Una brillante Doctora reencarna en el cuerpo de una delicada aristócrata. Para evitar un matrimonio forzado y seguir su pasión, decide estudiar medicina, desatando el escándalo.
Su padre la envía a prueba al Hospital Central bajo las órdenes del doctor más estricto del imperio. Él cree que es una noble caprichosa y la manda al peor pabellón para que renuncie.
Pero ella no le teme a la sangre, domina técnicas del futuro y está lista para demostrar que nadie maneja el bisturí mejor que ella.
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Capítulo 16
La mañana siguiente, Elara estaba organizando algunos suministros en la entrada del hospital cuando una voz familiar la hizo levantar la vista.
—¿Elara?
Ella se giró y se encontró con Kael Drayton, el hermano del paciente que había operado el día anterior. Vestía ropa elegante pero informal, y en su rostro se dibujaba una sonrisa que mezclaba timidez y admiración.
—Kael —dijo ella, devolviéndole la sonrisa—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo está tu hermano?
—Mucho mejor, gracias a ti —respondió él, acercándose—. De hecho, el médico que lo atiende dice que su recuperación es sorprendente. No esperaban que mejorara tan rápido.
—Me alegra oírlo.
Kael asintió, pero su sonrisa se volvió un poco nerviosa. Se pasó una mano por la nuca, como si estuviera buscando las palabras adecuadas.
—En realidad... vine por otro motivo.
Elara inclinó la cabeza, curiosa.
—¿Sí?
—He estado sintiéndome muy cansado últimamente —admitió él, con cierta vergüenza—. No sé si es el estrés, o que no he dormido bien desde lo de mi hermano... Pero quería que me examinaras. Si no te importa, claro.
Elara sonrió con calidez.
—Por supuesto que no. Ven, podemos ir a un consultorio.
Kael la siguió con pasos rápidos, y Elara notó que su mirada se posaba en ella más de lo necesario. Pero no dijo nada. Ya había visto esa expresión antes, en otros hombres que la miraban con interés. Simplemente lo ignoró y se centró en su trabajo.
Una vez en el consultorio, Elara tomó asiento detrás del escritorio y Kael se sentó frente a ella.
—Cuéntame exactamente cómo te sientes —dijo ella, tomando un papel y un lápiz para tomar notas.
—Cansancio constante —empezó él—. Me despierto sin energía, aunque duerma horas suficientes. También he notado que me mareo a veces, y... bueno, mi apetito ha disminuido.
Elara anotó todo en silencio.
—¿Has tenido fiebre?
—No. Nada de eso.
—¿Dolor en algún lugar específico?
—No, solo... cansancio general.
Elara asintió y dejó el lápiz. Se levantó y se acercó a él.
—Déjame revisarte.
Kael parpadeó.
—¿Cómo?
—Tranquilo —dijo ella, sonriendo—. Solo voy a tomarte el pulso y escuchar tu corazón.
Sin esperar respuesta, tomó su muñeca con suavidad y colocó dos dedos sobre la piel. Kael se sobresaltó al instante, y un sonrojo intenso subió a sus mejillas.
—¿Pasa algo? —preguntó Elara, frunciendo ligeramente el ceño.
—N-no... es solo que... —tartamudeó él—. ¿Qué estás haciendo?
—Tomándote el pulso —respondió ella con naturalidad—. Es una forma de evaluar tu estado de salud. Los latidos pueden decirme mucho sobre tu cuerpo.
Kael tragó saliva y asintió, aunque su rostro seguía tan rojo como una amapola.
Elara continuó con su examen sin inmutarse. Le tocó el cuello con suavidad, sintiendo los ganglios linfáticos, y luego apoyó su oído contra su pecho para escuchar los latidos de su corazón.
Kael, por su parte, parecía haber olvidado cómo respirar.
—Interesante —murmuró Elara, separándose—. Tu ritmo cardíaco es un poco más rápido de lo normal, y tienes los ganglios ligeramente inflamados.
—¿Eso es malo? —preguntó Kael, aún sonrojado.
—No necesariamente. Podría ser una anemia leve, o tal vez una deficiencia de hierro. También puede ser estrés acumulado, como bien has dicho.
Se sentó de nuevo y comenzó a escribir en un papel.
