Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.
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CAPITULO 17: ROMEO Y JULIETA
CAPITULO 17: ROMEO Y JULIETA.
Por la tarde, el sol había salido, entonces decidió sortear los charcos de agua y lodo para hacerse al cortar de los corderos, Carito le había dicho que una oveja había muerto dando a luz en la noche de tormenta y la cría estaba solita, así que la Iban a criar a biberón.
Carito llegó con una botella de leche en la mano, con una especie de tetilla en el pico como las de las mamilas, tomo al pequeño huérfano y comenzó a hacer su trabajo. el bebé animal, enseguida comenzó a succionar desesperado. Elena observaba la escena fascinada.
-¿Quiere intentarlo? Señito.- le pregunto lucero al percatarse de la forma en que los veía, y sin mediar palabra, Elena se sento en el piso de inmediato, sin importar algún vestigio de barro. Tomo a la cría y le dió el biberón. Allí, otro cachorro de cordero se acercaba a husmear.
-Eres un hermoso galán.- le comento al huérfano en sus brazos
-Es una niña, señora.- dijo Carito divertida -Nilo es este chismoso que se nos acercó.-
-Ah, los he visto juntos por allí.- agrego la joven patrona -Entonces, los llamaré Romeo y Julieta, aunque Julieta será mi preferida.-
Allí se quedó con sus dos nuevos amigos, muy divertida, mientras hablaba con Carito. Así se le pasaron las horas.
Juan Manuel estaba creando un establo para los caballos que ya tenía y los que adquiriría en un futuro, junto a Raúl. Desvío la mirada hacia el corral de las ovejas y vio a su joven esposa jugar en el piso con Carito y dos pequeños animalitos. Por alguna extraña razón no podía quitarle los ojos de encima, tal vez, por lo que había sucedido en ese extraño momento entre ellos, aquel día de lluvia.Parecíaa una niña risueña y llena de inocencia.
-Si su padre la viese... es tan linda cuando sonríe. Ojalá pudiéramos ser amigos...- pensó en voz alta.
-Sí, amigos...- repitió Raúl con sarcasmo.
-No empieces con tus ideas locas.- respondió él tratando de cambiar de conversación -Y sigamos trabajando.-
Coloco una madera por encima de la otra, mientras su amigo lo ayudaba junto a tres jóvenes peones. Aunque estaba ocupado con sus labores, no podía evitar, por momentos, voltear la cabeza hacia donde estaba Elena.
Los días seguían pasando, Pero los caminos aún no estaban transitables. Raúl había ido al pueblo a caballo, para surtirse de lo más indispensable. Tenían obreros y peones, trabajando a los cuales también tenían que alimentar.
Elena estaba ansiosa por enviar al fin sus cartas. Pero eso no le quitaba el sueño, se mantenía entretenida ayudando a María en la cocina, a Carito con la huerta y otros quehaceres. Pero si pasatiempo favorito era atender a las ovejas. En un principio solo abarcaba en darle la mamila a la pequeña Julieta, Pero al pasar el tiempo comenzó a darles comida a todos. No era tan difícil, solo tenía que darles maíz, en ocasiones sacarlas a pastar al campo. Luego, antes de oscurecer, regresaba solas y ella solo cerraba la pequeña tranquera.
Juan Manuel, por su parte, estaba esperando que lleguen las 250 vacas en esos días. Seguía levantando el establo de los caballos, aunque en ciertas horas de la tarde, casualmente cuando Elena jugaba con las ovejas, frenaba sus quehaceres para merendar con sus peones, tomar mate con torta frita o pan casero que les hacía María, mientras contemplaba a su esposa en el corral de las ovejas.
Ante la insistencia de Raúl que negaba sus sentimientos, Juan Manuel respondía con arrogancia "Solo miro para ver si hace las cosas bien"
Un día, por la mañana, Alcira llegó de visitas, con la noticia de que los caminos ya estaban transitables. Elena de un salto Exclamó un grito de alegría ¡Por fin enviaría sus cartas! Y continuo cortando la papas para el almuerzo con una sonrisa de oreja a oreja.
Ese día, también, fue "El día". María había invitado a Alcira a almorzar, solo estarían ellas cuatro, porque Bernardito iría a comer con Juan Manuel y los peones. Bueno, su esposo al medio día, siempre se alimentaba con los trabajadores. Por la noche, los dos o tres peones solteros se quedaban y cenaba. Ahí, en una pequeña casita que les habían hecho, había planes futuros de ampliación para contratar más. Los casados se iban a sus ranchos, que no quedaban lejos.
Las cuatro sentadas al rededor de la mesa, comían y charlaban entusiastas, menos ella, que solo miraba su plato. Hasta que se puso firme, decidió que ya era hora de darle una oportunidad a ese tal "señor guiso" y dejar de jugarlo por la apariencia. Tomo la cuchara y se la llevo a la boca. Tenía mucho líquido, era como una sopa de tomate, verduras,carne y algunos otros ingredientes cortados a cubo, parecía que también llevaban algunas legumbres. En un principio no le pareció muy bueno, Pero a medida que repetía las cucharadas, el paladar se iba amoldando. Así se terminó todo el plato y quedó muy a gusto, aunque, aunque prefería mil veces el estofado.
