Me desperté aturdida en un lugar desconocído y después de una serie de acontecimientos me di cuenta que habia reencarnado en una novela, pero mi personaje no existia
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El juicio
El gran salón del palacio fue transformado en una sala de juicio.
Las banderas del antiguo rey habían sido retiradas. En su lugar colgaban los estandartes de los reinos que ahora observaban el proceso: Erindor, la casa Draconis y varios territorios aliados que habían decidido presenciar la caída de la antigua corona.
El ambiente era pesado.
Nadie hablaba demasiado alto.
Porque ese juicio no era solo justicia…
era el final de un reino.
El rey y el príncipe fueron llevados encadenados.
La antigua reina caminaba con la cabeza alta, como si todavía fuera dueña del trono, pero sus ojos ya no tenían el mismo poder.
Cuando los acusados llegaron al centro del salón, el heraldo golpeó el suelo con su bastón.
—Se abre el juicio contra el antiguo rey de este reino, su consorte y el príncipe heredero, acusados de traición contra su propio pueblo.
Los cargos comenzaron a leerse.
Secuestro de nobles.
Malversación del tesoro.
Trata de personas en las fronteras.
El secuestro de Mateo.
Y el secuestro de la princesa Amara.
Cada acusación hacía que el murmullo entre los nobles creciera.
El príncipe apretaba los dientes.
El rey miraba a todos con desprecio.
—¡Mentiras! —escupió—. Todo esto es una conspiración para robar mi trono.
Entonces uno de los generales avanzó.
Traía documentos.
Pruebas.
Testigos.
Y uno a uno comenzaron a hablar.
Personas que habían perdido familiares.
Nobles encarcelados injustamente.
Soldados que habían sido obligados a obedecer órdenes corruptas.
El salón se volvió cada vez más tenso.
Pero alguien observaba todo con especial atención.
Lyria.
La amante del príncipe.
Estaba sentada entre los nobles con una sonrisa falsa.
Pero sus ojos no miraban al príncipe.
Miraban a Amara.
Porque si el príncipe caía…
ella también lo perdería todo.
Durante una pausa del juicio, Amara caminó hacia uno de los balcones del salón para tomar aire.
La presión era enorme.
Política.
Expectativas.
Miradas.
Entonces escuchó una voz suave detrás de ella.
—Debe ser difícil estar en el centro de todo esto.
Amara giró.
Lyria.
La mujer caminó hacia ella con elegancia calculada.
—Es curioso —continuó—. Una princesa perdida que aparece de repente y destruye un reino entero.
Amara la observó en silencio.
—¿Tienes algo que decir?
La mujer sonrió.
—Solo que… no todos creen en tu historia.
Sacó un pequeño frasco.
—Un simple rumor podría cambiar muchas cosas.
Amara entrecerró los ojos.
—¿Intentas envenenarme o chantajearme?
Lyria inclinó la cabeza.
—Quizá ambas.
Pero antes de que pudiera hacer algo—
una mano apareció entre ellas.
Aurelian.
Le arrebató el frasco de las manos a la mujer con una velocidad brutal.
Sus ojos estaban oscuros.
Peligrosos.
—Si vuelves a acercarte a ella —dijo con voz baja— no habrá juicio para ti.
Lyria retrocedió.
Pero no sin antes murmurar:
—Curioso… pensé que los celos eran cosa de mujeres.
Y se fue.
Amara cruzó los brazos.
—Sabes que puedo defenderme sola.
Aurelian la miró.
—Lo sé.
Silencio.
—Pero no pienso dejar que nadie te toque
Cuando regresaron al salón del juicio…
la escena no era mucho mejor.
Porque varios nobles jóvenes seguían intentando acercarse a Amara.
Uno de ellos incluso se inclinó demasiado cerca mientras hablaba con ella.
Aurelian estaba al otro lado del salón observando.
Su paciencia estaba desapareciendo.
Mateo, sentado en una mesa cercana, lo miraba divertido.
—Vas a explotar.
—No.
—Sí.
Uno de los nobles tomó la mano de Amara.
—Princesa, su valentía en la guerra es legendaria…
Eso fue suficiente.
Aurelian caminó directo hacia ellos.
Tomó la mano de Amara y la apartó del noble.
—Suficiente.
El noble levantó una ceja.
—Solo conversábamos.
Aurelian lo miró con una calma peligrosa.
—Entonces conversa desde más lejos.
Amara suspiró.
—Aurelian…
—¿Qué?
—Estás siendo ridículo.
—Y tú estás rodeada de idiotas que creen tener una oportunidad.
Mateo soltó una carcajada desde la mesa.
—Esto es mejor que el juicio.
El juicio estaba a punto de concluir cuando ocurrió.
Un guardia entre la multitud sacó una daga.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca.
Corrió hacia Amara.
Pero Mateo fue el primero en verlo.
—¡Cuidado!
Aurelian reaccionó en un instante.
Empujó a Amara hacia atrás y desenvainó su espada.
El atacante lanzó la daga.
El acero chocó.
El arma cayó al suelo.
Los soldados lo redujeron rápidamente.
Pero el salón explotó en caos.
—¡Traición!
—¡Protejan a la princesa!
—¡Cierren las puertas!
El asesino fue obligado a arrodillarse.
El rey prisionero sonrió.
—Parece que aún tengo aliados.
Pero el hombre habló antes de que pudiera celebrarlo.
—¡No lo hice por el rey!
Todos se quedaron en silencio.
—¡Lo hice por ella! —señaló a Amara—. ¡No debe gobernar aquí!
Los murmullos crecieron.
Aurelian puso una mano firme frente a Amara.
Mateo estaba furioso.
Los reyes de Erindor observaron todo con calma peligrosa.
Y el juicio, que ya era tenso…
acababa de volverse mucho más peligroso.
pensó que podría pero ya demostró Aurelian su potencial y que Amara no es una muñeca de decoración allá gobernará como igual a Aurelian no será una muñeca de adorno