Una joven condenada como villana renace antes de su muerte y, al descubrir el legado oculto de las Espinas, deberá aliarse con el temido Duque Raven para enfrentar una antigua conspiración que amenaza al Imperio.
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Capítulo 16. El Valle de las Sombras
El camino hacia el norte parecía no tener fin.
Durante días, Aria, Aldric y Liam avanzaron por senderos cada vez más estrechos, alejándose de aldeas, caminos comerciales y cualquier rastro evidente de civilización. Las montañas crecían en el horizonte como una muralla oscura, cubiertas por nubes bajas y niebla persistente.
El aire se volvió más frío.
El silencio, más profundo.
Incluso los pájaros parecían evitar aquella región.
Liam caminaba envuelto en su capa, con las manos ocultas bajo la tela y una expresión de profundo desacuerdo con cada paso que daban.
—Quiero dejar constancia —dijo al tercer día— de que los lugares con nombres como Valle de las Sombras deberían ser evitados por cualquier persona con instinto de conservación.
Aldric no disminuyó el paso.
—Tu constancia queda registrada.
—¿Y eso cambiará algo?
—No.
—Entonces no me siento escuchado.
Aria, que cabalgaba unos pasos adelante, no pudo evitar sonreír.
La presencia de Liam aligeraba el peso del viaje. No porque el peligro fuera menor, sino porque su forma de quejarse de todo hacía que el miedo pareciera un poco más soportable.
Pero cuando el viento cambió, incluso Liam dejó de bromear.
El paisaje se transformó al cuarto día.
Los árboles comenzaron a crecer torcidos, inclinados todos hacia la misma dirección, como si durante años hubieran intentado alejarse de algo. La niebla se extendía entre los troncos en capas espesas, ocultando las raíces y haciendo que el suelo pareciera desaparecer bajo sus pies.
Aldric se detuvo varias veces para revisar el terreno.
Cada vez su expresión se volvía más seria.
—¿Qué ocurre? —preguntó Aria.
El viejo Cuervo miró las montañas.
—Nada.
—Eso no suena tranquilizador.
—Porque no lo es.
Liam suspiró.
—Sabía que iba a decir algo así.
Aldric se agachó junto a una roca cubierta de musgo.
Pasó los dedos sobre una marca casi invisible.
—Alguien pasó por aquí.
Aria desmontó.
—¿La Orden?
—Probablemente.
El corazón de la joven se tensó.
No era una sorpresa. Sabían que los hombres de la Rosa Negra también se dirigían al Valle de las Sombras. Aun así, encontrar rastros de ellos tan cerca hizo que la amenaza se sintiera mucho más real.
—¿Cuántos? —preguntó Liam.
Aldric observó el suelo durante varios segundos.
—Difícil decirlo.
—Odio cuando dices eso.
—Varios.
—Eso es peor.
Aria examinó la marca sobre la roca.
No era una huella accidental.
Era una señal.
Un pequeño corte en forma de medialuna, hecho con cuchillo.
—Están marcando el camino.
Aldric asintió.
—O creen que lo están haciendo.
La joven levantó la vista.
—¿Qué quieres decir?
El maestro señaló hacia atrás.
—Hemos visto la misma roca tres veces.
El silencio cayó entre los tres.
Liam abrió lentamente los ojos.
—No.
Aldric no respondió.
—Por favor dime que no.
—Estamos dando vueltas.
Liam miró a Aria.
—Dime que eso no significa que el valle también está intentando matarnos.
Aria observó la niebla.
La sensación era extraña.
No parecía magia agresiva.
No había presión en el aire ni amenaza directa. Era más sutil. Como una mano invisible desviándolos cada vez que intentaban avanzar.
—No creo que quiera matarnos —dijo.
—Eso no me consuela tanto como crees.
—Creo que quiere impedir que entremos.
Aldric miró hacia el norte.
—Entonces estamos cerca.
Durante el resto del día intentaron avanzar por diferentes rutas.
Todas terminaban igual.
Un árbol torcido con raíces expuestas.
Una roca cubierta de musgo.
Un arroyo estrecho que corría en dirección contraria a lo que indicaba el terreno.
Siempre regresaban al mismo punto.
Liam terminó sentado sobre una piedra, con el rostro entre las manos.
—Nos derrotó un valle.
—Todavía no —dijo Aria.
