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Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor eterno
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Maggy Mouses

🚫 Novela en Emisión 🚫

Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.

​Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.

​¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?

NovelToon tiene autorización de Maggy Mouses para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13: El Enigma de la decisión

Al día siguiente, en la oficina, Axel no pudo evitar contarle a Stefan quien estaba dándole un sorbo a su espresso doble.

—¿Y bien? ¿Te ha pedido que le compres acciones o que le consigas un milagro? —preguntó Stefan con su habitual tono ligero, intentando romper el hielo.

Axel lo miró con una expresión que Stefan no pudo descifrar, cuando Axel soltó la bomba.

—Me ha pedido que me case con ella, Stefan. Mientras está en coma. Me entrega dominio absoluto del Holding y de L'Océan Bleu a cambio de que yo sea su guardián.

Stefan dejó caer el café al suelo. El sonido contra el piso fue lo único que rompió el silencio del lugar. Stefan se atragantó. El café salió disparado y empezó a toser con violencia, golpeándose el pecho mientras Hans, que estaba a unos metros, le acercaba una servilleta con su habitual calma imperturbable.

—¡¿Estás loco?! —exclamó Stefan una vez recuperó el aliento, limpiándose la camisa—. ¡Axel, por el amor de Dios! ¡Ayer no sabías ni dónde estaba y hoy te casas! ¿Y tú qué ganas con esto? Es una decisión arriesgada, suicida. ¡Te vas a meter en una guerra contra un tal Claude! Miró a su mejor amigo, buscando rastro de una broma, pero solo encontró la seriedad inquebrantable de Axel Brunner.

—Espera... ¿y tú qué ganas con esto, Axel? —preguntó Stefan ya con seriedad—. Tienes el poder, sí. Tienes el dinero. Pero vas a amarrar tu vida a una mujer que no puede hablarte, que no puede amarte, que quizás nunca despierte. ¿Qué ganas tú, además de una empresa?

—¿No lo sé, Stefan? —preguntó con una voz que era apenas un susurro cargado de frustración—. Tengo treinta y cuatro años. Tengo el control de Arcane. Mi vida está resuelta, mis metas están trazadas. ¿Lo he pensado, el porque aceptaría encadenarme a una mujer que está atrapada en una cama? No soy un santo, ni un enfermero. Soy un hombre de negocios. —¿pensando como CEO? — Por un lado gano el control de L'Océan Bleu y pero me tranquiliza saber que no morirá por mi culpa —respondió Axel con una calma que asustó a Stefan—. Julien se muere, Stefan. No tiene a nadie más.

Stefan se quedó callado un momento, mirando a su mejor amigo. Vio en sus ojos algo que no había visto nunca: no era ambición, era un propósito humano. Suspiró y dejó la taza sobre la mesa.

—Bueno... supongo que ya no hay vuelta atrás. Sabes que estás loco, ¿verdad? Pero también sabes que cuentas conmigo. No me importa quién sea ese Claude, si se mete con un Brunner, se mete con un Arcane. Solo dime qué hay que hacer. ¿Quieres que sea el padrino o el jefe de seguridad?

Axel sonrió de lado, la primera sonrisa real en días.

—Ambas cosas, Stefan. Ambas cosas.

Axel regresó a su escritorio. Miró por el cristal hacia el horizonte, consciente de que el hombre que entró en la oficina esa mañana ya no era el mismo. A partir de ese día, su vida no pertenecería solo a los negocios; pertenecería a la mujer que dormía en la habitación 402.

Las semanas siguientes luego de la visita y la conversación con Julien Dumont, fueron un descenso lento hacia una tortura psicológica para Axel.

Pasaron quince días en los que la rutina se volvió habitual. Axel visitaba la clínica en las noches. Las flores blancas nunca faltaban en la habitación 402.

Se sentaba en un sillón junto a la cama de Molly, en la penumbra, escuchando el pitido monótono de las máquinas. No le hablaba, para que hacerlo si no lo escuchaba, solo observaba cómo su pecho subía y bajaba.

En las oficinas Dumont, la presión era insoportable. Los rumores de que Molly "estaba de viaje" empezaban a flaquear.

Stefan entraba al despacho de Axel varias veces al día con informes que indicaban que alguien estaba intentando comprar acciones de L'Océan Bleu de forma agresiva y silenciosa.

