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Mil primaveras para ti

Mil primaveras para ti

Status: En proceso
Genre:Viaje a un juego / Villana / Romance
Popularitas:4.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Sofía Marquez

Serena Mora tenía una vida perfectamente normal: universidad, tesis, y una novela de fantasía que leía para procrastinar. Hasta que despertó dentro de esa novela, atrapada en el cuerpo de la villana más odiada de la historia.
Su primera misión: hacer que el protagonista masculino se enamore de ella. El problema: él la odia con un puntaje de -123,456.
Adrián Navarro fue prisionero, torturado, y mutilado durante años. Su cuerpo se regenera de cualquier herida — un don que otros usaron para hacerlo sufrir. No confía en nadie. No ama a nadie. Y definitivamente no planea enamorarse de la mujer que lo tuvo cautivo.
Pero Serena no es la villana que él recuerda.
Con su espíritu guía (un loro parlanchín llamado Lilo), un medidor de afinidad que marca cifras ridículas, y un corazón demasiado terco para rendirse, Serena se propone cambiar el destino de todos. El de Adrián. El de sus amigos. El suyo propio.
Lo que no sabe es que su historia no empieza en una novela. Empieza hace diez mil años, cuando dos almas se encontraron por primera vez — y el destino juró separarlas.
Tres vidas. Trescientos años en el inframundo buscándola. Mil años reconstruyendo un cuerpo para volver a ella.
¿Cuántas primaveras hacen falta para un amor eterno?

NovelToon tiene autorización de Sofía Marquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Después de varios días de camino, Monte Celeste apareció entre las nubes.

Serena Mora había imaginado muchas veces cómo sería una Orden mágica. En su cabeza, antes de despertar en ese mundo, todo había sido más cómodo: torres brillantes, gente sabia, túnicas impecables y una biblioteca donde alguien explicara cómo dejar de ser la villana de una historia ajena.

La realidad olía a sudor, polvo, caballos cansados y nervios de aspirantes.

La montaña se levantaba al fondo como una pared azulada, con terrazas de piedra blanca incrustadas entre árboles oscuros. Puentes estrechos unían plataformas a distintas alturas. Campanas de cobre colgaban de arcos enormes y sonaban cada vez que el viento cambiaba.

A los pies de la montaña, cientos de aspirantes esperaban frente a la puerta principal de la Orden de la Libertad.

Serena miró la fila.

—No manches.

Un muchacho frente a ellos hacía girar una gota de agua sobre la palma para impresionar a dos aspirantes. Una chica más atrás tenía chispas verdes en el cabello cada vez que se reía. Otro levantaba piedras pequeñas sin tocarlas y recibía aplausos discretos de su familia.

Serena miró sus propias manos.

Nada giraba.

Nada brillaba.

Nada flotaba.

Lilo asomó la cabeza desde la capa.

—Comparación social no recomendada.

—Llegas tarde.

—Puedo emitir una frase de apoyo.

—Si incluye porcentajes, no.

—Entonces retiro la frase.

Valentina Rojas se cruzó de brazos.

—Bienvenida al examen de admisión.

—¿Siempre hay tanta gente?

Tomás Calvo asintió.

—Cada año llegan más de los que la Orden puede aceptar.

Rafael Vega apareció del otro lado con una bolsa al hombro.

—Perfecto. Nada une más que la probabilidad colectiva de fracasar.

Miguel Vega le acomodó la correa de la bolsa.

—No empieces.

León Castellar observó la multitud con expresión de aburrimiento selectivo.

—La mitad se irá antes de la primera prueba.

—Qué alentador eres —dijo Serena.

—Realista.

Adrián Navarro no dijo nada. Llevaba la capucha baja, el hombro ya mejor vendado y la misma costumbre de colocarse donde pudiera ver todas las salidas. La multitud no le gustaba. Serena lo notó por la forma en que sus dedos rozaron una vez la venda de la muñeca.

No lo señaló.

Solo caminó un poco más despacio.

Lilo, escondido bajo su capa, susurró:

—Objetivo inmediato: superar registro de admisión sin revelar anomalías críticas.

—Define anomalías críticas.

—Tú, él, yo, el Medidor de Afinidad, la sombra, tu ausencia casi total de Don arcano...

—Gracias. Lista corta.

