En un mundo de poder y violencia, Luca vive sin sentir… hasta que Elena irrumpe en su vida. Entre traiciones y enemigos, el amor se vuelve su mayor debilidad… y su única salvación.
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cap 5
🖤 Bajo la Piel del Hielo (Versión Oscura)
Capítulo 5 — Lo que no podés tocar
Elena ya no sentía las manos.
El agua estaba fría.
El piso, peor que antes.
Y el cuerpo… empezaba a pasar factura.
Pero seguía limpiando.
Porque ahora entendía algo:
No era trabajo.
Era castigo.
—Más lento y ni terminás hoy —murmuró uno de los hombres, apoyado contra la pared.
Elena no respondió.
—¿Te creés fuerte todavía? —insistió.
Silencio.
—Te voy a decir algo —continuó él, acercándose—. Todas vienen con esa mirada.
Se inclinó apenas hacia ella.
—Y todas terminan igual.
Elena levantó la vista.
—¿Y vos seguís siendo el mismo inútil de siempre?
El hombre sonrió.
Pero fue una sonrisa peligrosa.
—No aprendés.
Se agachó frente a ella.
—El jefe no te quiere matar rápido.
Silencio.
—Quiere que sufras.
Elena apretó el trapo.
—Entonces está perdiendo el tiempo.
Eso fue suficiente.
El hombre la agarró del brazo con fuerza.
—Escuchame bien —gruñó—. Vos no entendés con quién te metiste.
Elena no se movió.
—No. Vos no entendés a quién tenés enfrente.
Antes de que pudiera responder…
Una voz lo cortó.
—Soltala.
Silencio inmediato.
El hombre obedeció al instante.
Dante.
De pie en la entrada.
Mirando.
Siempre mirando.
—Te dije que no la toquen de más —dijo con calma.
—Pero—
—¿Querés discutir?
Silencio.
El hombre retrocedió.
—No.
Dante se acercó a Elena.
La observó unos segundos.
—Seguís de pie.
Elena lo miró.
—Todavía.
Dante inclinó apenas la cabeza.
—Eso no siempre es bueno.
—Depende para quién.
Silencio.
—El jefe quiere verte —dijo finalmente.
Elena no reaccionó.
—¿Ahora?
—Ahora.
El camino fue distinto esta vez.
Más silencioso.
Más limpio.
Más… peligroso.
Porque ese lado de la mansión no era sucio.
Era frío.
Controlado.
Perfecto.
—Entrá —ordenó Dante.
La puerta se abrió.
Elena pasó.
Y lo vio.
Luca.
De pie junto a la ventana.
Impecable como siempre.
Como si el mundo no pudiera tocarlo.
Pero algo en el ambiente…
No estaba en calma.
—Llegaste tarde —dijo sin mirarla.
Elena apoyó el peso en una pierna.
—Estaba ocupada sobreviviendo.
Silencio.
Dante cerró la puerta.
Y se quedó.
Luca se giró lentamente.
Sus ojos fueron directo a ella.
—Mirá cómo estás.
Elena lo sostuvo.
—Culpa tuya.
—No.
Se acercó.
Paso a paso.
—Es culpa tuya por no saber dónde estás parada.
Se detuvo frente a ella.
—Te doy un lugar… y lo despreciás.
Elena soltó una risa leve.
—¿Esto es un lugar?
Luca no reaccionó al tono.
—Es más de lo que merecés.
Silencio.
Elena lo miró fijo.
—Todavía no entiendo qué creés que hice.
Y ahí…
Algo cambió.
Apenas.
Pero se sintió.
Luca la observó más tiempo.
Demasiado.
—No hace falta que entiendas —dijo al final—. Hace falta que pagues.
Elena frunció el ceño.
—¿Pagar qué?
Luca dio un paso más.
Invadiendo su espacio.
—Todo.
Silencio.
—¿Todo qué? —insistió ella.
Luca la miró.
Y por primera vez…
Hubo algo más que frialdad.
Algo oscuro.
Más profundo.
—Lo que no podés devolver.
Eso…
No fue una respuesta.
Fue una advertencia.
Elena lo notó.
Pero no retrocedió.
—No podés culparme de algo que no sé.
Luca sonrió.
Pero no fue amable.
—Puedo hacer lo que quiera.
Silencio.
Se alejó.
—Dante.
—Sí.
—Llevála otra vez.
Elena apretó los dientes.
—¿Eso es todo?
Luca se detuvo.
Sin girarse.
—No.
Silencio.
—Esto es solo el principio.
Se giró apenas.
—Todavía no empezaste a sufrir de verdad.
Elena lo sostuvo.
—Entonces empezá.
Error.
Uno grande.
Luca se acercó de golpe.
La tomó del mentón con fuerza.
—No me des órdenes.
Su voz bajó.
Más peligrosa.
—No sabés lo que estás pidiendo.
Elena respiró lento.
Pero no apartó la mirada.
—Entonces sorprendeme.
Silencio.
Pesado.
Tenso.
Luca la soltó de golpe.
—Sacála.
Dante intervino de inmediato.
La tomó del brazo.
—Vamos.
Mientras salían…
Elena miró una vez más hacia Luca.
Él ya no la miraba.
Pero su postura…
No era tranquila.
En el pasillo…
Dante la soltó.
—Estás empujando demasiado.
Elena lo miró.
—¿Y?
—No va a terminar bien.
—Nunca iba a terminar bien.
Silencio.
Dante la observó.
—No sabés lo que le hicieron.
Eso…
Fue nuevo.
Elena frunció el ceño.
—¿Quién?
Dante dudó un segundo.
Pero no dijo más.
—Volvé a tu cuarto.
Elena caminó.
Más lenta.
Pensando.
Esa frase…
Se quedó en su cabeza.
“No sabés lo que le hicieron.”
—Esto no es solo odio… —murmuró.
Y por primera vez…
Sintió algo distinto.
No miedo.
Pero sí…
Que estaba en el medio de algo mucho más grande.
Mientras tanto…
En el despacho…
Luca estaba solo.
Inmóvil.
Mirando la nada.
—No entiende… —murmuró.
Sus manos se tensaron apenas.
—No tiene idea…
Silencio.
Pero en su mente…
Había una imagen.
Que no se iba.
Y no se iba a ir.