El dolor fue el puente. En un segundo, el Capitán de la Unidad de Élite sentía el frío del asfalto tras un tiroteo mortal. Al siguiente, sentía el peso sofocante de un cuerpo sudoroso y el hedor a rancio de una habitación cerrada.
-¡Quédate quieto de una puta vez!- rugió una voz ronca sobre él.
El policía abrió los ojos. No estaba en la morgue ni en el hospital. El techo estaba manchado de humedad y la luz de una bombilla desnuda oscilaba sobre su cabeza. Un hombre de hombros anchos y rostro desencajado por la ira lo inmovilizaba sobre un colchón mugriento.
En ese instante, una descarga de recuerdos que no le pertenecían inundó su mente como torrente de agua helada. Se vio a sí mismo o mejor dicho, al dueño de ese cuerpo, como un ser roto. Un omega llamado Ren, cuya existencia se reducir a cuatro paredes, golpes, y el miedo constante a un esposo alfa que lo trataba como ganado. Ren acababa de morir... (ambientado con el estilo staempunk)
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Perfume de hombre sofisticado
La mañana en Puerto Gris comenzó como todas las demás: con el ruido de carretas sobre las piedras, y el olor a pescado frito de los puestos callejeros. Ren se levantó temprano, antes de que el sol terminara de salir. Su cuerpo le dolía por la pelea de hace noches en rl callejón. Tenía un moretón en el costado y sus nudillos estaban un poco hinchados, pero no le importaba.
Miró al pequeño Leo, que dormía plácidamente en su cuna de madera. El bebé se veía mucho mejor. Gracias a las monedas que le quitó a Kael, Ren había podido comprar leche de buena calidad y una manta que no picaba.
-Hoy vamos a estar tranquilos pequeño.- Susurró Ren, dándole un beso en la mejilla al bebé -Papá tiene que ir a trabajar pero volverá pronto.-
Ren dejó a Leo al cuidado de la señora Martha, la anciana que vivía en el cuarto de al lado. Ella era una omega mayor, muy buena y que no hacía preguntas difíciles. A cambio de unas pocas monedas, cuidaba al bebé mientras Ren limpiaba los pisos de la taberna.
El trabajo en la taberna era pesado. Ren pasaba horas agachado, restregando mugre que dejaban los marineros y lis trabajadores. Pero su mente de policía nunca descansaba. Mientras limpiaba, escuchaba las conversaciones de los clientes. Aprendía quien vendía armas ilegales, quien robaba mercancía y quienes eran los hombres que trabajaban para la mafia.
-¡Hey tú! ¡Limpia bien esa mancha de cerveza!- Gritó el dueño de la taberna, un alfa grosero qué siempre estaba de mal humor.
Ren bajó la mirada fingiendo miedo.
-Sí señor. Enseguida lo hago.- respondió con voz suave.
Por dentro, el Capitán se reía. Si ese hombre supiera que el omega debilucho que tenía en frente era capaz de romperle el brazo en tres partes con un solo movimiento, se moriría de un infarto. Pero Ren necesitaba pasar desapercibido. Su prioridad era Leo.
Sin embargo la paz duró poco.
Alrededor del mediodía, la puerta de ka taberna se abrió de golpe. El ruido de las conversaciones se detuvo de inmediato. Todos se quedaron callados, incluso el dueño.
Entraron tres hombres vestidos de trajes oscuros y caros. No eran los típicos borrachos de la zona. Estos hombres tenían el olor de los alfas de élite: fuerte, dominante, peligroso.
El líder del grupo, un hombre alto de cabello plateado y mirada fría, recorrió el lugar con los ojos hasta que se detuvo en Ren.
Ren sintió un escalofrío. Sus instintos de policía le gritaron ¡PELIGRO! No era como una pelea callejera como los de esa noche. Estos tipos eran profesionales.
-Buscamos a Ren.- Dijo el hombre con una voz que hizo que a todos se les erizaran la piel.
El dueño de la taberna señaló a Ren, con los dedos temblando.
-Es él... el que está limpiando el piso ¿Hizo algo malo? Yo no tengo nada que ve...-
El hombre de cabello plateado ignoró al dueño y caminó hacia Ren. Los otros dos hombres se quedaron en la puerta. Custodiando la salida.
Ren dejó el trapo en el suelo y se puso de pie lentamente. No bajó la cabeza esta vez. Sus ojos se encuentraron con los del hombre de traje.
-¿Quién lo busca?- La voz de Ren no era él del omega sumiso. Era ka voz de un hombre que no le teme a nadie.
El alfa se sorprendió un poco por la firmeza de Ren, pero no lo demostró.
-Mi jefe quiere hablar contigo. Tiene una propuesta de trabajo que te interesará.-
Ren se cruzó de brazos.
-No estoy buscando trabajo. Ya tengo uno.
El alfa Soltó una risa seca.
-No es una invitación que puedas rechazar, Ren. Mi jefe es el señor Valerius. Y cuando él quiere algo, lo consigue.
El nombre de Valerius hizo que los clientes de ka taberna comenzaran a susurrar del miedo. Ese alfa era el dueño de la ciudad, el hombre que controlaba los bancos, el puerto y a la policía local. Se decía que era un hombre despiadado qué no perdonaba errores.
-No me interesa quien sea tu jefe- respondió Ren con calma -tengo un bebé que cuidar. Váyanse y déjenme trabajar.-
El hombre del traje se acercó un paso más. El olor de sus feromonas intentó presionar a Ren para que se arrodillara, pero la voluntad del Capitán era como una muralla. Ren ni siquiera psrpadeó.
-Escucha bien pequeño- Dijo el hombre con voz baja -sabemos donde vives. Sabemos que tienes un cachorro en la pensión con la señora Martha. Si no vienes con nosotros por las buenas, tendremos que llevarte por las malas. Y el bebé... podría asustarse mucho-
En ese momento algo cambió en los ojos de Ren. El brillo de protección a su hijo se mezcló con la furia del policía. Sus manos se cerraron como puños. Podría intentar pelear, pero eran tres alfas armados y estaban en público. Si algo salía mal, Leo estaría en problemas.
-Está bien, iré. Pero si le tocan solo pelo a mi hijo o a la señora Martha, les juro que lo último que verán en su vida, será mi cara.-
Los hombres extrañados por la advertencia, asistieron.
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((Imaginen este aroma a OUT WEST. El delicioso perfume de mi amor DPR IAN. Que hombreeeeeee))
Llegaron a una enorme mansión enorme y rodeada jardines y guardias armados. Parecía un castillo moderno. A Ren lo llevaron hasta una oficina.
-Entra.- dijo el guardia -El señor te espera.-
Ren entró. Detrás de un escritorio de madera, estaba sentado un hombre.
Era Valerius.
Tenía el cabello peinado hacia atrás y sus ojos tan dorados que parecían los de un león. Era increíblemente atractivo. El alfa más poderoso que Ren había visto jamás.
El alfa levantó la vista y durante un minuto completo, nadie dijo nada. Valerius estudiaba de arriba abajo a Ren.
-Así que tú eres el fantasma que derriba alfas con una barra de hierro.- Dijo Valerius con una voz aterciopelada, pero que hacía vibrar el suelo.