—Estamos bajo presión, Axel —le dijo Stefan una tarde, mientras revisaban unos documentos—. Si no tomamos el mando legal de esa compañía, los Dumont estarán en problemas legales en poco tiempo. Y Julien... el viejo no aguanta más. Está perdiendo la cabeza por el estrés.

—Aún no, Stefan. Necesito que ella dé una señal —respondía Axel, aunque por dentro se sentía un hipócrita.

El punto de quiebre ocurrió una noche de tormenta. Axel estaba sentado en el sillón junto a la cama de Molly, con la vista perdida en el goteo constante del suero. El hospital estaba en ese silencio denso de la madrugada. Hans, como siempre, se mantenía en el pasillo, siendo esa sombra vigilante que nunca descansaba.

De repente, la puerta se abrió con un roce suave.

Entró un hombre joven, vestido con el uniforme azul de enfermería y un tapabocas que le cubría casi toda la cara. Se movía con prisa, sin mirar a Axel, directo hacia el soporte del suero de Molly.

—¿Qué ocurre? —preguntó Axel, poniéndose de pie, extrañado por la postura del tipo.

El enfermero no respondió. Con una mano enguantada sacó una jeringuilla del bolsillo y, con movimientos precisos, intentó introducir la aguja directamente en la bolsa del líquido que iba a la vena de Molly. El líquido dentro de la jeringa tenía un tono turbio, nada parecido a los medicamentos transparentes que Axel había visto antes.

—Oiga, ¿qué le va a poner? —dijo Axel, frunciendo el ceño y acercándose un paso.

El tipo ni siquiera lo miró, ignorándolo por completo mientras forcejeaba con el tapón de la vía. Axel, sintiendo un pinchazo de desconfianza en el estómago, reaccionó por puro instinto. Antes de que la aguja perforara el plástico, Axel le agarró la muñeca con fuerza.

—Le he hecho una pregunta. ¿Qué es eso? —le soltó Axel, apretando el agarre.

Fue entonces cuando todo se volvió caótico. El supuesto enfermero, en lugar de dar una explicación médica, pegó un tirón violento para soltarse. Axel no lo dejó ir y empezaron a forcejear cerca de la cama. En el movimiento, golpearon el monitor de constantes vitales, que empezó a pitar de forma histérica, llenando la habitación de un ruido ensordecedor.

—¡Hans! —gritó Axel, tratando de inmovilizar el brazo del tipo que seguía empujando la jeringuilla hacia Molly.

Hans entró como un rayo, evaluando la situación en un segundo. Se lanzó sobre el hombre para ayudar a Axel a reducirlo, pero el tipo era escurridizo. En medio del forcejeo y el ruido de las alarmas, el intruso logró darle un empujón a Hans, se zafó del agarre de Axel y, aprovechando la confusión del momento, salió disparado por la puerta.

—¡Se escapa! —exclamó Axel, recuperando el equilibrio.

Hans salió detrás de él al pasillo, pero volvió apenas unos minutos después, respirando con dificultad y negando con la cabeza.

—Se metió por las escaleras de incendios, señor. Había una furgoneta esperando abajo. Se ha ido.

Axel se quedó de pie en medio de la habitación, con el corazón a mil por hora, mirando la jeringuilla que había quedado tirada en el suelo, derramando unas gotas de ese líquido extraño sobre la baldosa.

—No entiendo nada, Hans —murmuró Axel, pasándose una mano por el pelo, todavía procesando la velocidad de lo que acababa de pasar—. Tenemos seguridad en la puerta principal, cámaras en cada esquina, un control estricto… ¿Cómo ha entrado ese tipo aquí como si fuera su casa?

Hans miró la puerta del pasillo y luego a Axel, con el rostro serio.

—Tenía un pase de acceso real, señor. Esto no ha sido un descuido. Alguien desde dentro le ha abierto el camino.

Axel miró a Molly, que seguía allí, ajena al caos, con su respiración pausada. El miedo real, el que no tiene que ver con los negocios, sino con la vida, le caló hondo. Si no llega a estar en la habitación en ese momento exacto, ahora todo sería muy distinto.

—Refuerza todo, Hans—sentenció Axel, sin quitarle los ojos de encima a Molly—. Si ese tipo ha podido entrar hoy, significa que nuestra seguridad al mil por ciento no vale nada.

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Sakura
date cuenta de lo que está pasando con tu esposa
Sakura
date cuenta de lo que está pasando con tu esposa
Sakura
más
Sakura
ya se terminó
Sakura: a ok ok ya había asustado por que me parece muy interesante
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