Valentina Morales está acostumbrada a que la gente juzgue su cuerpo antes de conocer su corazón.
Después de perder su empleo y descubrir que su hermano tiene una enorme deuda con un hombre peligroso, Valentina acepta trabajar para el único hombre capaz de ayudarlos: Damián Ferrer, el mafioso más poderoso y temido de la ciudad.
Damián está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere. Las mujeres se acercan a él por su dinero, su poder y su apellido.
Pero Valentina es diferente.
Ella no se deja intimidar.
No intenta conquistarlo.
No acepta sus órdenes sin discutir.
Y, sobre todo, no permite que nadie vuelva a hacerla sentir menos por tener curvas.
Lo que comienza como una relación basada en una deuda terminará convirtiéndose en una historia de amor, celos, traiciones y secretos.
Damián juró que jamás se enamoraría.
Valentina juró que jamás permitiría que un hombre controlara su vida.
NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
la verdad sobre mi madre
Valentina permaneció inmóvil frente a la pantalla.
“Pregunta quién era realmente tu madre.”
Las palabras no dejaban de repetirse en su cabeza.
—No entiendo —susurró.
Su padre cerró los ojos.
—Hay cosas que nunca quise contarte.
—¿Por qué?
—Porque quería que tuvieras una vida normal.
Valentina soltó una risa amarga.
—¿Normal? Toda mi vida pensé que mis padres habían muerto y ahora descubro que papá está vivo, que Mateo lleva una memoria con secretos y que Alejandro me está persiguiendo.
Su padre bajó la mirada.
—Lo siento.
—Quiero saberlo todo.
Damián se acercó.
—Y esta vez nadie va a ocultarte nada.
Valentina lo miró.
—¿Quién era realmente mi madre?
Su padre respiró profundamente.
—Tu madre no era una mujer común.
—Eso ya lo sé.
—Era investigadora.
Valentina frunció el ceño.
—¿Investigadora?
—Sí. Antes de conocernos, trabajaba recopilando información sobre organizaciones criminales.
Damián levantó la mirada.
—¿Ella investigaba a los Ferrer?
—No solamente a los Ferrer.
Su padre hizo una pausa.
—Investigaba una red mucho más grande.
—¿Qué red?
—Una red que conectaba empresarios, funcionarios y personas de diferentes países.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Y Alejandro?
—Alejandro formaba parte de ella.
Damián apretó los puños.
—Entonces mi familia estaba involucrada.
—Algunos miembros sí.
—¿Mi padre?
El hombre negó con la cabeza.
—Tu padre intentó salir.
Damián permaneció callado.
—Tu madre tenía pruebas —continuó el padre de Valentina—. Y por eso la perseguían.
Valentina sintió lágrimas en los ojos.
—¿Por qué nunca me lo contaste?
—Porque ella me pidió que te protegiera.
—¿De quién?
Su padre la miró directamente.
—De todos.
Esa noche, Valentina se quedó en la habitación de Damián.
No quería estar sola.
Él estaba junto a la ventana.
—¿Estás arrepentida de haberme conocido?
Valentina negó con la cabeza.
—No.
—Tu vida era más tranquila antes.
—Sí.
—Entonces...
Ella se acercó.
—Pero también era una mentira.
Damián la miró.
—Ahora conozco la verdad.
—Y la verdad puede ser peligrosa.
Valentina tomó su mano.
—Prefiero una verdad peligrosa que una mentira cómoda.
Damián sonrió.
—Eres más fuerte de lo que pensaba.
—Y tú más sensible de lo que aparentas.
—No se lo digas a nadie.
Valentina rió.
Damián la abrazó.
—Pase lo que pase, no estás sola.
Ella apoyó la cabeza en su pecho.
—Lo sé.
Al día siguiente, el padre de Valentina llevó a sus hijos a una habitación privada.
Sobre la mesa había una caja antigua.
—Esto pertenecía a su madre.
Valentina la abrió.
Dentro había fotografías, documentos y una libreta.
En la primera página aparecía un nombre:
Lucía Salazar.
Valentina se quedó sorprendida.
—¿Salazar?
Rafael dio un paso adelante.
—Era mi hermana.
—¿Mi madre era hermana de Rafael?
—Sí.
Valentina lo miró.
—Entonces él es mi tío.
Rafael asintió.
