⚠️✅️Sam y Norman comienzan a saciar su sed de aventura, lejos de su amada familia. El camino comienza a dificultarse, pero cuatro almas sellan sus destinos.✅️⚠️
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Los rastreadores
El frío de la noche en las ruinas de los Blackshield era distinto al de las montañas. Aquí, el aire se sentía como si tuviera memoria, como si las piedras mismas estuvieran esperando que alguien las saludara. En el centro de lo que alguna vez fue un jardín real, Sam y Norman estaban sentados sobre un trozo de columna caída.
Habían encendido una pequeña fogata. A pocos metros, los cazadores de Lin montaban guardia en silencio, y Alaric permanecía de pie, inmóvil como una estatua de obsidiana, mirando hacia la entrada del palacio de cristal.
Norman se acercó a Sam y, con la confianza de quien ha compartido mil travesuras, le rodeó los hombros con el brazo. Lo apretó con fuerza, un gesto que decía "estoy aquí", sin importar que el mundo se estuviera cayendo a pedazos.
-Vaya lío en el que nos hemos metido, ¿eh?- Dijo Norman con una sonrisa pequeña -De recolectar trigo a ser escoltados por una guardia de élite y un vampiro legendario. Mi diario se está quedando sin páginas, Sam.-
Sam dejó escapar un suspiro y apoyó la cabeza en el hombro de su amigo. Por un momento, no era el heredero de un reino perdido; era solo el chico que se escondía en los pajares para no trabajar.
-A veces desearía que estuviéramos de vuelta en el pozo de la aldea, Norman.- Confesó Sam -Allí la vida era sencilla. El único problema era si la lluvia llegaba a tiempo para la cosecha.-
Norman se separó un poco y lo miró a los ojos con una seriedad que rara vez mostraba.
-Hablando de eso... ahora que todos se arrodillan y te llaman "Su Alteza" o "Príncipe"... ¿cómo debo llamarte yo? ¿Sigues siendo mi amigo Sam o ahora tengo que aprender a decir Lucien cada vez que te pida un trozo de pan?-
Sam sonrió, y fue una sonrisa de verdad, de las que llegan a los ojos.
-Para ti siempre seré Sam, rubio. Lucien es el nombre de alguien que murió hace dieciocho años. Lucien es el nombre de la corona. Pero Sam... Sam es el que creció contigo. No dejes de llamarme así, porque si lo haces, sentiré que he perdido la última parte de mí que todavía es real.-
Norman asintió, aliviado, pero luego su rostro se ensombreció. Miró hacia el sur, hacia las montañas que los separaban de su hogar.
-¿Crees que volveremos, Sam? Mis padres, los ancianos que te criaron... ellos están esperando que regresemos con piedras del océano. Si supieran que llevas un rubí mágico y que yo puedo encender fuego con las manos, se morirían del susto. ¿Volverás para contárselo? ¿Para decirles quién eres realmente?-
Sam sintió un nudo en la garganta. La imagen de sus padres ancianos, esperándolo con la cena lista, le dolió más que cualquier herida.
-Se lo debo, Norman. Ellos me salvaron. Me dieron una vida de paz cuando el mundo quería verme muerto. No importa si soy un Blackshield o un rey, mi corazón siempre tendrá un rincón que huele al pan de mi madre y a la tierra del jardín de mi padre. Volveremos. Te lo prometo.-
Alaric, que había estado escuchando desde la distancia con sus oídos inmortales, se acercó a ellos. Su presencia hizo que la temperatura bajara un par de grados, pero Sam no se alejó. Alaric miró a Sam con una mezcla de respeto y urgencia.
-Es hora, Lucien- Dijo el vampiro, usando el nombre real con una reverencia natural -La piedra en tu pecho está lista. Siente cómo vibra. No es solo una joya, es la sangre de tus antepasados atrapada en cristal. Debemos ir a la entrada principal del palacio.-
Sam se puso de pie, sintiendo el calor del rubí quemándole la piel.
-¿Qué tengo que hacer, Alaric?-
-No es algo que se aprenda, es algo que se recuerda.- Respondió Alaric, poniendo una mano pálida sobre el hombro de Sam -Mañana, cuando el primer rayo de sol toque la piedra, tendrás que colocarla en la hendidura de la puerta de cristal. Tu voluntad debe ser clara: debes desear que el reino despierte. Pero ten cuidado, Sam. El palacio no ha sentido la vida en dieciocho años. Al despertarlo, despertarás también el hambre de tus enemigos.-
Mientras Sam, Norman y Alaric se preparaban para el gran despertar, a muchos kilómetros de allí, la oscuridad de la Orden de la Luz se movía con una rapidez aterradora.
