Alessia Ferrer acepta casarse con el heredero de una familia rival para investigar la muerte de su hermano.
Lo que no esperaba descubrir es que su nuevo esposo también está buscando al asesino… y que ambos podrían estar viviendo con el enemigo dentro de sus propias familias.
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Secretos a Medianoche
La mansión Ferrer estaba en silencio absoluto. Solo el sonido del viento colándose por las ventanas abiertas rompía la calma nocturna. Alessia se movía con sigilo por el pasillo, asegurándose de no despertar a los guardias. Su mente repasaba cada detalle del encuentro en el puerto; las palabras de Matteo Rinaldi, los documentos, y el extraño aliado de Gabriel que los había guiado. Todo apuntaba a que había algo más grande detrás de la muerte de su hermano.
Thiago la esperaba en el despacho, la luz de la lámpara proyectaba sombras en sus rasgos, dándole un aire casi intimidante. Cuando la vio entrar, levantó la mirada y esbozó una sonrisa leve.
—Llegaste rápido —dijo con voz baja, pero cargada de intensidad.
—No podía esperar —respondió Alessia, acercándose—. Esto no es solo un juego de familias. Hay algo que aún no sabemos.
Thiago asintió, y sin decir más, le mostró un sobre con documentos que había recuperado del puerto. Alessia lo tomó y comenzó a revisarlos. Cada página parecía revelar secretos que habían estado ocultos durante años.
—Esto… —susurró—, ¿esto es todo lo que tenías?
—Solo lo más importante —contestó él—. Lo demás está protegido, y no quiero poner en riesgo a nadie más.
El silencio entre ellos se cargó de tensión. La cercanía física aumentaba con cada segundo que pasaban revisando los papeles juntos. Alessia sentía la intensidad de Thiago como un roce constante, invisible pero imposible de ignorar.
—Thiago —dijo de repente, con voz más suave—. Esto no es solo información, es peligro. ¿Estás seguro de que deberíamos involucrarnos tanto?
Él la miró directamente, sus ojos oscuros reflejaban determinación.
—No podemos dejar que otros decidan por nosotros. Además… —sus labios se curvaron en una ligera sonrisa— no hay nadie con quien prefiera enfrentar esto que contigo.
El corazón de Alessia dio un salto. Un calor inesperado subió por su pecho, y por un instante, olvidó los secretos, las amenazas y los documentos. Solo estaban ellos, compartiendo un momento que solo ellos podían entender.
—No hagas que esto se vuelva más complicado —susurró, intentando recuperar la compostura.
—¿Complicado? —preguntó Thiago, inclinándose un poco más hacia ella—. Creo que esto ya es complicado… y delicioso al mismo tiempo.
Alessia apartó la mirada, tratando de concentrarse en los documentos. Pero la sensación de su presencia era imposible de ignorar. Cada palabra, cada gesto parecía empujarla hacia algo que sabía que no podía resistir por mucho tiempo.
—Debemos movernos rápido —dijo él finalmente—. Matteo Rinaldi no nos va a esperar.
—Lo sé —contestó Alessia, cerrando el sobre con cuidado—. Solo… prométeme que estaremos juntos en esto, sin secretos entre nosotros.
Thiago sonrió, tomando su mano brevemente antes de soltarla.
—Lo prometo. Pero recuerda… en nuestro mundo, los secretos son inevitables. Solo importa que podamos confiar el uno en el otro cuando realmente importe.
El aire entre ellos estaba cargado de algo más que estrategia y peligro. Era un entendimiento silencioso, un vínculo que se fortalecía con cada noche de conspiraciones y amenazas compartidas. Alessia comprendió que no solo estaba comprometida con Thiago en apariencia: estaban atrapados en una red de secretos, peligro… y una atracción que ninguno de los dos podía negar.
Mientras cerraban el despacho y se preparaban para enfrentar la siguiente pieza del rompecabezas, Alessia sintió algo inesperado: una mezcla de miedo y emoción, porque sabía que, pase lo que pase, su vida y su corazón ya no serían los mismos.