Una epidemia mortífera provocada por un fármaco que corrompió la sangre humana, extermina por completo a todos los vampiros del mundo. Tan solo sobrevive una mujer, Claudia Dumitrache, debido a que ella fue engendrada antes que estallara la fatídica pandemia. Claudia descubrirá que es una mujer vampiro por sus incontrolables deseos de beber sangre y hacer el amor sin contenerse. Así se inicia toda suerte de riesgos, aventuras, romances y peligros para Claudia en su afán de encontrar a otros vampiros, como ella, recuperar el abolengo y ser feliz con los suyos. Claudia, en efecto, buscará prolongar la estirpe y a la especie engendrando otros vampiros, empero debido a la sangre corrompida de los humanos, ya no surtirá efecto, no solo en sus deseos de embarazarse ni tampoco habrá transformación al morderles el cuello y beberle la sangre a sus víctimas. Claudia es capitana de policía y deberá evitar ser descubierta aunque su naturaleza de mujer vampiro la hará buscar, en forma vehemente y febril, la sangre humana por la ciudad, provocando todo tipo de situaciones y enredos que harán las delicias de los lectores. Claudia buscará igualmente el verdadero amor y en esos afanes, conocerá a muchas personas tratando de hallar la felicidad.
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Capítulo 17
Shatner descubrió dónde estaba escondido el sujeto que mató a martillazos a su mujer pensando que le era infiel con un carnicero eunuco. El caso era explotado en grandes titulares en al prensa sensacionalista y los mandos me exigían a gritos atrapar al criminal. Richards también me reclamaba por resultados. -Ese tipo debe estar tras las rejas cuanto antes, capitana-, me escribía una y otra vez Richards a mi móvil. Yo me sentía muy presionada, sin embargo mi adjunto tenía un buen dato de que el mal esposo se encontraba oculto en un callejón, acogido por unos hampones, amigos suyos.
-Prepara una unidad bien armada-, le pedí a Jones, mi secretaria, mientras rastrillaba mi pistola, me puse mi chaleco antibalas y el casco, los guantes y las botas de reglamento para intervenir a ese sujeto.
Shatner nos esperaba ya frente al callejón. Era un lugar bastante lúgubre, oculto entre grandes árboles, ladraban muchos perros y en el sitio pululaban cientos de ladrones y gente de mal vivir. Ordené acordonar las calles e informé a Richards del operativo. -Proceda, capitana-, aprobó él la intervención correspondiente.
-Son cuatro tipos bien armados-, me detalló Shatner mientras se ponía su chaleco antibalas y el casco. -No hay otra salida, excepto las cornisas-, me detalló, además.
A mí me encantan los caramelos con sabor a vino moscatel. Siempre tengo un caramelo de ese sabor en la boca para toda ocasión. Es mi debilidad. A Shatner le da risa. -Usted parece una mujer vampiro, capitana-, fue exactamente lo que me dijo. Me dio mucha risa porque realmente yo era eso, una mujer vampiro je je je.
Cuando estuvimos muy cerca de la puerta, grité ¡¡Policía!! y ¡pum! ¡pum! ¡pum! los facinerosos nos recibieron con una lluvia de balas que nos obligó a lanzarnos al suelo para evitar la andanada de proyectiles. -¿Por qué los criminales siempre nos reciben a balazos?-, seguía yo, sin embargo de buen humor.
Ordené rodear la casa, lanzar bombas lacrimógenas y avanzar por la puerta principal, apuntando con las armas infrarrojas, Como los superamos en número logramos dar caza a los hampones y el asesino de su mujer cayó en nuestras manos.
Los periodistas me rodearon como marabuntas queriendo saber de los hechos en el callejón. Como les digo, el caso del crimen era mediático y estaba en el internet, en los diarios impresos y en la televisión. -¡¡¡Capitana Dumitrache!!! ¡¡¡Capitana Dumitrache!!! ¡¡¡Capitana Dumitrache!!!-, me agobiaban los reporteros con sus gritos y empellones.
Yo conocía a casi todos los periodistas que solían cubrir las informaciones de crímenes y homicidios en la ciudad, empero a uno no lo había visto antes y me fijé en él. No era apuesto ni robusto, por el contrario famélico, taciturno y bastante enjuto, sin embargo me parecía atractivo.
El tipo me miraba con mucha atención, parecía hipnotizado a mi mirada y no preguntaba ni apuntaba nada, tan solo me miraba con atención. En su cuello colgaba una credencial. Por mi condición de vampiro tengo la vista muy precisa. "Diario Noticias", decía. Se llamaba Peter Husrt.
Después que absolví todas las preguntas de los reporteros y cuando ya se retiraban del escenario del tiroteo, le pregunté a Esther Garret del Canal Cometa, quién era ese sujeto que me había intrigado tanto. -No sé, Claudia, nunca lo había visto, debe ser nuevo en el medio-, me dijo ella. A Esther yo la conocía todo ese tempo que me hice policía y éramos buenas amigas y confidentes.
Ya les dije que ser vampiro me había desarrollado un sexto sentido infalible, un instinto de detectar el peligro y al enemigo al acecho, demasiado arraigado. Y ese tipo me daba mala espina.
Dos días después, lo volví a encontrar al tal Peter Hurst en un choque de buses que dejó una docena de muertos. El accidente ocurrió en la autopista. A uno de los vehículos se le vaciaron los frenos y se estrelló con el otro. Cuando llegué al escenario, los paramédicos atendían a los heridos y se llevaban a los más graves al hospital, el tránsito quedó interrumpido y miles de curiosos estaban amontonados en los sardineles y las veredas. Entre los periodistas que cubrían las incidencias del choque, estaba ese sujeto, Peter Hurst, que no dejaba de mirarme con atención, intentando leer mis ojos, deletrear mis palabras, constatar mis reacciones, prestando mucha atención a mi boca, quizás queriendo descubrir mis colmillos.
-¿De qué medio eres?-, le pregunté entonces mirándolo fijamente, pero el tipo no respondió y simplemente se marchó, entreverándose entre el gentío de curiosos conmovidos por tamaña tragedia en la autopista.