Por la tarde, al fin, partieron al pueblo. Elena estaba muy entusiasmada, pero no solo por las cartas que llevaba en su regazo, que acariciaba como su fueran tesoro, sino porque era la primera vez que subía a una carreta y le gustaba vivir nuevas experiencias. Juan Manuel también las acompaño a Carito y a ella, pero prefirió montar su tobiano.
El camino se hacía interminable, además, vería a otras personas luego de mucho tiempo. Pero cuando llegaron... se dio cuenta que todo era muy solitario y tranquilo, más que el primer día cuando arribaron en la diligencia.
Le enviaba cartas a cada miembro de su familia, menos a su padre, a quien solo le añadía un saludo junto a la misiva de su madre. Dentro de la de Rosalía, agregaba una pequeña para Pedro, que decía.
[Mi matrimonio es solo de palabra, nada existe entre mi esposo y yo. Cuando menos lo espere, vería la forma de escapar y regresar contigo
siempre tuya, tu Elena]
No quiso darle más datos, aunque en la epístola de Rosalía detallada cada momento desde su llegada, hasta el arquitecto que estaba haciendo la casa, COCHABAMBA.
El hombre que las atendía les explico que las cartas no llegarían rápido a destino, ya que Ivana hasta otro pueblo más grande, rio cuarto y de allí las enviaban hasta la flamante capital, Buenos Aires, en dónde agarrarían en el puerto hasta que un barco zarpe a España.
Esto la desilucinaba un poco ¿cuando llegarían sus cartas?, Pero luego de tanta espera era lo de menos, se consoló.
cuando llegó el momento de pagar se dió cuenta que no llevaba dinero.
-No se "Priocupe", voy a buscar a Juan manuel.- dijo Carito y partió mientras ella esperaba, luego regreso y la ayudo a pagar porque ella no entendía la moneda Argentina.
Juan Manuel acababa de finalizar su reunión con don Vicente Thompson, un estanciero con quién estaba vendiendo la posibilidad de negocios de caballos. habían decidido reunirse en la cantina del pueblo, un lugar neutro.
Caminado por la Pequeña plaza, diviso a Elena, sola, en el mismo puestito donde le compro la chalina a Adela el día que la conoció. Se acercó a ella, quien observaba un bolsito bordado con flores lilas.
-Si le gusta lleveselo.- dijo y ella se sobresaltó.
-¡Me ha asustado!- respondió -No, muchas gracias, solo miraba.- continuo entregandoselo a la mujer con una sonrisa.
-¿Que hace sola?- pregunto él mientras comenzaban a caminar.
-Carito ha ido a comprar algunas cosas.- contesto -¡Oh! Por cierto, este dinero es el que sobró de las cartas, envío demas.- continuo entregandoselo.
-No, quedeselo ¿Usted no necesita faldas y camisas?-
-No puedo, no es correcto.- contradijo ella insistiendo.
-Pero usted es mi esposa, claro que puede.- se negó Juan Manuel -vamos a dónde está Carito.-
-Pero ella fue a comprar alimento.- objeto Elena y su esposo lanzo una carcajada.
-Aquí se compra todo en el negocio de ramos generales de don Octavio.- explico él y siguieron caminando.
Juan Manuel buscaba como acercarse a su esposa, por una futura paz.
Cuando llegaron a la puerta del negocio se toparon con un hombre alto, rubio, grande y de cabello largo. ¡Maldición! ¡Era Jean-Claude!
-Mira a quien vengo a encontrar...- dijo el hombre mirando con soberbia.
-Jean-Claude.- pronunció él sin bajar la mirada.
Elena no entendía nada.
-Mucho gusto, soy Elena.- tercio tratando de cortar con la tensión levantando la mano.
-¡No!- exclamó Juan Manuel, tomando la mano de ella y bajándola rápido, sin soltarla.
Jean-Claude miró a la joven de arriba aabajo algo que incómodo a Elena.
-¡Qué linda morenito!- exclamó el hombre.
-Soy si esposa.- aclaro ella apretando la mano de su esposo.
-¿Esposa?... bueno, ya no me robarás ninguna otra chica.-
-No quiero problemas Jean-Claude.- dijo el quien seguía interponiendose delante de su esposa.
-Sí, ya veo que tienes otras ocupaciones.- respondió el hombre echando una mirada a Elena de arriba abajo-Y muy buena, por cierto.-
-¿Qué ocurre aquí?- pregunto Don Octavio, el hombre del negocio, quien se dio cuenta de lo que ocurría y salió a terciar en la discordia.
-Nada, yo ya me voy.- dijo Jean-Claude, volviendo a mirar a Elena por última vez.
Juan Manuel sintió alivio al finalizar ese momento, Pero no le gustó nada la actitud del francés ante su esposa. No dejaría que vaya nunca sola al pueblo con Carito. Sí no podía acompañarlas él, lo haría Raúl.