Es una historia de un matrimonio por contrato entre un CEO frío y una mujer que acepta casarse por necesidad. Lo que empieza como un acuerdo sin amor se convierte en una relación intensa donde ambos terminan enamorándose, pero deben enfrentar traiciones, separación y pérdida de memoria que ponen a prueba su relación.
NovelToon tiene autorización de Adri pacheco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 17
El resto del día fue un error.
Uno largo.
Silencioso.
Difícil de ignorar.
Elena intentó mantenerse ocupada.
Leyó.
Caminó por la casa.
Salió al jardín.
Volvió a entrar.
Nada funcionaba.
Porque no importaba lo que hiciera…
Su mente volvía al mismo lugar.
A la mañana.
A esa conversación.
A esa mirada.
A él.
—No me mires así otra vez.
Había dicho eso.
Y lo había sentido.
Porque no era solo incomodidad.
Era algo peor.
Era peligro.
Porque por primera vez desde que empezó todo…
No se sentía completamente indiferente.
Y eso…
No estaba en el plan.
Se apoyó contra la baranda del balcón, mirando el jardín perfectamente cuidado.
Todo en esa casa era perfecto.
Menos lo que estaba pasando entre ellos.
Respiró hondo.
—No significa nada.
Se repitió.
Otra vez.
Como si insistir pudiera convertirlo en verdad.
Pero su cuerpo…
No parecía estar de acuerdo.
Abajo, en la oficina…
Leonardo tampoco estaba teniendo un buen día.
Había intentado trabajar.
De verdad.
Archivos abiertos.
Reuniones programadas.
Llamadas pendientes.
Pero nada avanzaba.
Porque cada vez que intentaba concentrarse…
Su mente volvía a ella.
A su reacción.
A su forma de mirarlo.
A esa mezcla de resistencia y algo más.
Algo que no encajaba.
—No me mires así otra vez.
Esa frase.
No era una queja.
Era una advertencia.
Y eso…
Lo había hecho pensar.
Leonardo cerró la laptop de golpe.
Se levantó.
Caminó.
Necesitaba despejarse.
Pero en esa casa…
Todo lo llevaba al mismo lugar.
A ella.
La encontró en el pasillo del segundo piso.
No fue intencional.
O eso quiso creer.
Elena salía de su habitación.
Y se detuvo al verlo.
Un segundo.
Solo uno.
Pero suficiente.
El silencio cayó entre ellos.
Pesado.
Denso.
Cargado de todo lo que no se decía.
—Salgo en diez minutos.
La voz de Leonardo rompió el momento.
Neutra.
Controlada.
Elena asintió apenas.
—Ya estoy lista.
Pero no se movió.
Ni él tampoco.
Y eso…
Fue el problema.
Porque estaban demasiado cerca.
Otra vez.
El pasillo no era tan ancho.
Y la distancia…
Se volvió evidente.
Elena intentó pasar.
Pero al hacerlo…
Volvió a ocurrir.
Un roce.
Esta vez no fue un accidente.
O al menos…
No completamente.
El brazo de Leonardo rozó el suyo.
Su mano…
Casi tocó su cintura.
Y esa cercanía…
No fue ignorada.
Elena se tensó.
Pero no se apartó de inmediato.
Error.
Porque él tampoco lo hizo.
Y ese segundo…
Se estiró demasiado.
Leonardo bajó la mirada.
Otra vez.
A sus labios.
Y esta vez…
No disimuló.
Elena lo notó.
Sintió el cambio en el aire.
En su respiración.
En todo.
—No…
La palabra salió más débil que antes.
Menos firme.
Y eso…
Cambió todo.
Porque ya no sonaba como una orden.
Sonaba…
Como una duda.
Leonardo dio medio paso más cerca.
Lento.
Sin apuro.
Como si estuviera probando un límite.
—Decime que no.
Su voz fue baja.
Demasiado cerca.
Elena lo miró.
Sus ojos.
Su expresión.
Y por un segundo…
No supo qué decir.
Porque su cuerpo…
No estaba reaccionando como su mente.
Porque había algo ahí.
Algo que no podía negar.
Pero tampoco podía aceptar.
—Esto no es real.
Logró decir.
Leonardo no se apartó.
—Lo sé.
—Entonces…
Su voz falló apenas.
—Entonces no sigas.
Silencio.
Largo.
Peligroso.
Porque ninguno de los dos se movía.
Porque ninguno de los dos…
Realmente quería hacerlo.
Y eso…
Era lo más complicado.
Elena reaccionó primero.
Se apartó.
Esta vez sí.
Rápido.
Decidido.
—No vuelvas a hacer eso.
Su voz volvió a ser firme.
Pero su respiración…
No.
Leonardo la observó.
Sin responder.
Sin disculparse.
Y eso…
La descolocó.
Porque no había negado nada.
Porque no había intentado justificarlo.
Porque…
No se arrepentía.
Elena lo entendió.
Y eso fue suficiente.
Se giró.
Y caminó.
Sin mirar atrás.
Pero esta vez…
No se sentía fuerte.
Se sentía…
vulnerable.
Y eso era lo peor.
Porque no era solo él.
Era ella también.
Leonardo se quedó en el pasillo.
Solo.
Mirando el espacio que ella había dejado.
Y por primera vez en mucho tiempo…
No intentó volver al control.
Porque sabía algo.
Claro.
Directo.
Inevitable.
Esto…
Ya no era solo un contrato.
Y si no ponía un límite pronto…
No iba a poder hacerlo después.
Pero el problema…
Era que ya era tarde.