Después de un día duro de trabajo como pasante pero entra en su apartamento se desmaya luego de tropezar y de quejarse por las horas extras desearía no tener horas laborales desearía ser una holgazán y que me adorarán, cae inconsciente se oye una voz dentro de su mente iniciándo el sistema de la Diosa iniciando viaje desea comenzar...
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Desesperanza
Ian:
Han pasado seis meses.
Seis largos meses desde que el cielo se cerró y la voz de Pearl se silenció para siempre. Medio año en el que el Imperio ha seguido girando, las leyes se han cumplido y el trabajo no se ha detenido, pero... todo se siente diferente. Todo se siente vacío por dentro.
Hoy, el ambiente en el palacio cambió drásticamente. Ya no hay tiempo para dudas ni para extrañar con calma. Las alarmas han sonado.
El Emperador Albert nos ha convocado de urgencia: a mí, como heredero al trono, y al General Emmanuel, como la espada más afilada del reino. La orden fue clara y tajante: "Los bárbaros del norte se han levantado. Atacan las fronteras del Gran Xian. El imperio está siendo asediado. Id y defended nuestra tierra."
No hubo opción. Empacamos nuestras armas, reunimos a las tropas y partimos.
Ahora me encuentro aquí, en el campo de batalla, o lo que queda de él. Los muros de la fortaleza resisten, pero el sonido de los tambores enemigos retumba como el corazón de la tierra misma. Estamos sitiados. Nos tienen rodeados. Los bárbaros son feroces, numerosos y no parecen tener miedo a la muerte. Están decididos a destruir todo lo que hemos construido.
Mientras observo las hordas que se acumulan en el horizonte, mi mente no puede evitar viajar hacia arriba, hacia donde ella debería estar.
¿Dónde estás ahora, Pearl?
¿Estás viendo esto? ¿Estás viendo cómo tu imperio se desmorona?
Durante estos seis meses me he preguntado mil veces si su ausencia era una prueba, o si realmente habíamos hecho algo malo, algo en ese sueño que la hizo alejarse para siempre. Me ha consumido la duda, la extrañeza de su silencio. Pero ahora, frente a la espada del enemigo, ese sentimiento se transforma en rabia y en deber.
Ella no está. No vendrá a salvarnos con un chasquido de dedos. No aparecerá una voz celestial diciéndonos qué hacer.
Entiendo el mensaje. Si queremos proteger lo que es nuestro, si queremos merecer algo... tenemos que hacerlo nosotros mismos. Con nuestra sangre, con nuestra fuerza.
Miro hacia el otro lado de la tienda de mando y veo al General Emmanuel. Sus ojos brillan con una intensidad que da miedo. Sé que él piensa igual que yo. Ambos estamos sufriendo por su ausencia, ambos estamos quemándonos por dentro por no tenerla, pero ahora... ahora ese fuego lo vamos a volcar contra el enemigo.
Defenderemos el Gran Xian hasta el último aliento.
Y si sobrevivimos... si ganamos esta guerra... quizás, solo quizás, ella decida volver a mirarnos
Emmanuel:
Seis meses.
Seis malditos meses en los que he vivido como un loco. Cada día que pasa es un tormento. No saber nada de ella, no sentir su energía, no ver su rostro... me está volviendo salvaje. He intentado mantener la disciplina, he intentado ser el soldado perfecto, pero por dentro estoy hecho pedazos. Me desespero. Siento una agonía constante al pensar que está ahí fuera, en algún lugar, ajena a todo, mientras yo aquí me muero de ganas de poseerla, de tocarla, de reclamarla como mía.
Y justo cuando mi paciencia estaba a punto de romperse, llegó la orden.
Guerra.
Los bárbaros han roto la tregua. Han invadido las tierras del Gran Xian. Nos tienen acorralados en esta fortaleza. El enemigo es inmenso, gritan como bestias y quieren nuestra destrucción. Estamos bajo asedio total.
El Emperador nos envió al Príncipe Ian y a mí. Dice que somos la última esperanza. Y tiene razón. Porque si nosotros caemos, todo cae.