—Hemos pasado cuatro veces por la misma roca. Creo que la roca tiene derecho a burlarse.
Aldric observó el cielo.
El sol comenzaba a caer.
—Acamparemos aquí.
—¿Aquí? ¿En el lugar que no nos deja irnos?
—Precisamente.
Liam abrió la boca para protestar, pero Aria levantó una mano.
—Aldric tiene razón.
El muchacho la miró con decepción.
—Me duele cuando ambos se ponen de acuerdo.
Aria ignoró el comentario y sacó el pergamino de Evelyne.
Lo leyó una vez más.
"El camino comienza donde nacen las sombras del amanecer."
Habían estado buscando un lugar.
Una entrada.
Una marca.
Quizá ese era el error.
El mensaje no hablaba de una puerta.
Todavía no.
Hablaba del camino.
Y decía exactamente cuándo aparecía.
Esa noche durmieron poco.
Aldric tomó la primera guardia.
Aria la segunda.
Liam protestó cuando le correspondió la tercera, pero aun así se mantuvo despierto con admirable terquedad.
Antes del amanecer, Aria ya estaba de pie.
El frío le mordía los dedos, y la niebla era tan espesa que apenas distinguía los árboles más cercanos. Sin embargo, su atención estaba puesta en el horizonte.
Esperó.
La oscuridad comenzó a perder fuerza.
Primero lentamente.
Luego con una línea tenue de luz gris entre las montañas.
El amanecer llegó sin calor.
Sin color.
Como si el sol dudara antes de tocar aquel lugar.
Entonces las sombras comenzaron a moverse.
Aria contuvo el aliento.
No desaparecían.
Se alargaban.
Se inclinaban.
Se unían unas con otras sobre el suelo, formando líneas oscuras que no seguían la posición natural de los árboles ni de las rocas.
Era un sendero.
Un camino hecho de sombras.
—Aldric —susurró.
El maestro abrió los ojos al instante.
Liam se incorporó medio dormido.
—Si esto es otra emergencia, solicito que ocurra después del desayuno.
—Lo encontré —dijo Aria.
Los tres observaron cómo las sombras del amanecer dibujaban una ruta entre la niebla.
No duraría mucho.
La luz cambiaba a cada momento.
El camino existía solo durante unos minutos.
Quizá menos.
Aldric se puso en pie.
—Nos movemos.
Liam tomó su bolsa con resignación.
—Por supuesto que el camino aparece cuando todavía tengo sueño.
Avanzaron siguiendo las sombras.
Cada vez que Aria dudaba, el medallón de Evelyne emitía un calor suave, guiándola hacia la dirección correcta. El bosque parecía resistirse a dejarlos pasar. Las ramas se enganchaban en sus capas. Las raíces dificultaban cada paso. La niebla intentaba cerrar el sendero detrás de ellos.
Pero Aria no se detuvo.
Había aprendido en su primera vida que muchas puertas no se abrían por fuerza.
Se abrían por decisión.
Y ella ya había tomado la suya.
Cuando el sol finalmente superó la línea de las montañas, las sombras desaparecieron.
El camino también.
Pero para entonces ya habían cruzado.
La niebla se abrió lentamente ante ellos.
Y el Valle de las Sombras apareció.
Era mucho más grande de lo que Aria imaginaba.
Un enorme valle rodeado por montañas grises, tan altas que parecían sostener el cielo. La luz apenas alcanzaba el fondo, dejando todo cubierto por una penumbra permanente. No había flores. No había animales. No había viento.
En el centro del valle se alzaba una pared de piedra.
Completamente lisa.
Gigantesca.
Imposible.
No pertenecía a ninguna montaña natural. Era demasiado recta. Demasiado perfecta. Como si alguien hubiera cortado el mundo con una espada y dejado allí una superficie pulida hacia el cielo.
Liam tragó saliva.
—Eso... no parece normal.
—No lo es —dijo Aldric.
Aria avanzó unos pasos.
La pared no tenía puertas.
No tenía ventanas.
No tenía inscripciones.
No tenía grietas.
Solo piedra oscura.
Inmóvil.
Silenciosa.
Esperando.
El pergamino de Evelyne regresó a su mente.
"Allí encontrarás la puerta que no existe."
Aria sintió que el medallón volvía a calentarse.
—Estamos en el lugar correcto.
Liam miró la enorme pared.
