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El Heredero Del Imperio

El Heredero Del Imperio

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Polania

Han pasado 20 años.
El hijo de Frank y Valery ya no es un bebé.
Es el heredero del imperio Morello
Él no quiere el trono.
No quiere ser rey. No quiere sangre. No quiere alianzas forzadas.
Quiere una vida normal.
Y eso, en una familia como la suya… es traición.

NovelToon tiene autorización de Polania para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El enemigo en casa

Capítulo 15

La guerra no siempre suena como disparos.

A veces suena como silencio.

Demasiado silencio.

Después de las explosiones, la ciudad estaba inquietantemente calmada. Ningún contraataque inmediato. Ninguna provocación pública. El Cartel del Norte había desaparecido del radar.

Y eso era exactamente lo que no le gustaba a Matías.

Estaba sentado en la sala principal de la clínica, ahora convertida en centro de operaciones temporal. El vendaje bajo su camisa aún tiraba con cada movimiento, pero el dolor físico era secundario.

Algo no cuadraba.

—Repórtenme todo otra vez —ordenó.

Uno por uno, sus hombres hablaron.

Rutas aseguradas.

Proveedores leales confirmados.

Finanzas estables.

Demasiado limpio.

Matías apoyó los codos en la mesa.

—Nos interceptaron el jueves antes del atentado —dijo con voz tranquila—. Sabían exactamente dónde estaría.

Nadie respondió.

—Eso no se consigue espiando desde afuera.

Un silencio pesado cayó en la sala.

Isabella, que estaba sentada a un lado revisando su teléfono, levantó la vista.

Lo sintió.

La sospecha.

—¿Estás diciendo que alguien de aquí filtró información? —preguntó ella.

Matías no la miró.

—Estoy diciendo que alguien habló.

Uno de los hombres, Sergio, dio un paso adelante.

—Eso es imposible. Somos los mismos de siempre.

Matías levantó lentamente la mirada.

—Eso es lo que más me preocupa.

Esa noche, Matías ordenó algo que nunca antes había hecho.

—Quiero revisar registros internos. Llamadas, movimientos, transferencias. Todo.

—Eso es invasivo —murmuró otro hombre.

Matías sostuvo su mirada.

—También lo fue la bala que casi me mata.

Nadie volvió a objetar.

Isabella lo observaba desde el pasillo.

Lo veía transformarse.

Ya no era solo el estratega frío.

Era un líder herido.

Y un líder herido es más peligroso que uno enojado.

Se acercó cuando la sala quedó vacía.

—No puedes desconfiar de todos —dijo suavemente.

—No desconfío de todos.

—Pero estás empezando.

Él la miró.

—¿Prefieres que confíe y te vuelvan a intentar secuestrar?

Ella sostuvo su mirada sin retroceder.

—Prefiero que no pierdas la cabeza.

Eso lo hizo respirar más profundo.

Se acercó.

—Si alguien aquí te puso en peligro…

No terminó la frase.

No hacía falta.

A la madrugada, llegó el primer indicio.

Uno de los técnicos entró apresurado.

—Encontramos algo.

Matías se giró.

—Habla.

—Un número interno envió coordenadas el día del ataque.

El aire se volvió pesado.

—¿A quién pertenece? —preguntó Matías.

El técnico dudó.

Eso fue suficiente para que todos entendieran que la respuesta no sería fácil.

—A Diego.

Silencio absoluto.

Diego.

Su mano derecha desde hacía cuatro años.

El hombre que lo había sacado de una emboscada en Monterrey.

El que conocía sus rutinas.

El que sabía exactamente dónde estaría… y con quién.

Isabella sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Matías no se movió.

—Tráiganlo.

Diego entró veinte minutos después.

No parecía nervioso.

Pero sus ojos no sostenían la mirada de Matías como antes.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Matías caminó lentamente alrededor de él.

Cada paso medido.

—¿Dónde estabas el jueves a las 7:42 p.m.?

Diego frunció el ceño.

—En el restaurante, asegurando el perímetro.

—Interesante.

Matías dejó caer un teléfono sobre la mesa.

—Porque desde tu línea se enviaron coordenadas exactas a un número vinculado con el Cartel del Norte.

Diego palideció.

—Eso no es posible.

—Ya revisamos los registros.

Silencio.

—Alguien clonó mi línea —intentó.

Matías lo miró fijamente.

—Eso sería muy conveniente.

Diego respiró con dificultad.

—Matías, te he sido leal. Siempre.

—Entonces dime por qué casi muero.

Esa frase cayó como una sentencia.

Isabella observaba desde la puerta.

No quería estar ahí.

Pero tampoco podía irse.

Diego bajó la mirada.

Y en ese pequeño gesto…

Matías entendió.

—¿Cuánto te ofrecieron? —preguntó en voz baja.

Diego apretó los puños.

—No era por dinero.

Eso fue peor.

Matías inclinó ligeramente la cabeza.

—Entonces explícame.

Diego levantó la vista, y por primera vez había algo distinto en sus ojos.

Resentimiento.

—Siempre fue tu imperio. Tu apellido. Tu decisión. Yo hacía el trabajo sucio… pero nunca era suficiente.

El silencio se volvió denso.

—Te di todo —dijo Matías.

—Me diste órdenes.

Isabella sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

No era traición por ambición.

Era traición por orgullo.

—No quería que murieras —añadió Diego rápidamente—. Solo que te debilitaran. Que entendieras que no eres intocable.

Matías lo miró durante varios segundos.

Y esa mirada era más fría que cualquier arma.

—Casi secuestran a Isabella.

Diego tragó saliva.

—Eso no estaba en el trato.

—Pero pasó.

Un segundo eterno.

—Sáquenlo.

Dos hombres se acercaron.

Diego no se resistió.

Pero antes de salir, dijo:

—Si me matas… no vas a cerrar esta herida. Solo la vas a enterrar.

La puerta se cerró.

Isabella entró lentamente.

—¿Qué vas a hacer?

Matías estaba de espaldas.

Tenso.

Silencioso.

—No lo sé.

Eso la sorprendió.

—Pensé que ya lo tenías decidido.

Él giró apenas la cabeza.

—En este mundo, la traición se paga con sangre.

—¿Y tú quieres seguir siendo ese mundo?

La pregunta quedó suspendida en el aire.

Porque ese era el verdadero conflicto.

No era solo la guerra.

Era en qué tipo de hombre se convertiría.

Esa noche, Diego no apareció.

Ni su cuerpo.

Ni un anuncio.

Nada.

Solo un mensaje enviado desde el teléfono de Matías a un número desconocido:

"Devuélvanme lo que es mío… o empiezo a quitarles lo que es suyo."

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