La vida de Emma cambia cuando el señor Rodrigo, tras más de 40 años trabajando en la empresa, decide jubilarse. Buscando a alguien joven y conocedor de su área para sustituirlo, elige a su asistente, quien ya tiene más de 10 años de experiencia trabajando a su lado. Aunque su elección podría convertir a Emma en la candidata perfecta para convertirse en la nueva madre de los hijos del presidente.
NovelToon tiene autorización de Michelle RR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18
El día había pasado fugazmente, y aunque le habría encantado decir que fue productivo, Emma se la pasó llorando todo el tiempo, mientras Carol la consolaba y Patrick luchaba con el impulso de tomar las llaves del carro para ir a buscar a Aiden y matarlo. Esa idea, por supuesto, era compartida por Daisy, quien seguía prometiéndose a sí misma que lo desguazaría vivo.
La mañana llegó sin piedad, acompañada de un clima agradable que parecía prometer tranquilidad. Emma, agotada de tanto llorar, decidió levantarse de la cama y salir al patio trasero para tomar aire fresco. Las hojas esparcidas por los árboles, en pleno invierno, le ofrecían una vista pintoresca que, por un momento, la distrajo.
Carol apareció con una taza de té, sabiendo que a su hija siempre le había gustado más el té que el café.
—Toma, cariño. ¿Cómo te sientes? —preguntó con suavidad.
—Estoy bien, mamá —respondió Emma—. Aunque no lo parezca, me siento tranquila. Me duele, pero sé que puedo aprender a olvidar.
—Es normal sentirse mal por un engaño, Emma —dijo Carol, sentándose a su lado—. Pero dolería más si nunca te hubieras enterado.
—Lo amaba, mamá —susurró Emma, su voz quebrándose—. Lo puse a él en primer lugar, incluso antes que a ustedes, y eso es algo que jamás voy a perdonarme. El amor no es para mí... solo me hace sentir estúpida.
—No, mi amor —respondió Carol con ternura—. Estás equivocada. El amor es lo más hermoso que existe, porque te enseña a valorar a otra persona. Lo que pasa es que ese amor debe ser correspondido. Tú diste tu amor a alguien que no lo merecía, pero eso no está mal. Lo que importa son tus sentimientos.
—No volveré a enamorarme. No quiero volver a amar a nadie más —dijo Emma, limpiándose las lágrimas con decisión—. No voy a seguir llorando por ese idiota, porque significaría que todavía tiene poder sobre mí, y eso no lo voy a permitir.
—Emma, eso no es...
—No, mamá. Esta es mi decisión. Hoy quiero pasar un hermoso día junto a ustedes. Quiero disfrutar de su compañía, no llorar por un hombre que no lo vale —dijo Emma, mirando el hermoso patio adornado, hasta que el sonido de una llamada telefónica rompió la calma. Emma miró la pantalla del teléfono. Su corazón se detuvo un instante al ver el nombre, pero en lugar de emocionarse, solo sintió rabia. Notó las lágrimas deslizarse por sus mejillas, pero rápidamente las limpió.
—¿Puedes contestar tú, mamá? No quiero escucharlo.
—Claro, amor —dijo Carol, tomando el teléfono y viendo el nombre en la pantalla. Contestó con un tono frío—. Tienes la desfachatez de llamar, ¿eh? ¿Qué quieres, pedazo de mierda?
Al otro lado de la línea, Aiden intentó hablar con voz suplicante.
—Solo quiero hablar con Emma. Necesito explicarle...
—¿Explicarle qué? —interrumpió Carol con desprecio—. ¿Que eres un mentiroso y un cobarde? ¿Que la engañaste como el maldito hijo de puta que eres? No sé cómo tienes el descaro de llamarla después de lo que le hiciste.
—Carol, no es lo que parece. Fue un malentendido...
—Cierra la boca, Aiden —lo cortó bruscamente—. Ya no tienes nada que ver con mi hija. Si vuelves a llamarla, te juro que te arrepentirás. Te conozco mejor de lo que crees, y si sigues molestándola, desearás no haber nacido. Ahora, deja en paz a Emma y no vuelvas a llamar.
—Pero… solo quiero que me escuche…
Carol soltó una risa sarcástica.
—¿Escucharte? Ya ha perdido suficiente tiempo contigo. Si te acercas de nuevo, te haré la vida un infierno. Cuelga ahora, antes de que me canse de ser educada.
Tras una breve pausa, añadió con un tono cortante:
—Y créeme, Aiden, lo último que quieres es ver lo que pasa cuando dejo de serlo.
Emma, quien había escuchado toda la conversación, se quedó sorprendida por la firmeza de su madre. Sin embargo, una sensación de alivio la invadió, al saber que siempre podía contar con ella.
Los dos días restantes en casa de sus padres pasaron rápidamente, y cuando Emma regresó a su apartamento, se sintió vacía. No se había dado cuenta de cuánto los extrañaba. Aún era temprano, así que decidió salir a dar un paseo para despejar su mente y consentirse un poco.
Fue de tienda en tienda, comprando algunas prendas que le gustaron, principalmente para verse presentable en la oficina. Mientras caminaba por la ciudad, sus ojos se posaron en un puesto de hot dogs que había frecuentado con Aiden. Una oleada de desprecio la invadió.
—Ese idiota… Ni siquiera pudo invitarme a una cena decente —pensó con amargura—. Pero yo tengo el dinero suficiente para complacerme a mí misma. ¿La compañía? Solo era una estupidez.
Sin dudarlo, Emma entró al elegante restaurante que una vez soñó estar en ese lugar. Uno de los meseros se acercó rápidamente para atenderla.
—Buenas tardes, señorita. ¿Tiene alguna reserva o alguien la está esperando?
—Ninguna de las dos —respondió con firmeza—. ¿Tendrá una mesa para una sola persona?
—Bueno, normalmente contamos con mesas para parejas…
—Deme una mesa y quítele las sillas, solo comeré yo. Aunque déjeme una para mis bolsas —dijo, sin perder la compostura.
El mesero rió nerviosamente y respondió:
—Tengo la mesa perfecta para usted, señorita. Sígame, por favor.
La guió hasta una mesa, retiró una de las sillas y le entregó el menú. Emma lo revisó sin mucho interés, pero al ver los precios, titubeó por un momento. A pesar de ello, decidió que ya estaba ahí y debía aprovechar la ocasión.
—Pediré un *Le Burger Extravagant* —dijo con seguridad.
—Excelente elección, señorita. Su pedido estará listo en un momento —respondió el mesero antes de retirarse.