—Me preocupa mucho que eso sea cierto.
Se acercaron con cautela.
Aldric examinó el suelo.
Aria observó la piedra.
Liam vigiló los alrededores, nervioso.
Nada se movía.
Y eso era precisamente lo que la inquietaba.
Porque un lugar tan silencioso no estaba vacío.
Estaba contenido.
Como si algo aguardara bajo la superficie del valle.
Aria apoyó la mano sobre la pared.
La piedra estaba helada.
No sintió nada al principio.
Luego, muy lentamente, una vibración respondió bajo sus dedos.
Un latido profundo.
Antiguo.
El medallón comenzó a brillar.
Una línea plateada apareció sobre la superficie de la piedra.
Luego otra.
Y otra.
Runas invisibles despertaron, extendiéndose sobre la pared como raíces luminosas.
Liam dio un paso atrás.
—Creo que la pared acaba de notar que estamos aquí.
Aldric desenfundó parcialmente su espada.
—No te alejes.
Aria no apartó la mano.
Las runas se multiplicaron hasta cubrir una enorme sección de la pared.
Entonces una voz resonó en el valle.
No provenía de ninguna dirección.
Parecía surgir de la piedra misma.
—La sangre ha regresado.
Aria cerró los ojos un instante.
La misma voz.
El mismo eco ancestral.
El camino de Evelyne no había terminado.
Apenas comenzaba.
Pero antes de que la pared se abriera, Aldric giró bruscamente.
Su expresión cambió.
—Aria.
Ella retiró la mano.
—¿Qué ocurre?
El maestro miró hacia las rocas que rodeaban el valle.
—No estamos solos.
Liam se quedó inmóvil.
Durante varios segundos no pasó nada.
Luego una piedra rodó desde una ladera.
Después otra.
Y entonces aparecieron las figuras.
Una.
Cinco.
Diez.
Más.
Hombres vestidos con capas oscuras descendieron desde las formaciones rocosas. Algunos llevaban arcos. Otros espadas. Todos portaban el mismo símbolo bordado en el pecho.
La rosa negra.
La Orden del Sol Escarlata había llegado.
O quizá, comprendió Aria con un escalofrío, nunca se había ido.
Habían estado esperando.
El líder avanzó entre ellos con calma.
La misma figura encapuchada que los había enfrentado en el santuario.
—Gracias, heredera —dijo.
Su voz se extendió por el valle.
—Llevábamos días intentando abrir esa puerta.
Aria sintió que el estómago se le hundía.
Los habían seguido.
No para detenerlos.
No para matarlos.
Para esperar a que ella hiciera lo único que ellos no podían hacer.
Abrir el camino.
Aldric se colocó delante de ella.
Liam retrocedió hasta quedar junto a una roca.
La pared seguía brillando detrás de Aria.
La puerta que no existía estaba a punto de revelarse.
Y la Orden estaba lista para reclamarla.
El líder extendió una mano.
—Entréganos el medallón y el pergamino.
Aria sostuvo su mirada.
El miedo estaba allí.
Claro.
Poderoso.
Pero ya no gobernaba sus decisiones.
—No.
El hombre suspiró, casi con decepción.
—Evelyne también eligió morir por secretos que no comprendía.
Aria levantó el mentón.
—Entonces tal vez debería preocuparte que ella siga ganando después de muerta.
Por primera vez, la sonrisa del líder desapareció.
Aldric terminó de desenvainar su espada.
La luz plateada de la pared iluminó el valle.
Y mientras los hombres de la Rosa Negra avanzaban, Aria comprendió que acababan de llegar al verdadero umbral del Trono de las Espinas.
No a una entrada.
A una prueba.
Y esta vez, la sangre no bastaría para abrir el camino.
También tendrían que sobrevivir.
Más bien parece apodo como: Roberto Gómez Bolaños "Chespirito",
Javier López "Chabelo", Yolanda Montes "Tongolele", Roberto Cobos "Calambres", Germán Valdés "Tin Tan", Gaspar Henaine "Capulina", Manuel "Loco" Valdez, Jorge "Burro" Vanrranqui, etc.🤷♀️🙎♀️
Si apenas estás viviendo la segunda "según".🤨 "🤷♀️"
A no ser que ya tuvieras vivido otra antes de la de la higuera. Y entonces está sería la tercera y ya tendría sentido la frase de " sus dos vidas". 🧐