Estoy parado en lo más alto del muro, el viento golpea mi armadura y puedo oler la sangre y el acero. Abajo, miles de enemigos esperan la señal para atacar.
Y en medio de este caos, mi mente solo gira en torno a una cosa: Ella.
¿Por qué no está aquí? ¿Por qué nos ha abandonado a nuestra suerte? ¿Acaso no le importamos lo suficiente como para bajar y ayudarnos? O peor aún... ¿lo hace a propósito? ¿Quiere ver si somos lo bastante hombres para sobrevivir sin su magia?
Bien. Que nos vea entonces.
Siento una rabia poderosa crecer en mi pecho. Ese deseo loco que tengo por la Diosa Pearl, esa necesidad de tenerla, lo voy a transformar en fuerza bruta. Voy a matar a cuantos hagan falta. Voy a destrozar a cada bárbaro que se ponga en mi camino. Voy a defender este imperio con mis propias manos, aunque me cueste la vida.
Me encontré con el Príncipe hace un rato. Nos miramos y lo supe. Él también la extraña, él también sufre. Pero ahora no hay tiempo para palabras dulces. Solo hay guerra.
Si ella está viendo esto desde arriba, quiero que sepa algo:
Voy a ganar. Voy a salir victorioso de este asedio. Voy a demostrarle que soy fuerte, que soy poderoso.
Y cuando esto acabe, iré a buscarla. No importa dónde se esconda, la encontraré. Y cuando la tenga frente a mí... ya no dejaré que se escape nunca más. Será mía.
Que empiece la matanza
Pearl:
Conexión Mental Activa:
Llevo horas escuchando sus mentes. El silencio de estos seis meses ha sido tortuoso, pero ahora sus voces retumban en mi cabeza con una fuerza brutal.
Pensamientos del Príncipe Ian:
"¿Dónde estás, Pearl? ¿Nos has olvidado? Defenderemos el Gran Xian aunque nos cueste la vida..."
Pensamientos del General Emmanuel:
"Voy a matar hasta que no quede nadie. Voy a ganar... y luego la encontraré. Será mía..."
Escuchar su deseo, esa furia y esa pasión que me queman, me hace sentir viva, pero también me llena de angustia. Sé que son fuertes, sé que son guerreros invencibles... pero hoy, algo cambió.
⚠️ ALERTA DEL SISTEMA
(Sistema: 🚨 🚨 PELIGRO INMINENTE. SEÑAL DE PELIGRO DE VIDA DETECTADA.
Sistema: Sujeto: General Emmanuel. Estado: Crítico. Ha recibido múltiples impactos. Su energía vital cae rápidamente.)
En el instante en que leí esas palabras, sentí como si un rayo de hielo me atravesara el pecho.
¡NO!
Un terror inmenso, un pánico que nunca antes había sentido me invadió por completo. El mundo se me vino encima. No podía respirar. La imagen de él cayendo, sangrando, derrotado... me destrozó por dentro.
Todo mi plan de mantenerme oculta, de ser una diosa distante y fría, se desmoronó en un segundo. No puedo perderlo. No puedo permitir que muera.
Yo: Sistema, ¡necesito ayuda! ¡No puedo llegar ahí con solo magia antigua! ¡Ellos están siendo abrumados!
(Sistema: Autorización divina aceptada. Desbloqueando arsenal avanzado...
Sistema: Armas Modernas Activadas.) Fusiles de alta precisión, ametralladoras, explosivos y tecnología bélica avanzada transferida a mi voluntad.
Yo: ¡Dame el poder para detener esto! ¡Y dame la fuerza para salvarlo.
Aparecí de golpe en medio del campo de batalla, entre el polvo y la sangre. El caos era total, pero mi luz lo borró todo por un instante. Corrí hacia donde él yacía en el suelo, rodeado de enemigos. Con un movimiento de mi mano, las armas modernas que el sistema me otorgó aparecieron en mis manos y en las de nuestros soldados, cambiando el rumbo de la batalla en segundos. La superioridad tecnológica fue absoluta.
