Una víctima olvidada regresa desde la muerte, oculta en otro cuerpo, para cobrar una venganza oscura contra quienes la destruyeron.
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Capítulo 18: La que ya decidió
El despacho no cambia.
Sigue siendo, ese ambiente, ya no es el mismo de antes, por mucho que quieren hacer de cuenta que nada pasó.
Se siente, frío..... un vasio que no se explicar
Pero se ve, ordenado, en silencio, pero hoy…
el silencio no es neutral.
Observa.
Ella entra sin prisa.
Tacones suaves.
Paso firme.
Ritmo controlado.
Como siempre.
Pero por dentro… no.
Nada está en calma.
—Licenciada Herrera.
Dice el director.
Sin levantarse.
Sin sonrisa.
Sin cortesía.
Con rostro serió, como que sabe algo, que no puede probar, por faltas de evidencias.
—Director.
Responde ella.
Luego se sienta, con mucha confianza, cruza las piernas, espalda recta, manos relajadas.
Con su actitud de mujer valiente, he inocente.
Pero por dentro, es una fiera, bueno ellos la convirtieron en una, antes solo era una simple mujer.
En su mente ella tiene, todo calculado.
El director la observa.
No como los demás.
No superficial.
No distraído.
La estudia.
—Voy a hacerle algunas preguntas.
—Usted dira.
Su voz es tranquila, demasiado segura.
—Quiero claridad.
—Siempre es bueno tenerla.
Un silencio.
Él abre una carpeta.
No la muestra.
Pero pesa.
—Los incidentes.
Pausa.
—Las muertes.
—Sí.
Ella no evita la palabra.
—¿Qué sabe?
—Lo que todos.
—No.
La interrumpe.
—Usted sabe más.
Silencio.
Ella no parpadea.
—¿Por qué dice eso? cuando yo llegue ya habían empezado los casos. No entiendo por que yo deba saber algo más.
—Porque usted está aquí.
Pausa.
—Para eso.
Ella sostiene la mirada.
Vuelve lento dice:
—Estoy cerca, de descubrir quien fue.
—Que bueno, Yo que hago aqui.
Silencio.
— Usted psicóloga es una pieza clave.
- Mentira.... dice ella..
El le dice.
- Usted sabe la verdad.
El director anota algo.
Lento.
—He revisado archivos antiguos.
Pausa.
—Casos olvidados.
Dice ella.
- Anja.
—Uno en particular llamó mi atención.
Ella no se mueve.
Pero escucha.
- Más de lo normal, una estudiante.
Silencio.
—Daniela.
El nombre cae.
Pesado.
Pero ella no reacciona.
No afuera.
—Sí.
Responde.
Simple.
—Lo conozco.
—¿Qué recuerda?
—Acoso escolar.
Pausa.
—Falta de intervención.
—¿Consecuencias?
—Graves.
No dice la palabra.
Pero está ahí.
Suspendida.
—¿Suicidio?
Silencio.
—Sí.
Lo dice.
Sin emoción.
Sin pausa.
Pero por dentro…
algo se mueve.
—¿Quién era responsable?
Ella lo mira.
Directo.
—Muchos.
—Necesito nombres.
—No es tan simple.
—Hágalo simple.
Silencio.
—Docentes.
—Autoridades.
—Estudiantes.
Pausa.
—Sistema.
El director frunce el ceño.
—Eso no me sirve.
—Es la verdad.
Silencio.
Más largo.
Más tenso.
Él cambia de hoja.
—Ahora…
dice.
—Otra cosa.
Ella ya sabe.
—El conserje.
Ahí está.
—Don Eusebio.
Silencio.
—¿Qué hay con él?
—Usted dígame.
Ella no responde de inmediato.
Piensa.
Calcula.
Mide.
—Es parte del personal.
—Eso no responde.
—Es lo que es.
—No.
Se inclina.
—No lo es.
Silencio.
