El mundo terminó en menos de un mes.
Primero fueron los rumores: personas enfermas, ataques violentos, ciudades enteras aisladas.
Después llegó el silencio.
Las calles se llenaron de cadáveres caminando bajo la lluvia, las comunicaciones desaparecieron, y sobrevivir un día más se volvió un milagro.
Charlie nunca creyó necesitar a nadie. Fría, impulsiva y acostumbrada a huir de todo, aprendió rápido que el nuevo mundo solo recompensa a quienes son capaces de abandonar sentimientos.
Hasta que conoce a Tamara.
Tamara es completamente diferente: amable, inteligente, demasiado humana para un mundo muerto.
Y aun así… sobrevive.
Juntas atraviesan ciudades destruidas, hospitales infestados, carreteras cubiertas de sangre y grupos humanos mucho más peligrosos que los zombis.
Pero mientras el horror crece, también crece algo peor:
el amor.
Porque enamorarse en el fin del mundo significa descubrir un miedo nuevo.
No perder la vida.
Perder a la única persona que hace que todavía valga la pena vivi
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Hasta el Último Latido
Capítulo 18: Quédate conmigo
Las palabras de Tamara quedaron suspendidas en el aire.
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—No quiero que sea lejos de ti.
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Charlie sintió el corazón golpeándole el pecho con fuerza.
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Demasiada fuerza.
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El mundo afuera seguía cayéndose a pedazos.
Había monstruos. Sangre. Muerte.
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Pero en ese instante…
solo podía verla a ella.
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Tamara seguía apoyando la frente contra la suya sin darse cuenta de lo peligroso que era eso.
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Porque Charlie estaba empezando a romper todas sus reglas.
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No apegarse. No confiar. No necesitar a nadie.
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Demasiado tarde.
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Charlie levantó lentamente una mano temblorosa y rozó apenas el brazo de Tamara.
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Muy suave.
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Tamara contuvo el aire inmediatamente.
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Y ambas lo sintieron.
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Ese cambio.
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Algo creciendo entre ellas.
Algo imposible de ignorar ahora.
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Entonces un ruido metálico resonó en el edificio.
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Las dos se separaron rápidamente.
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Mierda.
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Charlie respiró profundo intentando recuperar el control.
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Tamara apartó la mirada avergonzada.
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Porque por un segundo…
había querido besarla.
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Y eso la aterraba.
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Charlie intentó ponerse de pie otra vez.
Error.
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El dolor le atravesó el cuerpo brutalmente.
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Tamara la sostuvo enseguida.
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—Ya basta.
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—Tamara—
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—No puedes seguir así.
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Charlie apretó los dientes frustrada.
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Odiaba sentirse débil.
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Pero honestamente…
su cuerpo estaba empezando a rendirse.
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Tamara observó las quemaduras en el brazo de Charlie y sintió un nudo en el pecho.
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—Necesitamos un lugar seguro.
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Charlie soltó una pequeña risa cansada.
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—¿Existe eso todavía?
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Silencio.
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No.
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Probablemente no.
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La lluvia seguía golpeando el edificio mientras ambas salían lentamente de la sala eléctrica.
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El cadáver quemado de la criatura seguía tirado detrás.
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Tamara evitó mirarlo.
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Charlie avanzaba más lento ahora.
Demasiado lento.
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Y eso asustaba a Tamara.
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Llegaron a una oficina grande al final del piso catorce.
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Ventanas enormes. Sofás destruidos. Oscuridad.
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Pero la puerta todavía cerraba.
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Charlie bloqueó la entrada apenas pudieron entrar.
Después finalmente se dejó caer agotada contra la pared.
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Tamara se arrodilló frente a ella inmediatamente.
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—Necesitas dormir un poco.
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Charlie negó apenas.
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—Si duermo…
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No terminó la frase.
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Pero Tamara entendió.
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Tenía miedo de no despertar.
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Eso le rompió el corazón.
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Así que tomó lentamente la mano de Charlie entre las suyas.
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Charlie se tensó apenas.
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Porque nadie la tocaba así desde hacía mucho tiempo.
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Con cuidado.
Como si importara.
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Tamara habló suavemente.
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—Entonces no dormirás sola.
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Charlie levantó lentamente la mirada.
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Tamara le sonrió apenas.
Pequeño. Cansado. Real.
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Y Charlie sintió algo cálido atravesarle el pecho otra vez.
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Algo que ya no podía detener.
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La tormenta iluminó la habitación por un segundo.
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Y Tamara pudo verla claramente.
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El rostro cansado de Charlie. Las heridas. La forma en que intentaba parecer fuerte incluso rota.
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Y pensó algo peligroso.
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La quería viva.
Más de lo que debería.
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Charlie observó cómo Tamara seguía sosteniendo su mano sin soltarla.
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—¿Por qué haces esto?
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Tamara frunció apenas el ceño.
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—¿Qué cosa?
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—Quedarte.
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Silencio.
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Tamara bajó lentamente la mirada hacia sus manos unidas.
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Porque honestamente…
ella tampoco entendía cuándo comenzó todo esto.
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Solo sabía una cosa.
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Cuando Charlie desaparecía de su vista…
el mundo se sentía peor.
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Finalmente respondió.
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—Porque cuando estoy contigo…
Pausa.
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—todavía me siento humana.
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Charlie dejó de respirar un segundo.
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Mierda.
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Eso fue demasiado.
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La tormenta volvió a iluminar el cuarto.
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Y por un instante…
las dos se quedaron observándose en silencio.
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Muy cerca otra vez.
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Charlie podía besarla ahora mismo.
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Lo sabía.
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Tamara también.
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El aire entre ellas se volvió pesado.
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El corazón de Charlie latía tan fuerte que dolía.
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Entonces—
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un sonido resonó desde afuera del edificio.
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Un motor.
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Ambas giraron rápidamente hacia la ventana.
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Luces atravesaban la lluvia abajo en la calle.
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Un convoy militar avanzaba lentamente entre los autos abandonados.
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Charlie se puso rígida inmediatamente.
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Porque en el techo del vehículo principal había un símbolo pintado con spray rojo.
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Un círculo atravesado por una línea negra.
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Y por primera vez en mucho tiempo…
Charlie sintió miedo de verdad.
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Porque conocía ese símbolo.