●Novela: {Tu Guardián Sádico}.
●Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
●Para Bahir, la vida es tan pacífica como la tienda de flores y té de su abuelo beta, la cual cuida con esmero. A sus veintiún años, es un omega puro, inocente y con un dulce aroma a duraznos frescos que cautiva a cualquiera. Sin embargo, su corazón ya tiene dueño: Louie, un alfa dominante, imponente y protector que ha logrado ganarse su amor y, finalmente, un anillo de compromiso.
Bahir cree que ha encontrado a su príncipe azul. Lo que no sabe es que detrás de la fachada del prometido perfecto se esconde un acosador obsesivo, un alfa sádico y egocéntrico que lleva meses vigilando cada uno de sus pasos desde las sombras. Ahora que el compromiso es oficial, Louie está extasiado; el juego de la seducción ha terminado, y es hora de que el inocente omeguita descubra quién es realmente el dueño de su destino.
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Capítulo 17: El eco del pasado en la playa de oro
Capítulo 17: El eco del pasado en la playa de oro
Novela: Tu Guardián Sádico.
Autora: 💐🌿Zuilin T.R 🌿💐
Los días restantes de la luna de miel en los Hamptons se convirtieron en un catálogo de momentos idílicos. Louie se aseguraba de mantener a su omega ocupado y sonriente, devorando cada instante de su tiempo a solas. Bahir, que aún conservaba la frescura de su juventud, disfrutaba de la inmensa propiedad como un niño en un parque de diversiones.
Pasaban las mañanas nadando en la enorme piscina climatizada con vista al océano, donde Louie aprovechaba para sostener el cuerpo del omega bajo el agua con un agarre firme y posesivo, deleitándose con la sumisión de su esposo. También cocinaban juntos; Bahir intentaba enseñarle al imponente alfa dominante cómo preparar sus mezclas de té herbales favoritas, mientras Louie lo observaba con esa fijeza calculadora, simplemente extasiado por la paz que irradiaba su durazno.
A veces, para calmar la sutil nostalgia de Bahir, hacían videollamadas. En la pantalla, Roxanne aparecía siempre elegante y sonriente, recordándoles cuánto los extrañaba, mientras que el abuelo Bernard saludaba con su boina gris desde la tiendita de Manhattan, asegurándole a su nieto que los nuevos empleados contratados por Louie eran sumamente eficientes y que él solo se dedicaba a descansar y jugar ajedrez. Esas llamadas llenaban de alivio el corazón de Bahir, convenciéndolo de que su vida era un jardín perfecto.
Al atardecer, la pareja solía dar largos paseos por la orilla de la playa privada y los laberintos de los jardines. Bahir caminaba descalzo sobre la arena húmeda, sosteniendo la mano grande de Louie, sintiendo la marca de su cuello pulsar con una calidez hermosa cada vez que el viento marino arrastraba el aroma a madera ahumada de su esposo.
Sin embargo, mientras la burbuja de los recién casados se mantenía intacta y protegida por la fortaleza de los Hamptons, el eco mediático de la "boda del año" había cruzado las fronteras del estado, llegando a lugares donde el pasado de Bahir seguía latente.
En un lujoso departamento en los suburbios de otra ciudad, el televisor de pantalla plana transmitía el programa de cotilleo más importante de la tarde. Sobre la mesa de centro, varias revistas de moda de alta sociedad mostraban en su portada la misma imagen: Louie, imponente y protector, sosteniendo por la cintura a un bellísimo y sonriente Bahir vestido de seda blanca frente al océano.
«...La unión que ha consolidado a las familias más poderosas de Manhattan. El heredero y Alfa Dominante, Louie, ha enlazado oficialmente al joven omega Bahir en una ceremonia privada en los Hamptons...», decía la voz del presentador.
Frente al televisor, una mujer de unos cuarenta años observaba la pantalla con los ojos abiertos de par en par, deteniendo la taza de porcelana a mitad de camino a sus labios.
Era Bianca, una mujer omega que vestía ropas de diseñador y joyas llamativas. Detrás de su apariencia refinada se escondía una personalidad mezquina, fría y sumamente interesada en los lujos. Bianca era, ni más ni menos, la madre biológica de Bahir.
Hacía diecinueve años, cuando Bahir era solo un cachorro de dos años, ella y su exesposo se divorciaron. Ninguno de los dos quiso cargar con la responsabilidad de un bebé omega que frenara sus ambiciones. Bianca, sin el más mínimo remordimiento, había dejado a su propio hijo en el porche de sus abuelos betas, desentendiéndose de él para siempre. Con los años, logró su objetivo: se volvió a casar con un alfa de buena posición económica y reconstruyó su vida por completo. Ahora tenía una nueva familia: una hija de 9 años y dos mellizos alfas de 7 que jugaban ruidosamente en la habitación de al lado.
Bianca nunca había vuelto a pensar en el cachorro que abandonó... hasta hoy.
Dejó la taza sobre la mesa con brusquedad, acercándose al televisor. Sus ojos escanearon las facciones de Bahir. No había duda; era aquel niño. Pero ya no era el cachorro desamparado que dejó entre flores y té; ahora era el esposo legítimo de un Alfa Dominante multimillonario, el dueño de una fortuna inimaginable y el centro de atención de la alta sociedad.
Una sonrisa torcida y ambiciosa comenzó a dibujarse en los labios de la mujer. En su mente mezquina, el remordimiento no existía, pero la codicia sí.
—Vaya, vaya... —susurró Bianca para sí misma, tocando la pantalla justo donde aparecía el rostro inocente de Bahir—. Así que mi pequeño cachorro resultó ser una mina de oro. Y pensar que sus abuelos betas debieron criarlo en esa tonta tiendita de mala muerte...
Bianca miró las fotos de los Hamptons y la elegancia que rodeaba a su hijo abandonado. Una idea comenzó a formarse en su retorcida cabeza: si ella era la madre biológica, tenía derecho a reclamar una parte de esa vida de lujos, y Bahir, con esa personalidad tan blanda y dulce que se le notaba en las fotos, seguramente la recibiría con los brazos abiertos si ella fingía un poco de amor maternal.
La mujer omega apagó el televisor y tomó su teléfono, lista para empezar a mover sus contactos y averiguar la dirección exacta de la tiendita en Manhattan o los movimientos de la feliz pareja.
Bianca creía que estaba a punto de jugar con un omega indefenso para obtener dinero y estatus. No tenía la más mínima idea de que el alfa que mantenía a Bahir entre sus garras era un sádico egocéntrico y despiadado, y que Louie no dudaría en destruir a cualquiera —incluso a la madre biológica— que osara perturbar la paz y la inocencia de su amado durazno.