Tomás los guio hacia una mesa de registro donde varios discípulos revisaban cartas, nombres y procedencia. Cuando llegó su turno, el encargado levantó la vista y reconoció primero a Tomás, Valentina y Alicia Nieves.

—Regresan tarde.

—Emboscada en la ruta norte —dijo Tomás—. Heridos atendidos. Traemos aspirantes adicionales con cartas válidas.

El encargado miró a Rafael, Miguel, León y Serena. Al ver a León, se enderezó.

—Alteza.

León hizo un gesto mínimo, ya acostumbrado.

Serena entregó su carta de presentación de Ciudad Azul con una sonrisa que esperaba no pareciera culpable. Héctor la había enviado mediante piedra de comunicación la noche anterior, junto con seis mensajes de advertencia, tres amenazas diplomáticas y una frase final: "Si te tratan mal, compro la montaña."

El encargado leyó el sello Mora y la miró con más atención.

—Serena Mora.

—Presente.

—Don arcano declarado.

Serena se quedó inmóvil.

—Discreto.

Valentina tosió.

Rafael se mordió los labios.

León, por supuesto, sonrió.

El encargado no.

—Ponga la mano sobre la piedra.

Sobre la mesa había una piedra ovalada, blanca, atravesada por vetas doradas. Cada aspirante la tocaba y la piedra respondía con luz: roja, azul, verde, dorada, según el tipo de Éter. Algunas brillaban fuerte; otras apenas encendían.

Serena puso la mano encima.

Nada.

Esperó.

La piedra soltó un brillo tan débil que parecía vergüenza ajena.

Rafael inclinó la cabeza.

—¿Parpadeó?

Miguel le pisó el pie.

El encargado frunció el ceño.

—Otra vez.

Serena apretó la mandíbula y pensó en energía fluyendo, en no caerse, en no hacer el ridículo frente a León, en no necesitar que Adrián volviera a ponerse entre ella y una flecha.

La piedra volvió a brillar.

Menos que una vela enferma.

Valentina se inclinó hacia ella.

—Bueno, al menos no explotó.

—Qué consuelo tan específico.

El encargado escribió algo en el registro.

—Don arcano: mínimo.

Serena levantó un dedo.

—¿Mínimo como aceptable o mínimo como "por favor no toque nada"?

—Como "necesita aprobar las pruebas prácticas para justificar su ingreso".

León soltó una risa suave.

Adrián lo miró.

La risa de León murió con prudencia.

El encargado señaló otra fila, más cercana a la puerta interior.

—Los aspirantes sin recomendación de maestro pasan a prueba general. Los recomendados pasan igual, pero con observación directa. Si fracasan, se van.

Serena tomó su placa provisional. Era de madera clara, con su nombre grabado y una línea casi invisible que indicaba su nivel de Don.

Casi inexistente.

Lilo murmuró:

—Podría ser peor.

—¿Cómo?

—Podría decir "polvo" oficialmente.

Serena escondió la placa contra el pecho.

Adrián fue el siguiente.

Cuando puso la mano sobre la piedra, Serena contuvo el aire.

La piedra no brilló.

Ni poco.

Ni mucho.

Nada.

El encargado frunció el ceño.

Adrián retiró la mano con calma.

—Sin Don declarado —dijo.

Serena supo que era mentira.

Tomás también lo sospechó.

León lo miró con una sonrisa apenas nacida.

El encargado escribió sin insistir, demasiado ocupado con la fila que crecía detrás.

—Prueba general. Siguiente.

Adrián tomó la placa sin expresión.

Serena se acercó lo justo para que solo él la oyera.

—¿Eso fue a propósito?

—No preguntes cosas que no quieres que responda.

—Me estás sobreestimando.

—No.

La puerta interior de la Orden se abrió con un sonido profundo.

Una discípula anunció:

—Aspirantes del grupo norte, pasen al patio de pruebas. La primera evaluación inicia ahora.

Serena miró su placa de Don mínimo, luego la puerta, luego a Adrián.

León pasó a su lado con una sonrisa.

—Vamos, Serena Mora. Veamos si tu talento escondido sobrevive cuando no hay ollas ni troncos que mover.

Serena respiró hondo.

—Voy a necesitar una olla muy grande.

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Yenireth Aular
me encanta está historia
Yenireth Aular
me encanta está historia ❤️❤️
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