—Nunca pude decírtelo.
Valentina tomó la libreta.
Había páginas llenas de nombres y fechas.
Una frase estaba subrayada varias veces:
“No confío en Alejandro.”
Damián comenzó a leer.
—Aquí hay algo.
Valentina se acercó.
Había una dirección.
—¿Qué es?
—Un archivo.
Rafael reconoció el lugar.
—Es donde Lucía guardaba sus investigaciones.
—¿Todavía existe?
—Sí.
Damián tomó la libreta.
—Entonces iremos.
Esa misma tarde, Valentina, Damián y Rafael llegaron al antiguo archivo.
Era un edificio pequeño y abandonado.
Entraron.
Había cajas por todas partes.
Después de buscar durante casi una hora, encontraron un armario cerrado.
Rafael utilizó una llave.
Dentro había decenas de carpetas.
Valentina encontró una con su nombre.
VALENTINA MORALES.
La abrió con manos temblorosas.
Había fotografías de ella desde que era bebé.
También había informes médicos, fotografías de su escuela y registros de su infancia.
—¿Por qué mi madre tenía todo esto?
Damián tomó uno de los documentos.
—Te estaba protegiendo.
Valentina encontró una carta.
La abrió.
“Mi pequeña Valentina: si algún día encuentras esto, quiero que sepas que nunca quise alejarme de ti.”
Las lágrimas comenzaron a caer.
“Hay personas que creen que tú tienes algo que me pertenece. Pero tú no eres una herramienta ni una llave. Eres mi hija.”
Valentina apretó la carta contra su pecho.
Entonces encontró otra hoja.
Era una lista de nombres.
Uno de ellos estaba marcado en rojo.
Damián Ferrer.
Valentina levantó la mirada.
—¿Por qué aparece tu nombre?
Damián tomó el documento.
Su expresión cambió.
—No lo sé.
Rafael se acercó.
—Quizás Lucía descubrió algo sobre tu familia.
Damián siguió leyendo.
Debajo de su nombre aparecía una anotación:
“Proteger a Damián. Él será utilizado por Alejandro.”
Damián quedó completamente inmóvil.
—Mi madre sabía que Alejandro quería utilizarme.
Valentina se acercó.
—¿Para qué?
Antes de que pudiera responder, se escuchó un ruido.
Un cristal se rompió.
Damián reaccionó inmediatamente.
—¡Al suelo!
Un disparo atravesó una ventana.
Rafael empujó a Valentina detrás de un escritorio.
—¡No salgan!
Damián sacó su arma.
—¡Rafael, por la puerta trasera!
Corrieron.
Pero antes de salir, Valentina tomó la carpeta con su nombre.
No estaba dispuesta a dejarla atrás.
Llegaron al automóvil.
Damián arrancó a toda velocidad.
—¿Estás bien?
—Sí.
—¿La carpeta?
Valentina la sostuvo contra su pecho.
—La tengo.
Damián respiró aliviado.
Pero Rafael miraba preocupado hacia atrás.
—No era Alejandro.
Damián lo miró por el espejo.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque conozco a sus hombres.
—Entonces, ¿quién era?
Rafael no respondió inmediatamente.
—Alguien mucho más peligroso.
Valentina sintió un escalofrío.
—¿Quién?
Rafael finalmente habló.
—El hombre que estuvo detrás de la muerte de tu madre.
Damián frenó bruscamente.
—¿Qué?
Rafael miró a Valentina.
—Lucía no murió por una enfermedad.
Valentina dejó de respirar.
—¿Cómo murió?
Rafael bajó la mirada.
—La asesinaron.
Las lágrimas aparecieron en los ojos de Valentina.
—¿Quién?
Rafael respondió:
—Un hombre llamado Esteban Cruz.
Damián apretó el volante.
Ese nombre ya había aparecido antes.
El hombre que supuestamente había ayudado a Alejandro.
—¿Dónde está? —preguntó Damián.
Rafael negó con la cabeza.
—Desapareció hace diez años.
El teléfono de Valentina vibró.
Un mensaje desconocido.
Solo decía:
“Tu madre murió por protegerte. Ahora te toca a ti descubrir por qué.”
Valentina levantó la mirada hacia Damián.
Y comprendió que su pasado todavía escondía un último secreto.
Uno que podía cambiarlo todo.