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LA DEBILIDAD DEL CEO

LA DEBILIDAD DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Romance de oficina
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.

Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.

Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.

Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…

ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 17: LA MUJER QUE ELIGIÓ

Valentina llevaba casi una hora frente a su armario.

Había sacado vestidos, blusas, pantalones y hasta dos conjuntos que nunca había usado.

Nada parecía apropiado.

—¿Por qué estoy tan nerviosa? —murmuró mientras miraba su reflejo.

No era una entrevista de trabajo.

No era una reunión de negocios.

Era una cena con la familia de Maximiliano Blackwood.

Y eso lo cambiaba todo.

Su teléfono vibró sobre la cama.

Maximiliano: ¿Ya estás lista?

Valentina sonrió.

Valentina: Todavía no.

La respuesta llegó inmediatamente.

Maximiliano: No tienes que impresionar a nadie.

Ella escribió:

Valentina: Fácil decirlo cuando eres tú quien nació siendo un Blackwood.

Pasaron unos segundos.

Maximiliano: Para mí no eres una invitada que tiene que impresionar a mi familia.

Valentina sintió calor en las mejillas.

Maximiliano: Eres la mujer que quiero a mi lado.

Valentina dejó el teléfono sobre la cama y respiró profundamente.

—Este hombre va a acabar conmigo.

Finalmente eligió un vestido elegante, sencillo, que resaltaba su figura sin exagerar. Se arregló el cabello y se miró nuevamente al espejo.

Esta vez sonrió.

—Está bien. Puedo hacerlo.

---

Maximiliano llegó puntual.

Cuando Valentina salió de su apartamento, él bajó del automóvil.

Y durante unos segundos simplemente la miró.

Ella caminó hacia él.

—¿Qué?

—Nada.

—Me estás mirando demasiado.

—Estoy tratando de recordar cómo respirar.

Valentina soltó una carcajada.

—¿Tú? ¿El gran Maximiliano Blackwood?

—Contigo pierdo algunas habilidades.

Ella negó con la cabeza, divertida.

—Vamos.

Maximiliano abrió la puerta del automóvil.

Antes de que ella entrara, tomó suavemente su mano.

—¿Nerviosa?

—Mucho.

—Yo también.

Valentina lo miró sorprendida.

—¿Tú?

—Sí.

—¿Por qué?

Él sonrió.

—Porque me importa lo que piensas de mí. Y ahora también me importa lo que mi familia piense de ti.

Valentina apretó ligeramente su mano.

—No tienes que preocuparte.

—Eso espero.

Durante el trayecto, Medellín apareció iluminada frente a ellos.

Las luces de la ciudad descendían por las montañas como pequeñas estrellas.

Valentina miró por la ventana.

—Es hermosa.

—Sí.

Maximiliano no estaba mirando la ciudad.

Ella lo notó.

—¿Otra vez mirándome?

—No puedo evitarlo.

Valentina sonrió.

—Entonces deja de hacerlo.

—No.

---

La cena se celebraría en la residencia de la familia Blackwood.

Era una casa elegante, amplia y sofisticada, con grandes ventanales y un jardín perfectamente cuidado.

Cuando entraron, Valentina sintió que el corazón le latía con fuerza.

El padre de Maximiliano apareció para recibirlos.

—Buenas noches.

—Buenas noches —respondió Valentina.

Él le ofreció la mano.

—Me alegra que hayas venido.

—Gracias por invitarme.

Maximiliano colocó discretamente una mano en la espalda de Valentina.

El gesto fue pequeño.

Pero ella sintió seguridad inmediatamente.

—Pasemos al comedor —dijo su padre.

La cena comenzó de manera tranquila.

Hablaron de negocios, de Medellín, de algunos proyectos de Grupo Blackwood.

Pero después de unos minutos, el padre de Maximiliano cambió el rumbo.

—Valentina, quiero preguntarte algo.

Ella dejó los cubiertos sobre el plato.

—Claro.

—¿Qué es lo que realmente quieres para tu vida?

Maximiliano la miró.

No intervino.

Sabía que ella podía responder por sí misma.

Valentina respiró.

—Quiero crecer profesionalmente. Tener una carrera que me haga sentir orgullosa. Construir algo propio.