El carruaje negro del Sumo Sacerdote Quirno avanzaba por el camino principal, escoltado por jinetes que no conocían la fatiga. Quirno estaba sentado dentro, rodeado de pergaminos y mapas. Frente a él, Varek, el comandante de los cazadores, esperaba órdenes.
-He enviado a unos rastreadores.- Dijo Quirno, con su voz seca como el desierto -No van hacia las ruinas. Van hacia el norte, hacia el valle de donde vinieron esos chicos.-
Varek alzó una ceja.
-¿La aldea de campesinos? Señor, allí no hay nada de valor militar. Son solo granjeros.-
Quirno dejó escapar una risa fría que no tenía nada de alegría.
-Te equivocas, Varek. Allí está la raíz de su fuerza. Sam y Norman aman a esos viejos. Si queremos capturar a los traidores, no necesitamos pelear una guerra en las ruinas. Solo necesitamos tener algo que ellos amen más que a su propia vida.-
Quirno se inclinó hacia adelante, y la luz de la lámpara de aceite hizo que sus ojos brillaran con un fanatismo enfermo.
-Quiero que mis hombres encuentren la aldea. Quiero que identifiquen las casas de los padres de Sam y la madre de Norman. No los maten todavía. Quiero que los encadenen y los lleven al Monasterio de la Orden. Si el príncipe Lucien ve a los ancianos que lo criaron frente a la hoguera, se entregará sin que tengamos que gastar una sola flecha.-
Varek asintió. Entendía la crueldad del plan. No se trataba de honor, se trataba de destruir la voluntad de Sam.
-¿Y si los ancianos se resisten?-
-Dales una lección.- Sentenció Quirno -Quema sus campos. Que vean cómo el trigo que tanto aman se convierte en ceniza. Que entiendan que proteger a una "aberración" tiene un precio. Si los padres de Sam mueren en el proceso, que así sea. Pero preferiría tenerlos vivos para que el príncipe pueda escuchar sus gritos.-
Los rastreadores de Quirno eran hombres expertos en el sigilo. Mientras el grupo de Sam descansaba entre las ruinas, estos hombres ya estaban cruzando los bosques hacia la aldea de la paz. Llevaban consigo órdenes de captura, cadenas de hierro frío y antorchas listas para ser encendidas.
En la aldea, la noche era tranquila. El padre de Sam estaba en el porche, mirando hacia el camino, esperando ver la figura de su hijo regresar con las piedras del océano. No sabía que el peligro no venía por el camino de la costa, sino por las sombras que la Orden de la Luz proyectaba sobre todo el reino.
De vuelta en el palacio de los Blackshield, Sam sintió un escalofrío repentino. Se abrazó a sí mismo, mirando hacia el horizonte oscuro.
-Norman...- Susurró Sam.
-¿Qué pasa, Sam?- Preguntó su amigo, notando su palidez.
-He tenido un presentimiento horrible. Como si algo malo estuviera pasando en casa.-
Alaric se acercó y lo miró fijamente. El vampiro sabía de lo que eran capaces hombres como Quirno.
-Por eso debemos activar el palacio mañana mismo, Lucien. Una vez que el trono sea reclamado, el poder de los Blackshield creará una barrera que ninguna sombra de la Orden podrá cruzar. Podremos enviar a Lin y sus hombres de vuelta para proteger a tu gente. Pero primero, debes convertirte en rey.-
Sam asintió, apretando los puños. Su determinación ahora era doble. No solo luchaba por su pasado, ahora luchaba por el futuro de los ancianos que le habían dado una segunda oportunidad.
-Mañana- Dijo Sam con voz de acero Mañana despertaremos el palacio. Y si -Quirno toca a mi familia, conocerá por qué mi linaje nunca debió ser molestado.-
El grupo se retiró a descansar para la batalla del día siguiente. Norman se quedó un momento más mirando el fuego, tocando el saquito de hierbas que su madre le había dado. Sentía que su luz estaba creciendo, pero también sentía que el tiempo se les escapaba entre los dedos.
El carruaje de Quirno seguía rodando, imparable. Los rastreadores seguían cabalgando, invisibles. Y en el corazón de las ruinas, el rubí carmesí empezó a brillar con una luz tan intensa que iluminó las paredes de cristal oscuro, anunciando que el despertar de Lucien Blackshield estaba a solo unas horas de distancia.