo hacia un terreno mucho más peligroso. Su madre no buscaba una reconciliación; buscaba una sucesora, una guerrera que continuara el linaje de los Valois, y estaba dispuesta a usar a la desquiciada Isabella como cebo.

​—Prepara el jet —ordenó Alessandra, sus ojos transformándose de nuevo en los de la ejecutiva letal—. Y Marcus... no le digas nada de esto a Julián. Él cree que la guerra terminó. No voy a dejar que sus heridas se abran de nuevo por una familia que él ni siquiera eligió.

​—¿A dónde vamos, señora?

​—A Francia —sentenció ella—. Si mi madre quiere que sea una Valois, le voy a enseñar que las Valois de esta generación no solo heredan castillos. También heredan el arte de destruirlos.

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