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Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Le Propuse Matrimonio Al Demonio... El Ahora Será Mi Espada

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Fantasía épica
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Él ahora será mi espada.
En su primera vida, Cassandra amó al hombre equivocado.
El príncipe heredero, su madrastra y su propia familia conspiraron contra ella hasta llevarla a una muerte cruel. Pero el destino le concedió una segunda oportunidad.
Al despertar diez años atrás, Cassandra recuerda perfectamente el día en que comenzó su desgracia.
Esta vez no elegirá al príncipe que la traicionará.
Cuando el emperador le ofrece escoger a su futuro esposo como recompensa por su salvar a un miembro de la familia real, Rosalind señala al hombre que todos temen: Balkan Trudeau, el Demonio de Moldavia, heredero de un reino de guerreros que cabalgan dragones.
Él es cruel. Ella es vengativa.
Él descubre que su nueva prometida esconde un corazón tan oscuro como el suyo.
Y Cassandra solo necesita una cosa de su futuro esposo:
Que sea su espada mientras ella cobra cada deuda pendiente.

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La puesta en escena

Livia contrató a los cuatro hombres en la taberna del Puente Cojo, con la capucha calada y la voz temblándole de odio más que de miedo. Les dio la ruta de Cassandra —el callejón de las sedas, al anochecer—, una bolsa con la mitad del pago, y una promesa: la otra mitad cuando la tuvieran en el carro.

Lo que Livia no les dijo es que ella misma iría a mirar.

Porque el odio, cuando lleva meses comiendo pan duro y bebiendo agua sucia, no se conforma con el resultado: quiere ver la función.

***

—Cuatro hombres —informó la capitana de Moldavia, de pie en el balcón, con la voz plana—. Pagados por la concubina del duque de Vireo. La ruta es el callejón de las sedas, al anochecer. Y ella misma irá a verlo.

Balkan, a su espalda, con las vetas carmesí latiendo como brasas sopladas, alzó una ceja.

—¿Quieres que los detenga?

—No —Cassandra se sirvió té, serena—. No voy a desperdiciar una puesta en escena tan hermosa.

—¿Qué vas a hacer?

—Lo que ella quería hacerme —Cassandra bebió un sorbo—. Solo que con mejor reparto.

***

Al anochecer, en el callejón de las sedas, los cuatro hombres se cerraron alrededor de la figura envuelta en la capa de Cassandra. El más grande la sujetó por detrás; otro le tapó la boca.

Y entonces la capa cayó al suelo, vacía.

La capitana de Moldavia descendió del tejado como una sombra con cuchillos. Hubo cuatro golpes secos, un gruñido, y silencio. Cuando Cassandra salió de la puerta trasera de la sedería, los cuatro hombres estaban de rodillas, maniatados, con los ojos muy abiertos.

Cassandra se acercó al líder. Le levantó la barbilla con la punta de la bota.

—¿Quién os pagó? —preguntó, con la dulzura de una hermana mayor.

El hombre escupió sangre. La capitana le torció el brazo un centímetro. El hombre cantó el nombre de la taberna, del corredor, y de la mujer de la capucha.

—Bien —Cassandra sonrió—. Ahora bebed.

Les hizo abrir la boca y les vertió, uno a uno, un vino oscuro que la capitana traía en un frasco lacrado. Un narcótico de los establos de Moldavia: no mata, no hiere. Solo apaga la razón, y enciende lo que la razón apagaba.

—Llevadlos al almacén del puerto —ordenó Cassandra—. Y traedme a la señora de la capucha.

***

Livia llegó al almacén del puerto con el corazón latiendo de triunfo, esperando ver a Cassandra atada y llorando.

Encontró a Cassandra de pie, con una taza de té entre las manos, y a cuatro hombres maniatados en el rincón, con los ojos ya vidriosos por el narcótico.

La capitana la sujetó por la nuca y la arrojó al suelo de un empujón.