Pero no me importó la guerra en ese momento. Solo tenía ojos para él.
Me arrodillé junto a su cuerpo inmóvil. Estaba pálido, herido, casi sin vida. Con manos temblorosas y llenas de una tristeza desgarradora, coloqué mis palmas sobre su pecho y su rostro.
"No te vayas, Emmanuel... por favor, no te vayas..." —susurré entre lágrimas.
Al tocarlo, una energía blanca y cegadora brotó de mí, fluyendo hacia él como un río. Mis sentimientos, mi amor, mi miedo a perderlo, todo se convirtió en poder sanador. Cerré sus heridas, reconstruí su carne, devolví la fuerza a su corazón.
La tristeza que sentía era tan grande, tan profunda, que el mismo cielo no pudo contenerla.
El firmamento se oscureció, truenos poderosos estremecieron la tierra y comenzó a llover con fuerza, como si los mismos cielos lloraran conmigo
Poco a poco, bajo la lluvia y mi toque, su pecho comenzó a subir y bajar con respiración profunda. Sus párpados se movieron.
Y entonces... abrió los ojos.
Me miró fijamente. Sus ojos oscuros se encontraron con los míos, llenos de lágrimas. Pero en su mirada no había alivio, sino confusión absoluta.
Escuché su pensamiento claro y nítido:
"¿Esto es el más allá?... ¿He muerto y ahora estoy en el cielo?... ¿O es solo otro sueño? Porque ella está aquí... tan hermosa, tan real... pero yo debería estar muerto..."
Se quedó mirándome, sin creer lo que veía, pensando que todo esto era una alucinación final, que su alma ya había partido y yo era la visión que le recibía en la muerte.
"No estás soñando..." le dije suavemente, acariciando su cara mojada por la lluvia—. "Estoy aquí. Estás vivo. Yo te he salvado.
Emperador Albert:
Me encuentro aquí, sentado en mi trono, a miles de millas de distancia del frente de batalla. La distancia es inmensa, las montañas y los valles nos separan, pero aun así... lo he sentido.
De repente, sin previo aviso, el aire se ha vuelto denso. Un estruendo profundo, como si los mismos cimientos del mundo se hubieran quebrado, ha resonado no en mis oídos, sino en mi pecho. No fue un sonido normal, fue una vibra, un choque de energías que cruzó el cielo y llegó hasta aquí.
El palacio entero pareció temblar levemente. Mis cortesanos miraron alrededor asustados, preguntándose qué era ese trueno que venía del norte, pero yo lo sé. Sé que eso no es solo una tormenta. Eso es el reflejo de algo terrible y poderoso que está sucediendo en el campo de batalla.
¿Qué está pasando allá afuera?
Tengo a mi hijo, el Príncipe Heredero Ian, y a mi mano derecha, el General Emmanuel, luchando en medio de ese caos. Los envié yo mismo, confiando en su fuerza, pero ahora... ahora siento una angustia que no puedo explicar.
El cielo se ha oscurecido de repente, y aunque aquí no ha caído ni una gota, puedo ver en el horizonte unas nubes negras y pesadas que parecen llorar con una tristeza desgarradora. Es como si el mismo firmamento estuviera sufriendo.
Estoy impotente. A miles de millas de distancia, con todo el poder del imperio en mis manos, pero sin poder mover ni un solo dedo para ayudarles en este preciso instante. No sé si ganan, no sé si pierden, no sé si están heridos o si...
No. No puedo pensar en eso.
Pero ese estruendo... esa energía que se siente como si una divinidad hubiera descendido con furia... me dice que la situación ha cambiado. Que ya no es una guerra común. Algo ha despertado. Algo o alguien ha intervenido.
Solo puedo esperar. Solo puedo confiar en que ellos resistan y que... si realmente ella está ahí, como presiento, que tenga misericordia de ellos.
Por favor, que estén bien. Que el Gran Xian no caiga.