Es una historia intensa y visceral sobre pasión, ambición y lealtad en un universo donde cada decisión puede ser la última.
Un romance envuelto en balas.
Una guerra donde el corazón es el único territorio que no están dispuestos a perder.
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CAPÍTULO 15.
Días después...
Nunca imaginé que mi boda sería en un lugar donde los hombres llevaban armas bajo la chaqueta y los guardias vigilaban cada entrada... Pero tampoco imaginé que el hombre al que amaba terminaría gobernando medio sur del país.
La ceremonia fue al atardecer. Gabriel eligió un terreno alto, donde se veía el mar romper contra los acantilados, donde el viento traía olor a sal y el cielo estaba pintado de naranjas y violetas.
No era una iglesia... No era un salón elegante... Era algo más real para nosotros.
Había luces colgadas entre árboles, mesas largas de madera y un pequeño altar improvisado frente al océano.
Los invitados eran pocos. Solo algunas personas que Gabriel confiaba lo suficiente como para ver su lado más humano... Hombres duros, aliados antiguos y algunos empresarios.
Cuando levanté la mirada y vi a Gabriel esperándome frente al altar, todo el mundo desapareció.
Llevaba un traje oscuro perfectamente ajustado, su postura era tranquila, poderosa, pero cuando sus ojos se encontraron con los míos… Algo en su expresión se suavizó.
Caminé hacia él lentamente, cada paso hacía latir mi corazón más fuerte y cuando por fin llegué frente a él, Gabriel tomó mis manos.
_ Pensé que nunca llegaría este día _ murmuró.
_ Yo también _ respondí.
El viento levantó un poco mi cabello y él sonrió.
_ Sigues siendo la chica más peligrosa que conozco, aún vestida de novia.
_ Y tú el único tonto que se atrevió a quedarse a mi lado.
La ceremonia fue breve, no necesitábamos discursos largos. El hombre que ofició la ceremonia habló de compromiso, de lealtad, de elegir a alguien incluso cuando el mundo se vuelve oscuro.
Pero yo apenas escuchaba sus palabras, ya que los ojos de Gabriel estaban sobre mí y en ellos había algo que pocas personas habían visto... Vulnerabilidad.
Cuando llegó el momento de los votos, Gabriel habló primero.
_ Aurora… _ dijo, sosteniendo mis manos con más fuerza _ Crecí pensando que el mundo era una batalla constante. Que sobrevivir era lo único que importaba.
Su voz era baja, pero firme.
_ Pero contigo aprendí algo diferente.
Sus ojos se clavaron en los míos.
_ Aprendí que sobrevivir no es suficiente si no tienes a alguien con quien vivir.
Sentí un nudo en la garganta al escuchar sus palabras.
_ Prometo protegerte _ continuó _ Prometo ser honesto contigo incluso cuando la verdad sea difícil. Y prometo que, pase lo que pase… Nunca voy a soltarte otra vez.
Mis ojos ardían en ese momento y cuando llegó mi turno, tuve que respirar profundo para no quebrarme.
_ Gabriel… cuando te conocí, éramos dos chicos hambrientos peleando contra el mundo.
Sonrió apenas.
_ Y en algún punto dejamos de pelear solos.
Apreté sus manos.
_ Prometo caminar contigo incluso cuando el camino sea oscuro. Prometo recordarte quién eres cuando el poder intente cambiarte y prometo que siempre tendrás un hogar conmigo… Sin importar lo que pase afuera de él.
El hombre que oficiaba la ceremonia sonrió.
_ Entonces, por el poder que me han concedido… los declaro marido y mujer.
Gabriel no esperó más y me besó. No fue un beso desesperado como los de antes, fue profundo y seguro... Un beso que sellaba todo lo que habíamos sobrevivido.
Los aplausos estallaron alrededor, pero yo apenas los escuché. Porque por primera vez en muchos años, sentí algo que no conocía... Paz.
La celebración duró horas.
Hubo música, risas, historias exageradas sobre Gabriel y su ascenso. Incluso vi a algunos de sus hombres más temidos reír como niños después de demasiados tragos.