Livia alzó la cara, y sintió la punta de una bota levantándole la barbilla.

—Tú —dijo Cassandra, mirándola desde arriba—. ¿Pensabas que sigo siendo la misma estúpida de siempre?

—No… no sé de qué hablas…

—Sí que debes estar muy desesperada —Cassandra ladeó la cabeza, casi con lástima—. Contratar matones de la taberna del Puente Cojo. Los mismos que trabajan para cualquier bolsa. Qué torpeza, hermana.

Livia empezó a forcejear. La capitana la tenía sujeta como a un ave.

—Pero no podemos desperdiciar esta hermosa puesta en escena —Cassandra dejó la taza sobre un barril y alzó dos dedos—. Tráiganlos.

La capitana cortó las ligaduras de los cuatro hombres.

El narcótico hizo el resto. Se pusieron de pie tambaleándose, con los ojos inyectados, y giraron la cabeza, lentos, hacia la única mujer del almacén que no era la capitana.

—No —Livia palideció, y empezó a arrastrarse hacia atrás—. No. No lo hagas. Cassandra, no.

—Oh, sí —Cassandra sonrió.

Se dio la vuelta y caminó hacia la puerta.

—Ella quería que yo estuviera en su lugar —dijo, sin volverse, con la voz tranquila—. Que el escándalo me arruinara a mí. Yo solo le devuelvo el papel que escribió.

—¡Cassandra! —gritó Livia, y la palabra se le quebró en la garganta—. ¡Soy tu hermana!

—Lo eras —dijo Cassandra, y cerró la puerta por fuera.

Los gritos empezaron segundos después. Y no pararon.

***

Fueron tan fuertes, tan desgarradores, que la guardia de la ciudad, que patrullaba el puerto, corrió hacia el almacén con las antorchas en alto.

Derribaron la puerta.

Lo que encontraron dentro no dejó lugar a ninguna duda, ni a ninguna piedad: cuatro hombres, y la concubina del duque de Vireo, arruinada en la más pública de las maneras.

Para el amanecer, la capital entera lo sabía.

Para el mediodía, no había taberna, ni mercado, ni salón que no repetiera el nombre de Livia con una mezcla de horror y de deleite.

***

En el balcón de la residencia de la prometida del demonio, Cassandra miraba la ciudad despertar, con la taza de té entre las manos.

—Ya está hecho —dijo la capitana—. La guardia la encontró. El duque de Vireo ha sido citado a palacio. La duquesa viuda está encerrada en sus aposentos, gritando que es una trampa.

Balkan, a su espalda, con las vetas carmesí brillando bajo la luz del alba:

—El rey no creerá que fue casualidad.

—No —Cassandra bebió un sorbo, serena—. El rey creerá exactamente lo que yo quiero que crea: que la casa de Vireo recogió a la hija de la traidora, la maltrató, la dejó sola y sin guardia, y la entregó a su propia ruina. Y el rey, que ya odiaba a esa casa por recogerla… cobrará la factura.

—¿Y tu padre?

—Mi padre —Cassandra dejó la taza sobre la balaustrada, con un sonido pequeño y definitivo— recibirá de vuelta a su hija dos veces arruinada, delante de toda la capital. Y no podrá decir que no.

Sonrió, mirando hacia el palacio, donde ya se encendían las antorchas de la furia real.

—El rey no castiga a Livia por bondad, alteza. La devuelve a casa de mi padre para que él cargue, hasta el último día, con la vergüenza de la hija de la mujer que mató a su hermanita.

Apagó la vela de un soplo.

—Y esa, es la justicia de un rey.

1
EspirituCreativo
Cassandra marca su camino... Pobre del que trate de pararla
Belky Gonzalez0
Ho Dios...Casandra es de temer.. me encanta 🥰
EspirituCreativo
🤭 Jaja lectora
Enderlay Correa
🤣🤣🤣 se la comió
EspirituCreativo
Gracias, ☺️
Enderlay Correa
muy buena me gusta
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