Su padre asintió.

—¿Y en lo personal?

Valentina sonrió tímidamente.

—Una familia algún día.

Maximiliano bajó la mirada hacia ella.

—¿Hijos?

—Sí.

—¿Cuántos?

Valentina soltó una pequeña risa.

—No lo sé. Dos… quizá tres.

Maximiliano sonrió.

—Eso ya lo habíamos hablado.

Su padre los observó.

—¿Ya habían hablado de eso?

Valentina se sonrojó.

—Sí.

El padre de Maximiliano sonrió ligeramente.

—Entonces esto va más en serio de lo que pensaba.

Maximiliano tomó la mano de Valentina debajo de la mesa.

Ella entrelazó sus dedos con los de él.

---

Después de la cena, Valentina salió al jardín para tomar un poco de aire.

La noche estaba fresca.

Escuchó pasos detrás de ella.

—¿Escapando?

Se giró.

Era Maximiliano.

—Solo necesitaba respirar.

Él se acercó.

—¿Cómo te fue?

—Creo que sobreviví.

Maximiliano sonrió.

—Mi padre te quiere.

Valentina levantó una ceja.

—¿Eso es bueno?

—Muchísimo.

—¿Y tú?

Él se quedó frente a ella.

—Yo estoy completamente perdido.

—¿Perdido?

—Sí.

Tomó su rostro con suavidad.

—Porque cada día me gustas más.

Valentina sintió que su corazón se aceleraba.

—Maximiliano…

—No tienes que decir nada.

—Sí tengo.

Él esperó.

Valentina dio un pequeño paso hacia él.

—Yo también siento algo que cada día es más difícil esconder.

Maximiliano sonrió.

—Eso es suficiente para mí.

Ella apoyó las manos sobre su pecho.

—Pero quiero que vayamos despacio.

—Lo haremos.

—Quiero seguir trabajando. Quiero seguir siendo independiente.

—Y lo serás.

—Y no quiero que todo el mundo piense que estoy contigo por tu dinero.

La expresión de Maximiliano se volvió seria.

—Nunca permitiré que eso pase.

Valentina lo miró.

—¿Por qué?

Él acarició suavemente su mejilla.

—Porque eres mucho más que eso.

Se inclinó y la besó.

Esta vez no había sorpresa.

No había miedo.

Solo una ternura profunda que ambos empezaban a reconocer.

Cuando se separaron, Valentina apoyó la frente contra la de él.

—Creo que me estoy enamorando de ti.

Maximiliano cerró los ojos durante un instante.

Aquellas palabras eran exactamente las que había estado esperando.

—Yo ya estoy enamorado de ti.

Valentina sonrió.

—Lo sé.

—¿Lo sabías?

—Desde hace un tiempo.

Él soltó una pequeña risa.

—Y yo pensando que estaba ocultándolo bien.

—Eres pésimo ocultándolo.

—Entonces estamos empatados.

Ella rió.

Pero la tranquilidad duró poco.

Desde la puerta del jardín, el padre de Maximiliano los observaba.

No parecía molesto.

Parecía pensativo.

Cuando Max y Valentina regresaron al interior, él se acercó a su hijo.

—Necesito hablar contigo.

Maximiliano miró a Valentina.

—Ve. Te espero aquí.

Él asintió y siguió a su padre.

—¿Qué sucede?

Su padre se quedó en silencio unos segundos.

—Ya entendí que ella no es una aventura.

Maximiliano no respondió.

—Pero hay algo que todavía tienes que saber.

—¿Qué?

Su padre lo miró fijamente.

—Tu madre quiere conocerte a ti… y a Valentina.

Maximiliano frunció el ceño.

—¿Mamá viene?

—Mañana.

Maximiliano se quedó completamente quieto.

Hacía años que su madre no aparecía de esa manera en su vida.

Y ahora quería conocer a la mujer que él había elegido.

Maximiliano miró hacia donde estaba Valentina.

Ella sonreía mientras observaba unas fotografías familiares.

Él sabía que el siguiente encuentro sería diferente.

Porque Valentina estaba entrando cada vez más en su mundo.

Y su mundo estaba a punto de conocerla a ella. ❤️‍🔥

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