Séptimo libro de la Dinastía Lobo.
Alessandro juró no enamorarse jamás. Arabella juró vengarse al precio que sea. Pero cuando sus caminos se cruzan, el odio y el deseo se vuelven imposibles de distinguir. Ella fue entrenada para seducirlo y destruirlo; él, para no caer en las trampas del corazón. Sin embargo, un roce, una mirada y un secreto bastan para encender una pasión tan peligrosa como inevitable. Entre mentiras, fuego y traiciones, Alessandro y Arabella descubrirán que algunos destinos no pueden evitarse... y que hay amores que se sienten como una herida abierta imposible de cerrar.
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Rabia.
Arabella 🌷
La puerta del apartamento se cierra de un golpe seco que retumba en las paredes como si fuera un disparo. Apenas doy dos pasos dentro y ya estoy caminando de un lado a otro, con la sangre hirviendo, las manos tensas, el pecho subiendo y bajando con una respiración cargada de rabia.
—¿Y a ti qué demonios te pasa, Chama? —la voz de Dency suena desde el sofá, sorprendida, pero también alerta.
No le respondo de inmediato. Me quito los tacones con brusquedad y los lanzo a un lado, dejándolos caer contra la pared. Me paso las manos por el cabello, tirando ligeramente de él como si eso pudiera ayudarme a sacar todo lo que tengo acumulado dentro.
—Ese maldito imbécil… —murmuro al fin.
—¿Cuál imbécil? Porque hoy hubo varios mirando como si te quisieran devorar —responde Dency, cruzándose de brazos mientras me observa con una ceja alzada.
Me detengo frente a ella, aún agitada.
—El de la oficina. El que Lucrecia dijo que era “muy importante”.
Dency se incorpora un poco, interesada.
—Ajá… ¿y?
Suelto una risa sin humor.
—¿Y? Ese tipo se creyó con el derecho de ofrecerme dinero, joyas… lo que se me diera la gana… solo para que me fuera con él esta noche. ¿Puedes creerlo?
Dency parpadea, incrédula.
—¿En serio?
—En serio —respondo, apretando la mandíbula—. Como si yo fuera una p*ta más que puede comprar con su maldito dinero.
—Pero eso pasa, Ara… —dice ella con más calma—. No es la primera vez que alguien propone algo así.
—No —la interrumpo—. Pero sí es la primera vez que… —me detengo, buscando las palabras— que me provoca esto.
Frunce el ceño.
—¿Esto qué?
Me quedo en silencio unos segundos. Porque ni yo misma sé explicarlo bien.
—Rabia… fastidio… —respondo al final—. No sé. Ese hombre… me sacó de quicio.
Dency se levanta, acercándose despacio.
—¿Te faltó el respeto?
—No como otros —admito—. No fue vulgar… ni grosero de entrada. Pero su forma de hablar… de mirarme… —suelto un suspiro cargado—. Como si ya supiera que iba a decir que sí. Como si estuviera acostumbrado a que todas se le rindan.
Dency suelta una risa corta.
—Bueno… seguro muchas lo hacen.
—Que lo hagan si quieren —respondo con frialdad—. Pero yo no.
Me cruzo de brazos, firme.
—Ojalá le haya quedado claro. No quiero volver a verlo.
—¿Así de intenso fue?
—Más —respondo sin dudar—. Es de esos tipos… peligrosos. Engreídos. De los que creen que el mundo gira a su alrededor y que las mujeres están para lamer el lugar por donde caminan.
Dency ladea la cabeza, analizándome.
—¿Y está bueno?
La miro con una expresión seca.
—No empieces.
—Respóndeme —insiste, divertida.
Ruedo los ojos, fastidiada.
—Sí. Está… demasiado bien.
Dency sonríe como si hubiera confirmado algo importante.
—Ahhh… con razón te tiene así.
—No tiene nada que ver —respondo de inmediato—. Justamente por eso me da más rabia. Con ese físico… podría tener a quien quisiera sin pagar. ¿Por qué c0ñ0 venir a ofrecerme dinero a mí?
—Porque te quiere a ti —dice ella con simpleza.
La miro en silencio.
—Pues se jodió —respondo al final, seca—. Porque yo no estoy en venta.
Dency levanta las manos en señal de rendición.
—Está bien, fiera… tranquila.
El silencio cae unos segundos entre nosotras. La rabia sigue ahí, pero ya no quema igual… ahora es más densa, más profunda.
—¿Sabes qué es lo peor? —murmuro.