—¿Que relación tienen?
—No, ninguna
Mentira limpia.
—¿Nunca hablan?
—No.
—¿Nunca coinciden?
—Sí.
Pausa.
—Como todos aquí.
El director la observa.
Más tiempo.
—Curioso.
—¿Qué cosa?
—Que él dice lo mismo.
Mentiras solo dijo eso, aver que ella decía, para notar su reacción.
Silencio.
—Entonces coincidimos.
El la mira con seriedad, con rara de duda le dice:
—O ensayaron.
La frase se queda.
Pesada y peligrosa.
Ella sonríe leve.
—¿Cree que estamos coordinados?
—Creo que hay cosas que no encajan.
Silencio.
—Y ustedes dos…
Pausa.
—No encajan.
Ella se inclina apenas.
—Tal vez está buscando donde no debe.
El la mira fijo le dice:
—O tal vez estoy mirando donde otros no miraron.
Silencio.
Ella lo estudia.
Ahora sí.
Más directo.
Más profundo, el se esta acercando.
Piensa.
Demasiado, observa bien, conecta rápido.
Le dice.
- Usted no es como los otros.
El análisis es frío y preciso.
La voz le dice.... -Eso es un problema.
—Voy a seguir investigando.
Dice él.
—Está en su derecho, Buena suerte.
Responde ella.
Pero su voz…
cambia apenas.
—Y voy a encontrar lo que está pasando.
Silencio.
Ella se levanta.
—Solo tenga mucho cuidado..
Pausa.
—Hay cosas que no se entienden… hasta que es tarde.
El director frunce el ceño.
—¿Eso es una advertencia?
Ella lo mira, fijo y frío.
—Es experiencia, solo que se preparé, para la verdad que esta buscando.
Silencio.
Sale de la oficina.
Cierra la puerta.
Y ahí…
la máscara cae un poco.
Solo un poco.
Camina por el pasillo.
Pero ya no observa igual.
Ya no mide igual.
Ahora decide.
—Está demasiado cerca…
La voz.
Dentro.
—Sí.
—Va a descubrirlo, es que tu hablaste de más.
- Ella piensa, esto no le va a gustar a Eusebio.
—Sí.
—¿Y qué vas a hacer?
Silencio.
No responde.
Pero piensa.
Rápido.
Claro.
Frío.
—Eliminarlo.
La palabra llega sola.
Sin esfuerzo.
Sin duda.
—Sí.
Responde la voz.
—Es lo correcto.
—Es necesario.
—Es lo que haces.
Silencio.
Pero algo…
algo no está igual.
—No ahora…
susurra otra parte.
—¿Por qué?
—Porque…
Pausa.
No termina.
—Porque no estoy sola.
La idea aparece.
Y cambia todo.
—Eusebio…
El nombre pesa.
—¿Sigues confiando en el?
—No.
—¿Entonces?
Silencio.
—Lo usaré.
La decisión se forma.
Oscura.
Precisa.
—Y después…
No termina la frase.
Pero la piensa.
—Después ya no será necesario.
Se detiene en el pasillo.
Mira al fondo.
Donde él suele estar.
Donde siempre observa.
Donde nunca habla.
—Tú también estás en esto…
Susurra.
—Y no sabes cuánto.
Una leve sonrisa aparece.
Pero no es cálida.
No es humana.
Es estrategia.
—Primero él.
Pausa.
—Luego…
Silencio.
No dice más.
No hace falta.
Y mientras sigue caminando…
algo dentro de ella se mueve.
No como antes.
Más fuerte.
Más presente.
—Mami…
La voz vuelve.
Más clara.
Más viva.
Ella no se detiene.
No responde.
Pero esta vez…
tampoco la ignora.
Y en ese momento…
ya no hay duda.
No es solo venganza.
No es solo control.
Es algo más.
Algo que crece.
Algo que decide.
Algo que…
ya no va a parar.
que van hacer