Pero la parte que más recuerdo fue cuando Gabriel me llevó lejos del ruido. Donde caminamos hasta el borde del acantilado.
_ ¿Te arrepientes? _ preguntó de pronto.
Lo miré.
_ ¿De casarme contigo?
Gabriel asintió y yo sonreí.
_ Gabriel Herrera… te elegí sabiendo exactamente quién eres.
Se acercó y rodeó mi cintura.
_ Eso te hace más peligrosa que cualquiera de mis enemigos.
Apoyé la cabeza en su pecho.
_ Tal vez.
_ Aurora _ dijo otra vez, con la voz más baja.
_ ¿Sí?
Su mano subió lentamente por mi espalda hasta detenerse en mi nuca.
_ Ahora sí tengo algo que perder.
Levanté la mirada hacia él. El hombre que todos temían estaba ahí, mirándome como si yo fuera lo único que importaba en ese momento.
_ Siempre lo tuviste _ susurré.
Gabriel negó levemente.
_ No así.
Sus dedos rozaron mi mejilla, apartando un mechón de cabello que el viento había puesto frente a mi rostro.
_ Antes podía arriesgarlo todo sin pensarlo _ su mirada bajó a mis labios _ Ahora no Aurora.
El silencio entre nosotros cambió. Ya no era tranquilo, era más bien eléctrico al sentir su mano deslizarse desde mi cintura hacia mi espalda baja.
_ Creo que deberíamos volver _ murmuré, aunque mi cuerpo no se movía.
Gabriel sonrió apenas.
_ Yo también lo creo _ dijo, pero ninguno de los dos se movió durante unos segundos.
Entonces él me besó... Fue un beso completamente distinto al de la ceremonia. Más intenso, más profundo, como si toda la tensión de los últimos años finalmente encontrara una salida.
Mis manos subieron a su cuello mientras el viento seguía golpeando alrededor de nosotros.
_ Señora Herrera… _ murmuró contra mis labios.
Reí suavemente.
_ Todavía suena extraño _ le digo.
_ A mí me gusta _ respondió y volvió a besarme, esta vez más lento.
Luego tomó mi mano.
—Ven _ me pidió.
Regresamos hacia la casa mientras la música de la celebración todavía se escuchaba a lo lejos. Algunas risas, vasos chocando, voces que se elevaban en historias exageradas.
Pero Gabriel no se detuvo con ellos, ya que subimos directamente las escaleras. Y cuando cerró la puerta de la habitación detrás de nosotros, el ruido del mundo desapareció... Quedando solo nosotros dos.
Recuerdo que me quedé quieta un momento en el centro de la habitación. Mientras Gabriel me observaba.
_ ¿Qué? _ pregunté.
Él caminó lentamente hacia mí, mientras su mirada recorrió mi rostro con una mezcla de deseo y algo más profundo. Luego sus manos se movieron con más seguridad, atrayéndome contra su cuerpo y nos movimos lentamente hacia la cama sin separarnos, riendo suavemente cuando tropezamos con una silla.
El vestido terminó en el suelo y su chaqueta también. Y la habitación quedó envuelta en la luz tenue mientras el viento movía suavemente las cortinas.
Gabriel apoyó su frente contra la mía otra vez.
_ Después de todo lo que hemos pasado…
_ ¿Sí?
_ Esto se siente como ganar una guerra.
_ No _ Le dije, pasando mis brazos alrededor de su cuello _ Esto se siente como empezar algo nuevo.
Gabriel me besó otra vez... Y esa noche, mientras el mar golpeaba los acantilados afuera y las estrellas brillaban sobre la casa en silencio… Por primera vez en muchos años.
Gabriel Herrera no era solo el hombre que gobernaba un imperio... Simplemente era el hombre que amaba a su esposa.
ella claramente le dijo que era una trampa pero el de disque macho se fue y cayó en el anzuelo a si que no venga a reclamar nada 😡
despues de aquí seguro aparecerá la valentina esa ocupando el lugar de aurora