—¿Qué?
—Que no sé por qué me afectó tanto.
Dency me observa, más seria ahora.
—Porque no fue como los otros.
No respondo.
...🌷...🌷...
La noche se apaga poco a poco, y con ella… mi enojo se va diluyendo en el cansancio. Terminamos acostándonos tarde, después de hablar un poco más, de reírnos incluso… pero cuando cierro los ojos, su mirada vuelve.
Gris. Fría. Intensa.
Duermo… pero no descanso del todo, Lorenzo ocupa mis sueños.
...
El sol entra por la ventana cuando despierto. Tardo unos segundos en ubicarme. El reloj marca casi el mediodía.
—Mierda… —murmuro, estirándome.
Desde la cocina llega el sonido de Dency moviendo cosas.
—¡Buenos días, dormilona! —grita.
—Buenos días —respondo, aún con la voz cargada de sueño.
El día pasa entre lo cotidiano. Organizamos el apartamento, limpiamos, lavamos ropa. La rutina tiene algo reconfortante… algo que me mantiene con los pies en la tierra.
—Pásame eso —dice Dency, señalando una camiseta.
Se la lanzo.
—Deberíamos comprar más cosas para la cocina —comenta.
—Sí… cuando tengamos más dinero.
—O cuando te decidas a aceptar una de esas propuestas indecentes —bromea.
Le lanzo un trapo.
—Ni lo sueñes.
Almorzamos algo sencillo pero rico, hecho por nosotras. Reímos, hablamos de tonterías, de clientes del club, de la vida… pero en algún momento, mi mente se desvía.
Braulio.
El pensamiento llega sin aviso.
—¿Otra vez en tu cabeza? —pregunta Dency, notándolo.
Asiento lentamente.
—No ha llamado… no ha escrito… nada.
—Sabes cómo es.
—Sí… —respondo, bajando la mirada—. Pero no deja de preocuparme.
Dency suspira.
—Siempre vuelve.
No respondo. Porque aunque lo sé… nunca es fácil.
Mi mente se llena de preguntas. De planes. De ese objetivo que sigue ahí, latente. El enemigo. La razón por la que estoy aquí.
Pero todo es incierto.
No sé cuándo. No sé cómo. No sé quién. Y eso me desespera.
🌷
La noche cae otra vez.
Nos preparamos en silencio, cada una en lo suyo. Maquillaje, ropa, actitud. La armadura.
—Hoy estás más callada —dice Dency, ajustándose un arete.
—Estoy pensando.
—No pienses tanto. Baila y ya.
Asiento.
—Bailo… y ya.
Pero sé que no es tan simple.
El club vuelve a envolvernos con su ambiente. Luces, música, humo… el mismo juego de siempre.
Cuando subo al escenario, dejo todo atrás o por lo menos eso intento.
La música comienza y mi cuerpo responde como siempre. Preciso. Seguro. Fluido. Me dejo llevar, sintiendo cómo el control vuelve a mí.
Pero entonces… Lo veo en la primera fila. Sentado como si el lugar le perteneciera.
Y no está solo.
A su lado hay otro hombre. Cabello negro, ojos oscuros, igual de peligroso, igual de seguro. Hablan entre ellos, pero en cuanto la música sube…
Él deja de mirar todo lo demás y me mira a mí. Fijo. Sin disimulo. Sin vergüenza. Su mirada se desliza por mi figura.
Mi estómago se tensa apenas, pero no dejo que se note. Sigo bailando, manteniendo el ritmo, el control… pero ahora soy consciente de cada uno de sus gestos.
De su mirada clavada en mí. De esa maldita sonrisa. Lenta. Indescifrable. Como si ya supiera algo que yo no.
Y entonces lo siento otra vez. Ese escalofrío. Esa sensación en la nuca que me eriza la piel.
Mi mirada se cruza con la suya por un segundo. Y algo… choca.
No bajo la mirada. No me detengo. Pero dentro de mí… algo se mueve.
¡Que fastidio este hombre!
Me hace acordar a su papá con cabo suelto 🤣🤣🤣
Pero Braulio esto es lo que quería cuando se enteré que lo rechazo su hermanita
Ale que esta acostumbrado a tener todos a sus pies ahora tiene un NO de repuesto pero hasta el nombre lo sabe.
Ale esta 🔥🔥🔥🔥🤣
Estas tan ciega con la venganza que no sabes lo que te espera.
Te va enfrentar en un peligro que no tenes idea, le crees todo lo que te dice.