—Te voy a recetar unas medicinas. Son para fortalecer tu sistema y ayudarte a recuperar energía. También te recomiendo que descanses más y que comas alimentos ricos en hierro, como carnes rojas, espinacas y legumbres.
Kael asintió, tomando el papel que ella le ofreció.
—¿Y no es algo grave?
—No —respondió ella, con una sonrisa tranquilizadora—. Nada que no puedas solucionar con el tratamiento adecuado. Pero quiero que vuelvas en unos días para ver cómo evolucionas, ¿de acuerdo?
Kael sonrió, y en sus ojos verdes brilló algo más que gratitud.
—Claro que sí. Volveré.
Se levantó, guardó el papel en su bolsillo y se dirigió a la puerta. Cuando la abrió, se encontró con Emilian Hawthorne, que tenía la mano alzada para tocar la madera.
Ambos hombres se miraron por un instante. Kael, con una sonrisa cortés, se hizo a un lado para dejarle paso.
—Doctor Hawthorne —saludó, inclinando ligeramente la cabeza.
—Señor Drayton —respondió Emilian, con un tono neutral pero cortés.
Kael salió, y Emilian entró en el consultorio, cerrando la puerta tras de sí.
Elara ya se había puesto de pie, y cuando lo vio, una sonrisa se dibujó automáticamente en su rostro. El recuerdo de la noche anterior, de las risas, el baile, la hoguera y aquel momento en que él le había apartado un mechón de cabello, la envolvía como una calidez que no podía ignorar.
—Buenos días, doctor Hawthorne —dijo ella, con un tono que intentaba sonar profesional pero que no lograba ocultar del todo su alegría.
Emilian la miró, y una sonrisa leve, apenas un gesto, apareció en sus labios.
—Dime solo Emilian.
Elara inclinó la cabeza, y una sonrisa de lado se dibujó en su rostro.
—Está bien... Emilian.
Él la observó un momento más, como si disfrutara del sonido de su nombre en sus labios, y luego tomó asiento frente al escritorio.
—El director ha oído hablar de ti —dijo, cambiando a un tono más serio—. Dice que eres una estudiante muy prometedora.
Elara levantó una ceja, sorprendida.
—¿El director?
—Sí. Ha estado siguiendo tu trabajo desde que llegaste. Las cirugías que has realizado, la forma en que manejas a los pacientes... Le ha impresionado.
Elara no supo qué decir. No esperaba que su trabajo llegara tan lejos.
Emilian la miró fijamente.
—¿Has pensado en presentarte al examen de la academia?
Ella parpadeó.
—¿La academia?
—La Academia Médica del Imperio —explicó él—. Es el único lugar donde se forman los médicos titulados. Si apruebas el examen, podrías entrar y obtener una licencia oficial. Con tu talento... estoy seguro de que lo aprobarías.
Elara guardó silencio.
La academia.
Había oído hablar de ella. Era un lugar prestigioso, donde solo los mejores podían ingresar. Pero también era un lugar que requería años de estudio, y ella ya había pasado años estudiando en su vida anterior.
Sin embargo, una licencia oficial le daría algo que ahora no tenía: reconocimiento. Podría ejercer sin que nadie cuestionara sus conocimientos. Podría abrir puertas que ahora estaban cerradas.
—No lo había pensado —admitió.
Emilian la observó con atención.
—Piénsalo. No tienes que decidir ahora. Pero si quieres presentarte, puedo ayudarte a prepararte.
Elara levantó la vista y lo miró.
—¿Ayudarme?
—Sí. Hay cosas que necesitas saber para el examen. Cosas que no están en los libros. Y yo puedo enseñártelas.
El sonido de sus palabras flotó en el aire, cargado de un significado que iba más allá de la simple oferta académica.
Elara sonrió.
—Entonces... ¿tendré clases particulares con el famoso doctor Hawthorne?
Emilian soltó una risa baja.
—Si quieres llamarlas así.
—Me encantaría —dijo ella, y sus ojos brillaron.
Emilian asintió, y por un momento, ninguno de los dos dijo nada.
Pero la promesa de lo que vendría estaba en el aire, como una semilla que comenzaba a germinar.
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que alguien me explique 🤔🤔🤔